“Que Nos Roban La Memoria”, presentada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, es una instalación audiovisual que trasciende la simple exhibición artística; es un viaje profundamente emotivo y conceptual, una excavación en las entrañas de un edificio – el antiguo Hospital de Sabatini – y, por extensión, de la memoria humana. Concha Jerez, desde los años setenta, ha mantenido un proyecto creativo intensivo, abrazando el arte conceptual y desarrollando intervenciones site specific con un marcado carácter crítico. Su trabajo se caracteriza por su meticulosa investigación, su compromiso con la voz de los marginados y su capacidad para transformar el espacio en un vehículo de memoria.
La artista, que se ha destacado como una de las pioneras del results en España, toma como punto de partida el edificio Sabatini, que ella describe como un “enorme contenedor de memoria”. Este edificio, antaño hospital, alberga, según Jerez, una acumulación de experiencias, emociones y silencios. El proyecto se centra en reconstruir, a través de una cuidadosa selección de sonidos, imágenes y textos, la historia de aquellos que lo utilizaron: pacientes, personal médico, visitantes. No se trata de una narración lineal y ordenada, sino de un tejido complejo de fragmentos, ecos y resonancias que evocan la atmósfera de un lugar cargado de historia. La instalación utiliza audio proyectado, vídeo de archivo y fragmentos de texto – una selección de “escritos autocensurados” realizados por la artista a mediados de los años setenta – para construir una experiencia inmersiva y evocadora.
El trabajo de Jerez no se limita a reproducir hechos históricos, sino que busca activar la memoria del espectador. Los “escritos autocensurados”, que sirven como base para la instalación, revelan una problemática común en la época de la dictadura española: el miedo a la disidencia, la autocensura como mecanismo de supervivencia, la represión de los pensamientos y las emociones. Al recuperar estos textos, Jerez ofrece una ventana a un pasado doloroso, pero también nos invita a reflexionar sobre los mecanismos de control y la importancia de la libertad de expresión. La selección de obras que abarca desde estos escritos iniciales hasta la instalación InterMedia Espectros de silencio (2001 – 2017), demuestra la evolución de su compromiso con la recuperación de la memoria y la búsqueda de nuevas formas de expresión.
La instalación se desarrolla en las cuatro escaleras del edificio Sabatini, un espacio especialmente elegido por su carácter de transición, de paso entre diferentes niveles y, por extensión, entre diferentes estados de conciencia. Este espacio, con su atmósfera austera y sus sombras proyectadas, se convierte en un escenario perfecto para la evocación de recuerdos y emociones. Al explorar las escaleras, el espectador no solo se mueve físicamente, sino que también se desplaza temporalmente en el pasado, experimentando, a través de los sentidos, la historia del edificio.
La ambición de «Que Nos Roban La Memoria» radica en su capacidad de transformar el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en algo más que un simple espacio de exhibición de obras de arte; se convierte en un lugar de encuentro con lo olvidado, de confrontación con la historia y de, finalmente, de recuperación de la propia identidad. La instalación, alojada en las cuatro escaleras del edificio Sabatini, es un complejo ritual de evocación y reconstrucción, diseñado con una maestría que solo Concha Jerez puede ofrecer.
El proyecto se basa en la idea de que los edificios, especialmente aquellos que han sido utilizados como instituciones (en este caso, un hospital), absorben y retienen en sus muros no solo recuerdos físicos, sino también emociones, experiencias y, en última instancia, la memoria colectiva de las personas que han estado asociadas a ellos. Jerez utiliza el edificio Sabatini, que fue un antiguo hospital, como un “contenedor de memoria”, identificando lo que allí se vivió. Al expresar lo que se perdió, se recuerda y, por lo tanto, se da a conocer, lo que lleva a una interpretación del presente. La artista no busca ofrecer una narrativa histórica definitiva, sino más bien provocar una reflexión sobre la naturaleza de la memoria, sus mecanismos, sus posibles distorsiones y sus implicaciones para la identidad individual y colectiva.
