La historia se centra en el capitán Evaristo Losada, un psicólogo de la Guardia Civil que se traslada a un pequeño pueblo de Asturias en 1981. Evaristo es un hombre complejo, marcado por un pasado turbulento y atormentado por una profunda sensación de desasosiego. Su llegada se produce en un momento de crisis: una serie de macabros asesinatos a mujeres de diferentes clases sociales, todas con características físicas y familiares similares, están aterrorizando a la región. Cada víctima es encontrada en circunstancias horribles, lo que rápidamente convierte la investigación en un caso de máxima prioridad para la Guardia Civil.
A medida que Evaristo se sumerge en la investigación, comienza a sentirse como si estuviera atrapado en un laberinto. Las pruebas apuntan implacablemente hacia él, pero a su vez, tiene la inquietante certeza de que es el responsable de estos crímenes. La historia no se presenta como una simple investigación policial, sino como un descenso a las profundidades de su propia mente. Los flashbacks, fragmentos de recuerdos confusos y perturbadores, lo confrontan con su pasado, revelando secretos oscuros y conexiones inesperadas. Estos recuerdos, a menudo borrosos y contradictorios, lo llevan a cuestionar su propia cordura.
La atmósfera de la novela está cargada de una tensión constante. Los habitantes del pueblo, inicialmente comprensivos, empiezan a mostrar desconfianza hacia el capitán Losada, alimentada por la coincidencia de sus experiencias con las víctimas y su creciente comportamiento errático. Evaristo se debate entre la necesidad de limpiar su nombre y la posibilidad de que sea el culpable, atrapado en un círculo vicioso de sospechas y autoacusaciones. La novela juega magistralmente con la ambigüedad, dejando al lector constantemente preguntándose si la verdad reside en la mente del protagonista o en las circunstancias externas.
La investigación del asesinato se convierte en un espejo que refleja la propia descomposición de la realidad en el pueblo de Asturias. Los rumores, las mentiras y las especulaciones alimentan la paranoia, creando una atmósfera opresiva donde la confianza es un lujo inalcanzable. La vida cotidiana se ve afectada por el miedo, y la esperanza de encontrar a la persona responsable se desvanece poco a poco. La maestría de Galván radica en la forma en que construye la trama, alternando entre la investigación policial y los monólogos internos del capitán, exponiendo así la fragilidad de su psique.
A medida que se profundiza en la investigación, se descubren vínculos inesperados entre las víctimas y Evaristo. Estos lazos, inicialmente difusos, se vuelven cada vez más evidentes, generando una sensación de inevitabilidad. La novela juega con la idea de que el protagonista puede ser una especie de «eco» de los crímenes, un recipiente para la locura y la violencia. Es un viaje de autodescubrimiento para el lector, a medida que se enfrentamos a los límites de la razón y la posibilidad de que la verdad sea más compleja de lo que imaginamos.
La novela explora también el impacto del pasado en el presente. Los fantasmas de la infancia de Evaristo, momentos traumáticos que él ha intentado enterrar, resurgen para atormentarlo y, en cierto sentido, para influir en sus acciones. La relación entre el pasado y el presente es crucial para entender la motivación del protagonista, que se debate entre la necesidad de justicia y la incapacidad de controlar sus propios impulsos. Es una pregunta central, ¿es la locura la causa o la consecuencia de los crímenes?
Opinión Crítica de 1981: Un Thriller Psicológico de Alta Calidad
«1981» es una obra que destaca por su ambigüedad y por la complejidad de sus personajes. Darío Galván ha creado un thriller psicológico de alta calidad, que no se limita a ofrecer una historia de crímenes, sino que nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la memoria, la culpa y la locura. La novela es un ejemplo de cómo el suspense puede ser utilizado para explorar las profundidades de la psique humana. La construcción de la trama es impecable, con un ritmo que mantiene al lector en vilo desde el principio hasta el final.
La principal fortaleza de la novela reside en la caracterización del protagonista, Evaristo Losada. Es un personaje ambiguo y atormentado, que genera empatía y, al mismo tiempo, desconfianza. Galván ha logrado crear un personaje con una profunda humanidad, que se debate entre la razón y la locura, entre la necesidad de justicia y la incapacidad de controlar sus impulsos. El lector se siente partecipe de su viaje, atrapado en su laberinto de dudas y sospechas. Además, la ambientación en Asturias es un elemento clave de la novela. La descripción de la región, con sus paisajes agrestes y su atmósfera opresiva, contribuye a crear una sensación de inquietud y misterio.
Si bien la novela es un thriller psicológico de gran calidad, es importante señalar que su ambigüedad puede resultar frustrante para algunos lectores. La falta de respuestas definitivas puede generar dudas y preguntas que persistan incluso después de terminar la lectura. Sin embargo, esta ambigüedad es también una de las principales fortalezas de la obra, ya que invita a la reflexión y al debate. Recomendaría «1981» a los amantes del thriller psicológico, así como a los lectores interesados en explorar temas como la memoria, la culpa y la naturaleza de la locura. Una excelente opción para aquellos que buscan un libro que les haga pensar y cuestionarse sobre la naturaleza de la realidad.

