Este fascinante libro, «Treinta y Tres Monstruos ¡No!», de Lidia Zinovieva-anibal, publicado por Akal, se erige como una pieza singular en la literatura rusa del siglo XX. Más que una simple novela, es un testimonio vibrante y a menudo audaz de la exploración de la sexualidad femenina en una época marcada por la rigidez moral y las convenciones sociales. La obra, escrita en la década de 1920, se ha reconocido ampliamente como la primera obra léspica del género en Rusia, ofreciendo una mirada refrescante y, a menudo, incómoda, a las dinámicas del amor y el deseo. A través de un estilo narrativo directo y sin tapujos, Zinovieva-anibal nos presenta un universo íntimo donde la búsqueda de la felicidad y la libertad individual desafían los dogmas de la época.
La historia, que se presenta como una serie de relatos interconectados, nos sumerge en las vidas de un grupo de mujeres, todas ellas enamoradas de hombres, pero también, y quizás más importante, de otras mujeres. La voz narrativa, a través de la corresponencia de la escritora con su marido, Viacheslav Ivánov, nos permite acceder a una verdad personal, una experiencia vivida y plasmada en la escritura. «Treinta y Tres Monstruos ¡No!» no es un cuento de princesas y príncipes; es un relato crudo, honesto y, a veces, doloroso de las complejidades del amor, la desilusión y la lucha por la autoaceptación. La obra es un documento histórico, pero también un poderoso testamento a la necesidad humana de encontrar amor y conexión, sin importar las limitaciones impuestas por la sociedad.
La novela se estructura en torno a las cartas que Lidia Zinovieva-anibal, entonces conocida como Lidia Ivánova, envía a su marido, Viacheslav Ivánov, desde su viaje a Europa. Estas cartas, que constituyen el núcleo narrativo, detallan sus encuentros con una variedad de mujeres – bailarinas, artistas, escritoras, mujeres de clase alta y trabajadoras – y las intensas, a veces confusas, relaciones que surgen de ellos. No se trata de una novela romántica convencional, sino de un análisis profundo y a menudo despiadado de las emociones humanas, las fantasías y las expectativas.
El relato comienza con la descripción de un encuentro casual con una joven artista, una mujer de una belleza y una vitalidad que despiertan en Lidia una atracción intensa. A partir de este primer encuentro, la novela se expande, presentando una galería de personajes femeninos, cada uno con su propia historia, sus deseos y sus contradicciones. Entre ellas encontramos a la bailarina «Elisa», que esconde un profundo deseo por Lidia, y a la poetisa «Annelise», una mujer intelectual y apasionada que representa un desafío a la propia visión de Lidia sobre el amor. A través de estas relaciones, Lidia explora diferentes facetas de su propia sexualidad, cuestionando las normas sociales y experimentando con nuevas formas de intimidad.
La novela no evade los aspectos más difíciles de estas experiencias: el dolor del rechazo, la culpa, la vergüenza, pero también la alegría, la euforia y la liberación que se encuentran en la autoaceptación y en la exploración de los propios deseos. Viacheslav Ivánov, también bisexual, desempeña un papel crucial en la novela como confidente y apoyo, pero también como un espejo que refleja las propias dudas y preocupaciones de Lidia. Su tolerancia y comprensión son esenciales para que Lidia pueda encontrar la valentía de aceptarse a sí misma y de luchar por su felicidad.
La narración se caracteriza por su estilo directo y sin adornos, reflejando la honestidad brutal con la que Lidia describe sus experiencias. No hay idealización de las relaciones; la escritura es cruda y a veces dolorosa, pero también profundamente humana y comprensiva. La escritora sevillana, que se sentía opacada por las normas literarias rusas, se adentra en un universo de deseos reprimidos y fantasías liberadoras. El uso del formato de cartas, además de ser la estructura narrativa principal, evoca la intimidad de la conversación privada, permitiendo al lector una mayor accesibilidad a los pensamientos y sentimientos de Lidia.
Lidia no solo expone sus propios sentimientos, sino que también analiza las motivaciones y el comportamiento de las otras mujeres con las que se cruza. La novela plantea interrogantes sobre la naturaleza del amor, el papel de la mujer en la sociedad, y las consecuencias de desafiar las convenciones. El personaje de Viacheslav Ivánov, aunque presente, se basa principalmente en la voz de Lidia, y su papel se convierte en un reflejo de su propia lucha interna. A través de las cartas, Lidia examina los ideales del «socialismo» desde una perspectiva más personal y emocional, cuestionando sus pretensiones de igualdad y liberación. La escritura es un acto de resistencia, un desafío a las expectativas sociales y políticas de la época.
Opinión Crítica de Treinta Y Tres Monstruos ¡No!:
«Treinta y Tres Monstruos ¡No!» es una obra perturbadora, pero en el mejor de los casos, es una lectura esencial para comprender el histórico contexto de la exploración de la sexualidad femenina en el siglo XX. La honestidad implacable de Lidia Zinovieva-anibal, junto con su capacidad para evocar la complejidad de las emociones humanas, la convierten en una narradora extraordinariamente vívida. La novela no pretende ser un manual de autoayuda; es un testimonio auténtico de un viaje personal difícil y a menudo doloroso, que nos invita a reflexionar sobre nuestros propios deseos y prejuicios.
Aunque la novela puede ser incómoda para algunos lectores, su valía reside en su verdadera honestidad. La escritora no tiene miedo de mostrar la fragilidad, la vergüenza y el dolor que acompañan a la exploración de la sexualidad. La novela se encuentra a la vanguardia de las primeras obras feministas, que, si bien no se autodefinían como tales, cuestionaban las normas sociales y políticas impuestas a las mujeres. Se recomienda leerla con un espíritu de análisis crítico y empatía, reconociendo que Lidia estaba llevando a cabo un acta de rebelión en una época en la que el silencio y la represión eran la norma. Para aquellos interesados en la historia de la literatura rusa y la sexualidad, o en los primeros movimientos feministas, «Treinta y Tres Monstruos ¡No!» es una obra imprescindible.