La instalación se organiza en torno a una selección de obras que abarca un amplio arco temporal. Se incluyen “escritos autocensurados” realizados por Concha Jerez a mediados de los años setenta, que revelan la atmósfera de represión y autocensura que caracterizaba la época de la dictadura española. Estos textos, a menudo fragmentarios y ambiguos, sirven como punto de partida para la instalación, invitando al espectador a desentrañar su significado y a conectar con las emociones que transmiten. Además, se incluyen archivos audiovisuales, fragmentos de audio proyectado y, posteriormente, el video InterMedia Espectros de silencio (2001 – 2017), que amplía la visión del artista sobre la temática de la memoria y el silencio.
La elección de las cuatro escaleras del edificio Sabatini como espacio para la instalación es particularmente significativa. Las escaleras, como elementos de transición, simbolizan el paso del tiempo, el movimiento entre diferentes niveles y, por extensión, el desplazamiento entre diferentes estados de conciencia. Al caminar por las escaleras, el espectador se sumerge en la atmósfera del edificio, experimentando, a través de los sentidos, la historia del lugar y la voz de aquellos que lo utilizaron. La instalación crea una experiencia inmersiva y evocadora, que invita al espectador a reflexionar sobre la naturaleza de la memoria, sus posibles olvidos y la importancia de preservar la verdad, incluso cuando esta es incómoda o peligrosa.
Opinión Crítica de Que Nos Roban La Memoria: Una Obra Intensa y Compleja
“Que Nos Roban La Memoria” es, sin duda, una de las obras más ambiciosas y conmovedoras de Concha Jerez. Es una instalación que exige un compromiso activo por parte del espectador, que invita a la reflexión y que, en última instancia, nos obliga a cuestionar nuestra propia relación con la memoria. La complejidad de la obra radica en su capacidad para combinar elementos aparentemente dispares – historia, arte conceptual, sonido, imagen, espacio – para crear una experiencia total y profundamente emocional. Si bien puede resultar intimidante para aquellos que no están familiarizados con el trabajo de la artista, la recompensa para aquellos que se toman el tiempo para sumergirse en ella es inmensa.
La fuerte crítica de la obra, y la razón de su éxito, reside en su honestidad y su compromiso con la verdad, incluso cuando esta es dolorosa. La instalación no huye de lo incómodo; más bien, lo explora con una sensibilidad y una comprensión profunda. La forma en que Jerez utiliza los “escritos autocensurados”, que nos revelan las presiones y los miedos de la época, es particularmente impactante. Estos textos no son solo fragmentos de historia; son vocalizaciones de almas que intentaban sobrevivir, y esta conexión con la vulnerabilidad humana es lo que hace que la instalación sea tan poderosa.
Sin embargo, es importante reconocer que la complejidad de la obra puede ser un obstáculo para algunos espectadores. La falta de una narrativa lineal y la ambigüedad de algunos elementos pueden resultar confusas o frustrantes. No obstante, esta complejidad es precisamente lo que hace que la instalación sea tan estimulante y recompense la atención y el esfuerzo del espectador. El éxito de “Que Nos Roban La Memoria” radica en su capacidad para invitar al espectador a participar activamente en la construcción del significado. Es una obra que no ofrece respuestas fáciles, sino que nos promueve una reflexión continua y un diálogo con el pasado.
“Que Nos Roban La Memoria” es una obra fundamental en el corpus de Concha Jerez. Es una instalación que exige un compromiso activo por parte del espectador, pero que, a su vez, ofrece una recompensa inmensa a aquellos que se toman el tiempo para sumergirse en ella. Es una obra que nos recuerda la importancia de la memoria, la fragilidad de la verdad y la necesidad de preservar la voz de aquellos que han sido silenciados. La obra es una advertencia, un llamado a la acción y, en última instancia, una celebración de la capacidad humana para la resistencia y la esperanza.

