La historia de Mila se desarrolla en un entorno rural y marginal al final de los años setenta. Su infancia transcurre en un barrio precario, marcado por la presencia de una autopista, un cementerio y un polígono industrial. Este contexto, tan desolador como prometedor, está impregnado de contrastes: el peso de la tradición campesina se choca con la promesa de la modernidad industrial. El padre de Mila, tras abandonar la vida de la granja, se dedica a la cadena de montaje en un polígono, mientras que la madre, también afectada por el cambio, trabaja en un huerto. La voz de Mila, en la narración, revela una profunda conexión con el lenguaje de sus padres, que, a pesar de su cambio de vida, mantienen vivos recuerdos de su pasado. Palabras como «portland» (referencia a la industrialización) y «kennebec» (relacionada con el cultivo de patatas, un legado de sus antepasados) son fundamentales para comprender la historia y la identidad de la familia.
El «don» que el curandero le anuncia a Mila, una habilidad para percibir el flujo del tiempo y las energías del lugar, se convierte en un elemento central de la novela. Este «don», que se manifestará con el tiempo, no es un don mágico en el sentido tradicional, sino más bien una predisposición a una mayor sensibilidad hacia el entorno y hacia los recuerdos. La búsqueda de Mila de este «don» se convierte en una búsqueda de identidad, un intento de comprender su lugar en el mundo y de conectar con sus raíces. A medida que la historia avanza, se revela que el «don» del curandero está intrínsecamente ligado a la historia familiar de Mila, al legado de sus antepasados y a la naturaleza del lugar donde ha crecido. La novela explora las consecuencias de este «don» para Mila, su relación con los secretos familiares y su camino hacia la aceptación de sí misma.
La narrativa no se limita a la historia personal de Mila. A medida que avanza la trama, se revelan otros personajes y eventos que contribuyen a la construcción de la historia familiar. Se exploran las relaciones entre los miembros de la familia, sus secretos, sus conflictos y sus sueños. Se revela la historia de los antepasados de Mila, y se comprenden mejor las motivaciones y las decisiones de los personajes. La novela presenta una visión compleja y matizada de la familia, mostrando tanto sus virtudes como sus defectos. Se hace hincapié en el impacto de las circunstancias sociales y económicas en las relaciones familiares, ilustrando cómo la búsqueda del trabajo, la adaptación a los nuevos tiempos y la emigración pueden alterar los lazos familiares.
La vida de Mila está marcada por la dualidad entre el pasado y el presente, entre la tradición y la modernidad. La novela comienza con Mila, ya adulta, que se enfrenta a la espera del nacimiento de su bebé. Este evento, que representa tanto una esperanza como una incertidumbre, la impulsa a reavalar su vida y a reflexionar sobre su pasado. A través de recuerdos, sueños y conversaciones con otros personajes, Mila reconstruye su historia, desde su infancia en el barrio marginal hasta la adolescencia y la juventud. La novela explora cómo la vida de Mila estuvo moldeada por las decisiones de sus padres, por los cambios sociales y económicos que afectaron a su comunidad y por la influencia de personajes como el curandero, quien se convierte en una figura clave en su vida.
La figura del curandero no es simplemente la de un personaje marginal. Él representa un puente entre el conocimiento ancestral y la modernidad. Su «don», como ya se ha mencionado, se basa en la capacidad de percibir las energías del lugar y de entender el flujo del tiempo. A través de él, Mila descubre una perspectiva diferente de la realidad, una que la ayuda a comprender la importancia de la memoria y el legado de sus antepasados. El curandero la instruye sobre la necesidad de observar el entorno, de conectar con la tierra y de comprender la historia de los lugares. La relación entre Mila y el curandero es un encuentro entre dos mundos, entre la ciencia y la tradición, entre la razón y la intuición.
A medida que avanza la novela, se desentraña la historia familiar de Mila de una manera gradual y sorprendente. Se revela que sus padres, después de abandonar la granja, no eligieron la modernidad por capricho. Fueron víctimas de un sistema económico que los obligó a adaptarse a las nuevas circunstancias. La decisión de sus padres de buscar trabajo en el polígono industrial no fue una elección personal, sino una medida desesperada para sobrevivir. Se revela que el curandero, en realidad, era un antiguo amigo de los padres de Mila, que conocía la historia de la familia y que tenía un profundo respeto por sus antepasados. La novela, en este punto, se convierte en un alegato en favor de la dignidad humana y la importancia de preservar las raíces culturales y familiares.
La forma en que Ballbona construye la narrativa es particularmente interesante. La estructura narrativa, con saltos temporales y múltiples perspectivas, refuerza la idea de que la memoria no es una entidad fija, sino que se construye y se reconstruye constantemente a través del recuerdo. La autora utiliza el recurso del monólogo interior para revelar los pensamientos y sentimientos de Mila, y también recurre a otros personajes para ofrecer diferentes puntos de vista sobre la historia. Esta estructura narrativa, a la vez compleja y accesible, permite al lector sumergirse en la mente de Mila y en su viaje de autodescubrimiento. La novela, en definitiva, es un ejemplo de cómo la ficción puede utilizarse para explorar temas profundos y relevantes, y para generar una reflexión crítica sobre nuestra propia existencia. Se recomienda a lectores interesados en la literatura que explore la memoria, el legado familiar y la condición humana.
