El libro “Oficios e Industrias”, publicado por la Institución Fernando El Católico, representa un valioso hito en la investigación sobre la historia de la educación técnica en Zaragoza. Su principal objetivo es recuperar y documentar la evolución de las enseñanzas prácticas en la ciudad desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, un periodo de profundos cambios industriales y sociales. Este estudio no solo sirve como una crónica de la Escuela de Artes y Oficios, sino que también ofrece una mirada a la relación entre la formación profesional y el desarrollo económico de la ciudad, iluminando cómo la necesidad de una mano de obra especializada moldeó el paisaje educativo zaragozano. En esencia, el libro es una ventana a un modelo de educación técnica que buscaba equilibrar la innovación con la tradición, preparando a los individuos para las demandas cambiantes de la época.
El libro es fundamental por su enfoque en la institucionalidad y el impacto de una institución concreta – la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza – en el contexto social y económico de la España de finales del siglo XIX y principios del XX. A través de una investigación exhaustiva, el autor, Carlos Forcadell Alvarez, proporciona un análisis detallado de la trayectoria de la escuela, desde sus humildes comienzos en los sótanos de la Facultad de Medicina y Ciencias, hasta su transformación en una institución académica moderna. Este tipo de estudio es crucial para comprender la evolución de la formación técnica en España y para valorar el legado de aquellas instituciones que sentaron las bases del sistema educativo posterior.
El libro se centra principalmente en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, fundada en 1895, un año crucial para la industrialización y la urbanización de la ciudad. Su creación respondió directamente a la creciente necesidad de profesionales cualificados para las nuevas industrias que se estaban desarrollando en el entorno urbano. El arquitecto Ricardo Magdalena fue el primer director, encargándose de la instalación de la escuela en los sótanos de la Facultad de Medicina y Ciencias, un espacio inicial modesto pero funcional. Desde el principio, el enfoque de la escuela se basó en la integración de las tradiciones artesanales con las novedades técnicas que traía la industrialización. El objetivo era formar a un individuo que no solo conociera las herramientas y los procesos de un oficio, sino que también entendiera los principios científicos y técnicos que estaban transformando el mundo laboral. La escuela se orientó a la formación de oficios como carpintería, fontanería, electricidad, mecánica y otros, adaptándose constantemente a las demandas del mercado laboral. La escuela también jugó un papel importante en la difusión de conocimientos técnicos entre la población, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida y el nivel de vida en la ciudad.
La Escuela experimentó importantes transformaciones a lo largo del siglo XX. En 1909, buscando mejores condiciones de estudio y labor, se trasladó a uno de los pabellones de la Exposición de 1908, adoptando el nombre de “Escuela Better de Artes Industriales y Industrias”. Esta mudanza marcó un nuevo impulso para la institución, permitiendo ampliar las instalaciones y mejorar la calidad de la enseñanza. Sin embargo, la transformación más radical se produjo en 1942, con la reorganización de las enseñanzas técnicas y la creación de la “Escuela de Peritos Industriales”, dirigida por D. José Sinués. Sinués, una figura clave en la vida económica, política e institucional de Zaragoza, gestionó la construcción del nuevo edificio en la calle Corona de Aragón, consolidando la posición de la escuela como un centro de formación técnica de primer orden. La creación de esta nueva escuela reflejó un cambio en la orientación de la formación, pasando de un enfoque más tradicional a una orientación más práctica y orientada a la resolución de problemas técnicos.
La evolución de la Escuela de Artes y Oficios no se detuvo en 1942. En 1972, se fundó la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica de Zaragoza (EUTIZ), una nueva etapa en la historia de la formación técnica en la ciudad. Este nuevo centro reflejó una adaptación a la velocidad del cambio tecnológico y a la creciente demanda de profesionales más versátiles y con conocimientos más amplios. La EUTIZ se convirtió en una institución de referencia en el ámbito de la ingeniería técnica, ofreciendo estudios superiores y formando profesionales para sectores como la industria metalúrgica, la industria química y la industria alimentaria. La creación de la EUTIZ fue un reflejo de la necesidad de adaptar la formación técnica a las exigencias de la sociedad moderna, caracterizada por un rápido avance tecnológico y una creciente complejidad de los procesos industriales.
A lo largo de su historia, la Escuela de Artes y Oficios, y posteriormente la EUTIZ, desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo económico y social de Zaragoza. La institución no solo formó profesionales cualificados para las industrias locales, sino que también contribuyó a la innovación y al desarrollo de nuevas tecnologías. La escuela también jugó un papel importante en la difusión de conocimientos técnicos entre la población, fomentando el espíritu emprendedor y promoviendo el uso de la tecnología en el ámbito productivo. El libro detalla cómo esta institución se adaptó a las cambiantes necesidades del mercado laboral, demostrando una capacidad de adaptación y una visión estratégica que la convirtieron en una de las principales instituciones de formación técnica de España.
Opinión Crítica de Oficios E Industrias: con crítica y recomendaciones.
“Oficios e Industrias” es, en su conjunto, un libro valioso y bien documentado. El autor, Carlos Forcadell Alvarez, realiza un trabajo exhaustivo al rastrear la historia de la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, ofreciendo una visión detallada de su evolución y de su impacto en la ciudad. La información presentada es precisa y está respaldada por una amplia gama de fuentes, incluyendo documentos oficiales, archivos personales y testimonios orales. Sin embargo, el libro podría beneficiarse de una mayor contextualización histórica. Aunque se analiza la influencia de la industrialización y las nuevas tecnologías, se podría profundizar en el análisis de las tensiones sociales y políticas que acompañaron a estas transformaciones. Se podría analizar, por ejemplo, el papel de la escuela en la lucha contra la pobreza y el desempleo, o en la promoción de la igualdad de oportunidades. Además, la obra podría ser enriquecida con un análisis más profundo de las metodologías de enseñanza utilizadas a lo largo de los años.
A pesar de estas limitaciones, “Oficios e Industrias” es un libro esencial para cualquiera que esté interesado en la historia de la educación técnica en España, especialmente en la historia de Zaragoza. Recomendaría que el libro se complemente con estudios más amplios sobre la historia de la industria en la región, así como con análisis sobre la evolución del sistema educativo en general. Sería muy beneficioso incluir un mapa interactivo que muestre la ubicación de la escuela a lo largo del tiempo, y un índice de términos clave para facilitar la consulta. Finalmente, se sugiere que la Institución Fernando El Católico, que publicó el libro, realice una edición revisada y ampliada en el futuro, incluyendo nuevas investigaciones y datos. Esta obra ya es un punto de partida muy sólido, pero siempre hay espacio para seguir profundizando en la rica historia de esta institución y de su papel en la ciudad de Zaragoza.
