La premisa central del libro se basa en el experimento liderado por Charles Foster, un naturalista apasionado que decide no solo estudiar a los animales, sino convertirse en ellos. Este proceso no se limita a la observación de comportamiento; Foster, siguiendo una meticulosa investigación científica, se sumerge en los mundos sensoriales de diferentes especies. El libro está estructurado en torno a estas experiencias, narrando con detalle las seis semanas que pasó como tejón, las semanas como nutria, las semanas como ciervo, las semanas como zorro y las semanas como vencejo.
La experiencia como tejón, quizás la más radical, se describe con una prosa visceral. Foster pasa seis semanas viviendo en un agujero sucio, alimentándose principalmente de lombrices, aprendiendo los patrones de actividad del tejón y experimentando las limitaciones sensoriales y motoras propias de esta especie. El autor describe con precisión las sensaciones físicas, los olores predominantes y la rutina diaria, intentando, en la medida de lo posible, imitar el comportamiento de un tejón. El autor nos revela lo crucial que es el olfato para un tejón, y cómo su vida se centra en la búsqueda de alimento y la seguridad dentro de su territorio.
La experiencia como nutria, por su parte, se centra en la percepción acuática. Foster pasa las semanas en la costa de Essex, donde interactúa directamente con camarones y otros animales acuáticos, observando y aprendiendo sobre sus patrones de caza y comportamiento social. El autor describe con detalle el mundo bajo el agua, la importancia del tacto y la visión en este entorno y la sensibilidad de la nutria a los cambios ambientales. La comunicación entre nutrias se describe como un intrincado sistema de vocalizaciones y gestos, crucial para su supervivencia.
Las experiencias como ciervo, zorro y vencejo comparten una estructura similar: una inmersión profunda en el mundo sensorial de cada especie, acompañada de un análisis científico de las neurociencias subyacentes. El autor se adentra en el mundo del ciervo, aprendiendo sobre su aguda visión y su capacidad para detectar peligros a gran distancia. El autor explora la vida del zorro, descubriendo la importancia de la astucia y la manipulación, y la habilidad del zorro para utilizar el olfato y la visión para cazar y encontrar refugio. La experiencia como vencejo, finalmente, se centra en la comunicación vocal y la complejidad social de estas aves.
El libro, más allá de la narrativa de las experiencias de Foster, ofrece un análisis profundo y accesible de las neurociencias que subyacen a la percepción animal. Maldonado Roldán, a través del diálogo con expertos en neurociencia, explora cómo el cerebro de un zorro, por ejemplo, procesa la información sensorial de forma diferente a la de un humano, y cómo esta diferencia impacta en la construcción de su realidad. Se enfatiza la idea de que los animales no «ven» el mundo de la misma manera que nosotros; su mundo está dominado por el olfato, la audición y otros sentidos que son menos prominentes en la experiencia humana.
La obra no solo examina las diferencias neurocientíficas, sino que también explora la importancia de la plasticidad neuronal – la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse en respuesta a la experiencia. Se argumenta que los animales, al vivir en un entorno particular, desarrollan conexiones neuronales específicas que les permiten procesar la información de manera eficiente. La investigación sobre el cerebro del zorro, por ejemplo, revela que las conexiones neuronales responsables de la detección de un aroma sonnetamente diferentes a las de un humano, lo que explica por qué el zorro puede detectar un olor que nosotros no podemos.
El autor utiliza este conocimiento para ilustrar la naturaleza construida de la realidad. No se trata simplemente de que los animales “ven” el mundo de forma diferente; el mundo en sí mismo es diferente, moldeado por su visión y sus capacidades sensoriales. Esta idea se extiende a la percepción humana: nuestra propia realidad está, en gran medida, construida a través de nuestros sentidos y nuestra experiencia. «Ser Animal» invita a reflexionar sobre la naturaleza subjetiva de la experiencia y la importancia de la perspectiva.
El libro también destaca la importancia de la empatía en la comprensión del mundo animal. Al intentar vivir como un tejón, Foster nos enseña que es posible comprender la perspectiva de otra especie, incluso si es radicalmente diferente a la nuestra. Al experimentar las limitaciones y las capacidades sensoriales del tejón, Foster nos ayuda a apreciar la complejidad de su mundo y a reconocer su valor intrínsecho. El libro se presenta como un llamado a la prudencia y el respeto en nuestra relación con el mundo natural, fomentando una reflexión profunda sobre el impacto de nuestras acciones en otras formas de vida.
Opinión Crítica de Ser Animal: Una Promesa Cumplida (Parcialmente) y un Reto para el Futuro
«Ser Animal» es, en su mayoría, un logro impresionante. La narrativa de Charles Foster es cautivadora y, en muchos aspectos, profundamente reflexiva. El autor logra transmitir la sensación de estar inmerso en el mundo de un tejón, con una precisión y una sensibilidad que son pocas veces encontradas en la literatura sobre animales. Las descripciones de la vida cotidiana del tejón, los desafíos que enfrenta para encontrar alimento y refugio, y la belleza del paisaje que lo rodea, son particularmente conmovedoras. La obra es una prueba de la inteligencia y la capacidad de Foster para conectar con otro ser vivo.
Sin embargo, es importante reconocer que la experimentación de Foster, aunque inspiradora, es en última instancia una simulación. Aunque Foster logra transmitir la sensación de estar viviendo como un tejón, no puede, por supuesto, experimentar el mundo de la misma manera. El autor debe admitir que su experiencia es una construcción, una interpretación basada en la información científica y su propia imaginación. El libro, por lo tanto, se presenta como un experimento mental más que como una prueba definitiva de cómo es «ser» un tejón.
En cuanto a la ciencia, el libro ofrece una presentación accesible y convincente de las neurociencias subyacentes a la percepción animal. El análisis del cerebro del zorro, por ejemplo, es fascinante y revela la complejidad de la arquitectura neuronal y la plasticidad del cerebro. El autor logra, en gran medida, desmitificar la idea de que los animales son simplemente «menos inteligentes» que los humanos. No obstante, el libro podría beneficiarse de una mayor profundización en algunos aspectos de la investigación neurocientífica, especialmente en lo que respecta a la comunicación animal y el funcionamiento de los sistemas sensoriales. Se podría profundizar en la relación entre la memoria y la percepción en diferentes especies.
«Ser Animal» es un libro valioso que invita a la reflexión, fomenta la empatía y desafía nuestras preconcepciones sobre el mundo animal. Aunque no es una prueba definitiva de cómo es «ser» un tejón, el libro es una poderosa herramienta para comprender la complejidad de la percepción animal y la importancia de la conservación de la biodiversidad. Se recomienda, sobre todo, como una lectura enriquecedora para aquellos interesados en la neurociencia, la ecología y la filosofía de la naturaleza. Es una obra que, sin duda, impulsará a más personas a explorar la conexión entre la humanidad y el mundo natural, buscando un futuro donde la coexistencia sea una realidad.

