La novela se desarrolla en torno a la experiencia de un hombre que, tras una vida de constante movimiento y autoexigencia, se encuentra en un punto de inflexión. Después de años de sentirse constantemente «desperezado» y de perseguir metas que parecían inalcanzables, el protagonista experimenta un encerramiento forzado por la pandemia. Este paréntesis obliga a la introspección y a la confrontación con un pasado lleno de decisiones basadas en el miedo y la ansiedad.
El libro explora de manera honesta y vulnerable las causas profundas de esta angustia. No se trata solo de un problema personal, sino de un reflejo de la sociedad contemporánea, donde la presión por ser «exitoso» y la búsqueda de la felicidad externa han llevado a muchos a sentirse vacíos y descontentos. Riesco González desglosa la compleja relación entre el cuerpo y la mente, mostrando cómo el estrés y la ansiedad se manifiestan en niveles físicos y emocionales, afectando el sueño, el apetito y las relaciones interpersonales.
La narrativa, escrita con un lenguaje directo y accesible, se centra en el proceso de recuperar el control. No se ofrece una solución mágica, sino que presenta un camino de auto-descubrimiento que implica identificar patrones de pensamiento negativos, cuestionar las expectativas sociales, aprender a manejar las emociones y desarrollar una relación más compasiva consigo mismo. El protagonista se embarca en un arduo trabajo de «ordenamiento mental», buscando restablecer el equilibrio entre el cuerpo, el corazón y el espíritu. A lo largo del libro, se mencionan herramientas y técnicas, como la meditación, el mindfulness y la terapia cognitivo-conductual, pero siempre desde una perspectiva personal y adaptada a las necesidades del protagonista.
El protagonista describe un proceso gradual de recuperación, no como una solución rápida y definitiva, sino como un cambio de perspectiva y de hábitos. Inicialmente, se siente abrumado por el «molesto y continuo chismorreo neuronal», lo que le lleva a tomar decisiones impulsivas y a caer en patrones de comportamiento autodestructivos. Sin embargo, a medida que avanza el libro, empieza a tomar conciencia de la necesidad de «poner orden en la mente, el corazón, el estómago y el sexo», reconociendo que la felicidad no es un destino al que llegar, sino un proceso continuo de aceptación y amor propio.
Un aspecto fundamental del libro es la exploración de las relaciones interpersonales. El protagonista se da cuenta de que ha estado «olvidándose de vivir y ser feliz» debido a la distancia emocional que había creado con las personas que le rodeaban. A través de conversaciones sinceras y un esfuerzo consciente por crear vínculos más profundos, comienza a recibir apoyo y aliento, lo que le ayuda a superar el miedo y la soledad. También se plantea la importancia de aceptar las imperfecciones del propio cuerpo y de los demás, reconociendo que la belleza y el valor radican en la autenticidad y la vulnerabilidad.
El libro no pretende ser un manual de autoayuda, sino una invitación a reflexionar sobre nuestro propio modo de vida y a cuestionar las normas sociales que a menudo nos impiden ser felices. Riesco González utiliza la narrativa para transmitir un mensaje de esperanza y resiliencia, mostrando que es posible recuperar el control de nuestra vida, incluso cuando nos sentimos perdidos y desorientados. La suerte, como se sugiere, está en el esfuerzo personal y en la capacidad de aceptar que el camino hacia la felicidad es un viaje personal y sinuoso.
Opinión Crítica de Pienso, Luego Molesto. Siento, Luego Existo
“Pienso, Luego Molesto. Siento, Luego Existo” es una lectura sorprendentemente conmovedora y relevante, especialmente para aquellos que se sienten atrapados en un ciclo de auto-crítica y ansiedad. Manuel Riesco González ha logrado capturar con precisión la experiencia de la «inquietud crónica» y la sensación de estar «desperezado». La novela no ofrece respuestas fáciles, pero sí un enfoque realista y comprensivo para abordar los problemas de salud mental.
El estilo narrativo es directo y accesible, evitando la jerga técnica y proponiendo conceptos de manera sencilla y comprensible. La voz del protagonista es creíble y relatable, lo que permite al lector identificarse con sus dificultades y sus logros. Además, la novela evita caer en clichés del género de autoayuda, presentando el proceso de recuperación como un viaje complejo y requiere esfuerzo, sin prometer resultados inmediatos.
Si bien algunas partes del libro podrían resultar repetitivas, esto se justifica por la naturaleza del proceso de auto-descubrimiento. La narrativa es una celebración de la vulnerabilidad y la importancia de aceptarse a sí mismo, con todas sus imperfecciones. Se recomienda la lectura a aquellos que buscan un libro que ofrezca perspectiva, empoderamiento y una visión más compasiva de sí mismos. Sería útil, quizás, complementar la lectura con herramientas prácticas de mindfulness o técnicas de gestión del estrés, pero el libro en sí mismo ya representa un primer paso en el camino hacia una vida más plena y satisfactoria.
