La narración de “Yo, Franco” inicia su curso en el Ferrol de 1907, donde se forja el personaje: Francisco, hijo de un oficial carlista. Desde los primeros años, se percibe una predisposición al liderazgo, una capacidad para imponer su voluntad y una desconfianza inherente hacia cualquier forma de autoridad que no fuera la suya propia. La biografía se construye a través de episodios aparentemente inconexos, que van desde las peleas callejeras y los enfrentamientos con el republicanismo hasta las conversaciones con sacerdotes y los primeros indicios de su ambición. No se presenta una Franco heroico o noble; sino un joven impulsivo, violento y con un fuerte sentido de la honorabilidad, valores que luego convertiría en pilares de su dictadura.
El libro explora, con un tono a menudo humorístico, la relación compleja con su padre, José, un ferviente carlista y figura central en la formación de su ideología. Se revela una profunda admiración por el general, pero también una frustración por su carácter autoritario y, en última instancia, una ruptura generacional marcada por la imposibilidad de compartir la misma visión del futuro de España. Esta dinámica familiar, cargada de tensión y rivalidad, contribuye a moldear la personalidad de Franco, alimentando su deseo de demostrar su superioridad y consolidar su poder. Alvarez Álvarez sugiere que el deseo de emular y, al mismo tiempo, superar a su padre, es un motor fundamental en su ascenso.
La narración se adentra en la guerra de Marruecos, donde Franco se destaca por su valentía, su agresividad y su habilidad para incitar a sus tropas. No se le presenta como un estratega brillante, sino como un líder carismático que moviliza a sus hombres con la promesa de gloria y la amenaza de la rebelión. El autor utiliza este período para mostrar la deshumanización de la guerra, la brutalidad de los combates y el impacto devastador del conflicto en la población local. La participación en la guerra de Marruecos se presenta como un catalizador de su ambición y le permite construir una imagen de fuerte líder militar, que luego explotaría en su campaña propagandística.
La transición a la República y la posterior ascensión al poder se describen como el resultado de una serie de conspiraciones y oportunismos que involucran a diversos actores políticos y militares. Alvarez Álvarez sugiere que el auge de Franco no fue un proceso espontáneo, sino el resultado de una estrategia cuidadosamente orquestada, que se benefició de la inestabilidad política y social de la época. Se nos presenta una Franco manipulador, capaz de capitalizar la desconfianza de otros líderes y de utilizar la violencia como herramienta política.
El libro examina, con un estilo grotesco y a menudo surrealista, la conspiración que permitió la llegada de Franco al poder. A través de la figura del esperpento, Alvarez Álvarez muestra cómo la situación de crisis política y social en la España de la Segunda República, la inestabilidad de las fuerzas armadas y la manipulación de las tensiones ideológicas, crearon las condiciones favorables para el ascenso de Franco. La novela sugiere que el golpe de estado de 1936 no fue un acto aislado de rebeldes, sino el resultado de una preparación cuidadosa y de una red de contactos que incluía a figuras influyentes del ejército y de la derecha política.
La relación de Franco con la Iglesia Católica se presenta como un instrumento de control social y de propaganda. Alvarez Álvarez revela cómo el dictador utilizó el apoyo de la jerarquía eclesiástica para legitimar su régimen, controlar la educación y reprimir a la oposición. Se muestra a Franco como un líder religioso fanático, dispuesto a utilizar la doctrina como arma para justificar sus acciones y para controlar la vida de sus súbditos. El autor critica el papel de la Iglesia en la consolidación del régimen franquista.
La guerra civil española se describe como un campo de experimentación para Franco, quien se vio obligado a probar nuevas tácticas militares y a someter a sus tropas. A través de episodios como el asedio a Madrid, la batalla de Brunete o la batalla del Ebro, Alvarez Álvarez explota la brutalidad de la guerra, la deshumanización de los combatientes y la desproporción entre las fuerzas en conflicto. La novela no romantiza la guerra, sino que la presenta como un horror que dejó una profunda cicatriz en la sociedad española.
La figura de Carmen Polo, la futura esposa de Franco, se presenta como una pieza clave en la construcción de su imagen de líder implacable y de esposa devota. El autor sugiere que Carmen, con su personalidad reservada y su control sobre la vida de Franco, contribuyó a mantener la imagen de fortaleza y de disciplina que el dictador proyectaba hacia el exterior. Se muestra a Carmen como una figura enigmática y poderosa, que ejerció una influencia significativa en las decisiones políticas de Franco.
La novela explora, de manera controvertida, la paternidad de Carmen Polo, argumentando que la hija no era fruto del matrimonio entre Franco y su esposa, Linda Boada. Alvarez Álvarez presenta la hipótesis, basada en indicios históricos, de que Carmen era hija de un oficial carlista y que Franco, obsesionado con la idea de continuar la «linaje» carlista, habría utilizado a la joven como un reemplazo. La controversia en torno a la paternidad de Carmen Polo es uno de los puntos más polémicos de la novela.
Opinión Crítica de Yo, Franco: Unaza y Aceptación
“Yo, Franco” es una obra sumamente ambiciosa y compleja, que desafía al lector a cuestionar las propias concepciones sobre la historia. La narrativa fragmentada y el estilo surrealista hacen de la lectura una experiencia desconcertante, pero también estimulante. Alvarez Álvarez no pretende ofrecer una explicación definitiva de la figura de Franco, sino que establece un diálogo con el lector, invitándolo a reflexionar sobre la naturaleza del poder, la manipulación y la construcción de la identidad. El libro es, en definitiva, una obra de crítica social y política, que utiliza el humor y la exageración para denunciar la hipocresía y la corrupción del régimen franquista.
Sin embargo, la forma en que el autor aborda la historia puede resultar irritante para algunos lectores. El uso del esperpento, la deformación de la realidad y la creación de una «verdad alternativa» pueden ser percibidos como una falta de respeto hacia las víctimas del franquismo y como una simplificación excesiva de un conflicto histórico complejo. No obstante, es importante recordar que la obra de Alvarez Álvarez no es una investigación histórica en el sentido tradicional. Es, antes bien, una obra de ficción que utiliza el género del esperpento para provocar y para cuestionar.
A pesar de sus debilidades, “Yo, Franco” es un libro que merece ser leído y discutido. Es una obra que nos obliga a confrontar con la nuestra propia memoria histórica y a reflexionar sobre los mecanismos que permiten la perpetuación de la mentira y la opresión. La novela puede ser una herramienta educativa valiosa para las nuevas generaciones, que necesitan conocer la verdad sobre el pasado para poder construir un futuro más justo y democrático. Recomendable a aquellos lectores que buscan una obra provocadora, intelectualmente estimulante y, sobre todo, que no tenga miedo de desafiar las convenciones.
