El libro se basa en el diálogo que cerró el ciclo de debates “Después del fin del mundo” organizado por el Centro de Cultura Contemporánea del Bardo (CCCB) en 2018. Este debate, fundamentalmente, busca profundizar en las ideas expuestas en “Seguir con el inconveniente” (Haraway, 2016), que plantea la necesidad de abandonar las nociones de un “gran narrador” o de una verdad absoluta. En lugar de ello, Haraway propone un enfoque fragmentado, plural y situado, basado en la “convergencia” de perspectivas. En este diálogo, la conversación se centra en construir una ética de la habitabilidad, una ética que no esté basada en la dominación ni en la imposición de valores, sino en la capacidad de crear relaciones de respeto y cuidado con el mundo natural y con otros seres.
El núcleo del debate gira en torno a la construcción de relaciones de parentesco en el “Chthuluceno”, el concepto que Haraway acuña para referirse a la condición humana en el siglo XXI, caracterizada por la inmediatez de la tecnología y la deslocalización de las relaciones. Haraway argumenta que, frente a la desorientación y la alienación producidas por la hiperconexión, necesitamos volver a la idea de parentesco, no como una relación ancestral basada en la genealogía y el linaje, sino como una construcción social y política. Esta «ética del parentesco» propone establecer vínculos de solidaridad, reconociendo la interdependencia de todos los seres vivos y la necesidad de proteger los recursos naturales. Se trata de velar por el “nosotros” que permite la supervivencia y el desarrollo de cualquier especie. La conversación explora cómo las feminismos han contribuido significativamente a este proceso, desafiando los modelos patriarcales y proponiendo una nueva forma de entender la relación entre el género, la naturaleza y el poder.
Además, el diálogo aborda la necesidad de superar los binarios que han estructurado nuestra forma de pensar, como la dicotomía entre lo humano y lo no humano, entre lo masculino y lo femenino, entre lo racional y lo emocional. Haraway aboga por un pensamiento más holístico y sensible a la diversidad, reconociendo el valor de todas las formas de vida y de conocimiento. Se postula la creación de mundos, no como un acto de imposición, sino como un proceso creativo en constante evolución, donde lo importante es la capacidad de experimentar y aprender del mundo. La idea central reside en la importancia de la responsabilidad, no solo como obligación moral, sino como una invitación a actuar de manera consciente y deliberada. Se impulsa a la creación de «redes» de relaciones que permitan la adaptación y la resistencia frente a las amenazas ambientales y sociales.
El diálogo no se limita a presentar conceptos teóricos, sino que los ilustra a través de ejemplos concretos y reflexiones sobre la experiencia humana. Haraway se inspira en la ecología profunda, un movimiento que pone énfasis en la interconexión de todos los seres vivos y en la necesidad de respeto por la naturaleza. Esta perspectiva se traduce en una crítica a la economía neoliberal y al consumismo, que se basan en la explotación de los recursos naturales y en la creación de una cultura de descarte. El libro nos invita a repensar nuestro consumo, nuestra forma de habitar el planeta y nuestras relaciones con los demás seres vivos.
La conversación también explora la importancia de la «convergencia» como estrategia para la acción social. Haraway argumenta que los problemas globales, como el cambio climático, la desigualdad social y la pérdida de biodiversidad, no pueden ser resueltos por ningún actor único, ya sea un estado, una empresa o una organización no gubernamental. En cambio, se requieren lazos de colaboración y convergencia entre diferentes grupos de interés, que estén dispuestos a compartir información, recursos y conocimientos. Esto implica, sobre todo, el reconocimiento de las cosas que no son «humanas» como elementos cruciales para el desarrollo de una sociedad sostenible. La voz de las mujeres y los pueblos indígenas, tradicionalmente marginados de la toma de decisiones, se erigen como pilares fundamentales en esta convergencia. El libro busca, en definitiva, reconstruir los espacios de encuentro, de diálogo y de acción colectiva, donde se puedan generar soluciones conjuntas para los desafíos del presente y del futuro.
El intercambio también se centra en la imaginación como herramienta fundamental para el cambio social. Haraway nos recuerda que las soluciones a los problemas globales no van a surgir de la lógica del mercado ni de la planificación centralizada, sino de la capacidad de imaginar futuros alternativos. Esta capacidad, que a menudo se considera “creativa”, es en realidad una forma de conocer el mundo de manera más profunda y sensible. Se invita a los lectores a desarrollar su propia imaginación, a cuestionar las normas establecidas y a proponer nuevas formas de estar en el mundo. En esencia, la conversación subraya la necesidad de un nuevo tipo de conocimiento, uno que sea crítico, interdisciplinario y que tenga en cuenta la diversidad de perspectivas. Este conocimiento debe estar al servicio de la justicia social y de la sostenibilidad ambiental.
Opinión Crítica de El Mundo Que Necesitamos. Donna Haraway Dialoga Con Marta Segarra:
El libro, a pesar de su complejidad, es sorprendentemente accesible. La conversación entre Haraway y Segarra fluye con naturalidad, y la periodista logra traducir las ideas de la filósofa de manera clara y precisa. El resultado es un diálogo estimulante y provocador que invita al lector a reflexionar sobre su propia manera de estar en el mundo. La obra se presenta como una defensa vigorosa de una ética de la habitabilidad, un imperativo moral para garantizar la supervivencia de la vida en la Tierra. Es una lectura esencial para aquellos que buscan construir un futuro más justo y sostenible.
Sin embargo, el libro no está exento de críticas. Algunos argumentan que el concepto de «convergencia» es demasiado idealista y que no ofrece soluciones concretas para los problemas del mundo real. Además, la perspectiva de Haraway, aunque valiosa, puede parecer desconectada de las realidades políticas y económicas, lo que la convierte en una lectura un tanto abstracta para algunos lectores. No obstante, la fuerza del libro reside precisamente en su capacidad para cuestionar las bases mismas de nuestra forma de pensar, y para abrir un espacio para la experimentación y la innovación. La complejidad que a veces se le atribuye a Haraway, en realidad es una consecuencia de su profunda preocupación por las contradicciones del mundo moderno y de su deseo de encontrar soluciones para estas contradicciones. Es necesario, quizás, leerla con paciencia y con la disposición a cuestionar nuestras propias ideas preconcebidas. El libro no busca proporcionar respuestas fáciles, sino estimular la reflexión y el debate.
Recomendado para aquellos que buscan un libro que desafíe sus suposiciones, que los incite a repensar el lugar de la humanidad en el planeta y que los inspire a construir un futuro más sostenible. Es una lectura clave para comprender los desafíos del siglo XXI y para encontrar nuevas formas de relacionarnos con el mundo.


