La historia de «El Pangolín» comienza con una circunstancia inusual: la propensión de Iran Perform Espirito Santo, un artista visual de São Paulo, a contactar a Enrique Juncosa, un poeta mallorquín, en pleno confinamiento derivado del COVID-19. Este encuentro, fortuito y providencial, da lugar a la creación de una obra que explora la sensación de aislamiento y la búsqueda de refugio, tanto físico como mental, en medio de la suspensión de la vida cotidiana. La idea central, impulsada por Espirito Santo, es crear una obra que no se limitara a describir la experiencia del confinamiento, sino que la utilizara como punto de partida para una indagación más profunda sobre la condición humana.
Juncosa, quien había estado experimentando con poemas en prosa inspirados en recuerdos personales y viajes, encontró en la propuesta una oportunidad para profundizar en la exploración de estados de ánimo y sensaciones asociadas a la suspensión de la vida normal. A partir de este punto, Juncosa produjo cuarenta poemas que capturan la esencia de la “quarentena”, no como una situación de crisis sanitaria, sino como un espacio de introspección, de ralentización del ritmo, de distanciación del mundo exterior. Los poemas, con un estilo lírico y evocador, describen la sensación de encierro, la familiaridad de los espacios domésticos, la memoria como refugio, la ansiedad por el futuro, y la búsqueda de belleza en lo cotidiano. Se hace referencia al pangolín, un mamífero cubierto de escamas, como un símbolo de protección y vulnerabilidad, reflejo de la situación.
Simultáneamente, Espirito Santo, utilizando acuarelas, creó cuarenta imágenes que acompañaban cada poema. No se trataba de representaciones literales, sino de evocaciones visuales que sugerían un viaje interior, un “viaje indoors”. Sus acuarelas, de delicada ejecución y con una estética abstracta y geométrica, transportan al espectador a espacios blancos, donde la luz juega un papel fundamental, creando atmósferas de calma y misterio. La influencia de las miniaturas orientales es notable, con la presencia de motivos geométricos y colores sutiles que contribuyen a crear una atmósfera de quietud y contemplación. Las imágenes son “flotantes”, desprovistas de contexto o referencia explícita, invitando al lector a proyectar sus propios significados y a conectar con sus propias experiencias.
La sinergia entre los cuarenta poemas de Juncosa y las cuarenta acuarelas de Espirito Santo resulta en un libro que trasciende la mera descripción del confinamiento. Se trata de una exploración de la psique humana, de la memoria, del deseo de belleza y de refugio. La obra se construye sobre la idea de que el aislamiento, aunque doloroso, puede ser también una oportunidad para un profundo cambio interior, para una reconsideración de nuestros valores y prioridades. El título, «El Pangolín», no es casualidad. Representa la necesidad de protección, la vulnerabilidad, y la capacidad de adaptación ante las adversidades.
El trabajo de Juncosa se centra en los detalles sensoriales de la vida cotidiana en confinamiento: el aroma del café, la luz que entra por la ventana, el sonido del viento, la textura de la ropa. Los poemas sonríen a la melancolía y a la incertidumbre, pero también a la capacidad de encontrar alegría en los pequeños gestos, en la compañía de los seres queridos, en la conexión con la naturaleza. La obra se distingue por su tono intimista, por su honestidad y por su capacidad de evocar emociones universales. El uso del lenguaje es preciso y evocador, la poesía busca un diálogo directo con el lector, invitándolo a compartir sus propios sentimientos y recuerdos.
Las acuarelas de Espirito Santo son la otra mitad de la ecuación. No buscan representar una escena específica, sino capturar la esencia de los poemas. Son imágenes abstractas, con colores suaves y una composición geométrica que crea atmósferas de calma y misterio. La influencia de las miniaturas orientales es evidente, pero el estilo de Espirito Santo es totalmente propio, con una delicadeza y una sensibilidad que complementan a la perfección los poemas de Juncosa. La paleta de colores es sutil, sin embargo, los detalles son importantes, y los espacios biancos invitan al espectador a proyectar sus propios significados.
Opinión Crítica de El Pangolín: Una Sinergia Poética y Visual
«El Pangolín» es, sin duda, una obra original y conmovedora. Juncosa y Espirito Santo han logrado crear una obra que trasciende la mera descripción del confinamiento, ofreciendo al lector una reflexión profunda sobre la condición humana y la capacidad creativa de la mente. La obra no es fácil de leer, requiere paciencia y una cierta disposición a dejarse llevar por la atmósfera y las sugerencias de los poemas y las imágenes. Sin embargo, la recompensa es considerable.
La fuerza de la obra reside en su capacidad para evocar emociones universales: la soledad, la incertidumbre, el miedo, pero también la esperanza, la ternura, la alegría. La sinergia entre los poemas y las acuarelas es perfecta. Cada imagen parece surgir directamente de los poemas, reforzando sus ideas y sugiriendo nuevas interpretaciones. La obra no intenta ofrecer respuestas fáciles, sino más bien abrir un espacio para la reflexión personal. Se trata de una invitación a la introspección, a la búsqueda de belleza en los espacios más pequeños y a la reconexión con nuestro propio ser.
El libro, en general, puede ser considerado un testimonio de una época en la que el mundo se detuvo. Es una obra que resuena con fuerza en la memoria colectiva, un recordatorio de los desafíos que enfrentamos y de la importancia de mantener la esperanza y la creatividad ante la adversidad. Se recomienda particularmente a aquellos que disfrutan de la poesía contemplativa, de las imágenes abstractas y, en definitiva, de aquellas obras que nos invitan a un viaje interior.


