La trama de “¡Miseria, La Bacteria!” se centra en la inesperada admisión de Bacteria, la esposa del Profesor Bacterio, en la T.I.A. El motivo: un simple «puro enchufe» para evitar cargos por malversación de fondos. Esta situación, aparentemente banal, desata una serie de complicaciones que involucran a Mortadelo y Filemón, quienes son enviados a investigar y, por supuesto, a detener al Profesor Bacterio. Lo que comienza como una misión policial ordinaria, se convierte rápidamente en un caos cuando el Profesor Bacterio, con la ayuda de sus inventos, genera un aluvión de problemas.
La llegada de Bacteria al T.I.A. se ve agravada por la naturaleza de su marido: el Profesor Bacterio es conocido por sus inventos domésticos, que, aunque aparentemente inofensivos, terminan causando estragos. La situación se complica aún más por el hecho de que Bacteria, a diferencia de su marido, posee una extraña habilidad para mejorar y perfeccionar sus inventos, llevando su ingenio a un nivel superior. Esto resulta en la creación de un robot anti-porquería de proporciones épicas, capaz de arrasar con cualquier rastro de suciedad, pero también de destruir objetos de valor. Además, el Profesor Bacterio, con su obsesión por la automatización, desarrolla una planchadora automática que, por supuesto, se vuelve loca y desata el caos en todo el barrio.
El ingenio de Bacteria, combinada con las torpes acciones de Mortadelo y Filemón, crean una combinación explosiva. La historia se convierte en un vaivén de situaciones absurdas, donde los inventos del Profesor Bacterio y Bacteria, actúan como detonadores de nuevos problemas. Mortadelo, siempre impulsivo y malintencionado, intenta inutilizar los inventos, pero solo consigue empeorar las cosas, mientras que Filemón, con su proverbial torpeza, se ve envuelto en las consecuencias de los experimentos del Profesor Bacterio. El resultado es una batalla campal entre Mortadelo, Filemón y los inventos, donde el caos y el humor reinan supremos.
Mortadelo y Filemón son enviados por el Jefe Víctor Quesada a investigar la situación en la casa del Profesor Bacterio y, sobre todo, a detenerlo. Al llegar, se encuentran con Bacteria, ya en el T.I.A., que, para complicar las cosas, está utilizando sus propios inventos para protegerse. La situación se agrava cuando, para sorprender a Mortadelo y Filemón, Bacteria ha desarrollado un “pulverizador de locuras” que transforma la vida de los agentes en un verdadero infierno de situaciones caóticas.
La historia se desarrolla en un ritmo frenético, con una sucesión de persecuciones, explosiones, y situaciones absurdas. Mortadelo y Filemón, intentando inutilizar los inventos del Profesor Bacterio, terminan siendo víctimas de sus propias torpezas y del ingenio de Bacteria. El robot anti-porquería, descontrolado, arrasando con losetas, muebles, y hasta con el perro del Jefe Quesada, es una de las escenas más memorables del número. La planchadora automática, con su capacidad para planchar a personas, animales, e incluso edificios, agrega aún más desquiciamiento a la situación.
El clímax de la historia se produce cuando Mortadelo y Filemón logran, por pura casualidad, desactivar los inventos del Profesor Bacterio, pero, en el proceso, provocan una explosión masiva que destruye la T.I.A. y deja a Víctor Quesada en un estado de shock. Al final, Mortadelo y Filemón son acusados de la destrucción de la T.I.A., y son enviados a la cárcel, donde son visitados por Bacteria, que les ofrece ayuda a cambio de una «pequeña» reparación. El final, como es propio de «Olé!», es ambiguo y deja abierta la posibilidad de nuevas aventuras.
Opinión Crítica de ¡Miseria, La Bacteria! (Ole! Mortadelo 207): Un Clásico en Plena Forma
“¡Miseria, La Bacteria!” es, sin duda, una de las mejores entregas de la colección “Olé! Mortadelo” en los últimos tiempos. Francisco Ibañez vuelve a demostrar su maestría en el uso del humor absurdo, creando situaciones tan ridículas que resultan inexplicablemente divertidas. El ritmo narrativo es frenético, manteniendo al lector en tensión y haciéndolo reír a carcajadas. La historia es un éxito por su originalidad, por la forma en que se explotan los clichés de los dibujos animados y por el equilibrio entre el humor visual y el humor verbal.
El dibujo de Ibañez sigue siendo impecable. Los personajes están perfectamente caracterizados, con sus expresiones exageradas y sus rasgos distintivos. Los inventos del Profesor Bacterio y Bacteria están representados de forma detallada, lo que aumenta la verosimilitud de las situaciones. El uso del color es vibrante y atrevido, lo que contribuye al estilo inconfundible de “Olé!”. Además, la historia es un claro ejemplo de la genialidad de Ibañez para combinar la crítica social (sutil y a veces mordaz) con el humor.
La historia es un triunfo de la creación de personajes y del juego de situaciones. La combinación de la torpeza de Mortadelo, la bajeza de Filemón y el ingenio de los inventos del Profesor Bacterio, genera un cómic imprescindible para los fans de la serie. Sin embargo, como suele ocurrir con «Olé!», la historia no está exenta de fallos. A veces, la trama se vuelve un poco confusa, y algunos de los diálogos son poco ingeniosos. No obstante, Estos pequeños defectos no empañan la calidad de la historia, y no disminuyen su capacidad para provocar risas y diversión. Se recomienda a los aficionados a la obra de Ibañez, pero también a los nuevos lectores que quieran descubrir la magia de esta serie.



