“Metrópolis” de Ferenc Karinthy, una novela publicada por Funambulista, es una obra que se erige como un inquietante y brillante experimento literario. Publicada originalmente en 1970 bajo el título “Épépé, Metrópolis”, la historia nos presenta un protagonista inusual y una situación aún más extraordinaria: el lingüista Budai, atrapado en una ciudad futurista y alienígena. La novela, aunque escrita en los años 70, sigue resonando hoy en día por su aguda crítica a la modernidad, su exploración del aislamiento y la pérdida de identidad, y su imaginación desbordante. Se trata de una lectura que te hace reflexionar sobre la naturaleza del lenguaje, la desorientación inherente al progreso y la forma en que la tecnología puede deshumanizar.
La edición de Funambulista, con su diseño y selección de ilustraciones, contribuye a la atmósfera onírica y perturbadora de la novela, amplificando la sensación de estar sumergido en un mundo desconocido y peligroso. “Metrópolis” es mucho más que una simple historia de ciencia ficción; es una crítica social disfrazada de aventura, que invita al lector a cuestionar el rumbo que estaba tomando la sociedad de su tiempo y, de alguna manera, sigue haciéndolo en el nuestro.
La trama de «Metrópolis» se centra en Budai, un prestigioso lingüista y políglota de origen incognoscible. Con la ilusión de participar en un Congreso de Lingüística que se celebra en Helsinki, Budai emprende un viaje que, por un inusual percance, lo lleva a una ciudad completamente extraña y desorientadora. Su historia comienza con una aparente inocencia: un viaje de negocios que se convierte en una pesadilla surrealista. Después de un largo viaje en tren, Budai, somnoliento y desorientado, despierta para descubrir que no se encuentra en la Finlandia que esperaba, sino en una metrópolis desconcertante, un lugar que parece una extraña fusión de influencias.
El decorado de esta ciudad es particularmente impactante: una mezcla de lo futurista con la estética de una gran metrópolis mestiza del siglo XXI, pero con un toque melancólico y decadente, como si fuera la ruina de una urbe soviética. Los edificios se alzan imponentes, dominados por una tecnología avanzada y a veces amenazante, pero la ciudad está plagada de abandono, maquinaria oxidada y una atmósfera general de inquietud. Lo más desconcertante, y lo que convierte a la situación en una verdadera pesadilla, es que los habitantes de esta ciudad hablan una lengua que Budai no comprende, ni parece que nadie más lo haga. Esta barrera lingüística, además de ser una fuente de pánico inicial, simboliza su aislamiento total y su incapacidad para comunicarse con el mundo que le rodea.
La lucha de Budai por salir de la ciudad se convierte rápidamente en una lucha desesperada y, en gran medida, una reflexión sobre la pérdida de identidad y la imposibilidad de encontrar una salida lógica. Inicialmente, su humor ante la situación le permite sobrellevar el miedo y la confusión, pero a medida que la desesperación crece, se transforma en una lucha denodada y casi suicida, en la que la búsqueda de una solución se convierte en una metáfora de su búsqueda de sentido en un mundo caótico e incomprensible. Su obsesión por encontrar una manera de comunicarse, de entender la lógica de esa ciudad, lo consume por completo, sumiéndolo en una espiral de desorientación y desesperación.
“Metrópolis” es un relato que se desarrolla en un ritmo vertiginoso, alternando momentos de absurdo cómico con escenas de creciente tensión y desesperación. La novela, escrita con una eficacia y un cautivador ritmo, no es una simple historia de aventuras; es una profunda reflexión sobre la condición humana, la alienación del individuo en la sociedad moderna y la fragilidad del lenguaje como herramienta de comunicación y comprensión. La obra se mantiene como una auténtica obra maestra, comparada por la crítica internacional con “El proceso” de Kafka y “1984” de Orwell, debido a su visión pesimista del futuro y su denuncia de la manipulación y el control social.
La narrativa de Karinthy, además de su valor literario, es un ejemplo de una maestría en la creación de atmósferas, empleando un lenguaje evocador y lleno de detalles sensoriales para transportar al lector a esaja ciudad extraña y amenazante. La ambigüedad constante sobre el origen y la naturaleza de la ciudad, así como sobre la identidad de Budai, añade otra capa de complejidad a la historia, invitando al lector a participar activamente en la construcción del significado de la obra. Más allá de la historia en sí, “Metrópolis” invita a cuestionar el impacto de la tecnología, el progreso y la globalización en la vida humana.
En su postfacio, el escritor Eduardo Gallarza, señala la semejanza de la novela con “El viaje a los infiernos” de Dino Buzzati y “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe. Esta comparación sugiere que la historia de Budai no es solo una exploración del futuro distópico, sino también una reflexión sobre la necesidad de adaptarse a entornos desconocidos y sobre el valor de la ingeniosidad y la resistencia individual. El autor concluye que el mundo recreado en las páginas de “Metrópolis” es “un infierno hecho con las piezas de nuestra realidad, el reflejo sutilmente deformado de nuestra locura cotidiana”, lo que refuerza la idea de que la novela es una advertencia sobre los peligros de la deshumanización y la pérdida de control.
Opinión Crítica de Metrópolis
“Metrópolis” es una obra que, a pesar de su origen en la década de 1970, sigue siendo sorprendentemente relevante en el siglo XXI. La novela no es una fantasía ligera o un mero entretenimiento; es una poderosa y perturbadora reflexión sobre la condición humana, sobre la fragilidad de la identidad y sobre los peligros del progreso desenfrenado. La obra de Karinthy es un espejo que refleja nuestras propias ansiedades y temores sobre el futuro de la sociedad y la naturaleza del individuo en un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la información.
Más allá de su valor literario, “Metrópolis” funciona como una advertencia sutil pero eficaz. La novela nos recuerda que el lenguaje no solo es una herramienta de comunicación, sino también un elemento esencial de nuestra identidad. Cuando perdemos el acceso al lenguaje, nos convertimos en seres desorientados e impotentes, capaces de soloificada de la propia desesperación. El humor inicial con el que se aborda la situación, aunque contribuye a la carga de la historia, sirve para enfatizar aún más el horror de la situación. Es un libro que te hará reír, pero también te hará pensar, y que te dejará con una sensación persistente de inquietud.
La edición de Funambulista, con su cuidada selección de ilustraciones y su presentación general, me parece una apuesta inteligente. La atmósfera onírica y perturbadora de la novela se intensifica gracias a las imágenes, y la lectura se convierte en una experiencia aún más rica y compleja. «Metrópolis» es una lectura recomendable para aquellos que buscan una obra literaria que trascienda al mero entretenimiento y que, además, nos invite a reflexionar sobre el futuro de la humanidad. Una lectura que, con seguridad, será inolvidable.
