El libro se centra en la tensión entre las ideas de Carl Schmitt y Juan Bobbio, dos figuras clave en el debate sobre la naturaleza de la democracia. Schmitt, conocido por su visión pragmática y a menudo autoritaria de la política, argumentaba que el Estado debe estar por encima de los individuos y que el poder debe ser concentrado en manos de unos pocos. Bertín, por el contrario, adopta la perspectiva de Bobbio, quien defendía una visión más participativa y pluralista de la democracia, enfatizando la importancia del Estado de derecho, la separación de poderes y la protección de las minorías. El argumento central del autor es que el auge del populismo ha desvirtuado la democracia liberal, pero que todavía existe la posibilidad de recuperar los valores fundamentales de la democracia participativa.
La obra ofrece un análisis detallado de las causas de la recesión de la democracia liberal, identificando como factores clave el incremento de la desconfianza en las instituciones, la polarización política, el auge de las redes sociales y la difusión de noticias falsas. Bertín argumenta que estas tendencias han creado un terreno fértil para el populismo, que se alimenta de la desconfianza y la frustración de los ciudadanos. El autor también destaca el papel de los líderes populistas, que a menudo se caracterizan por su personalismo, su falta de compromiso con el Estado de derecho y su capacidad para manipular la opinión pública. Sin embargo, el autor no se limita a criticar al populismo; también ofrece una serie de recomendaciones para fortalecer la democracia liberal y para contrarrestar los efectos del populismo.
Además, Bertín introduce una distinción crucial entre «democracias plebiscarias» y «democracias participativas». Las democracias plebiscarias, argumenta, se caracterizan por la toma de decisiones a través de referendums y votaciones directas, lo que puede llevar a la concentración del poder en manos de los líderes y a la supresión de las minorías. En cambio, las democracias participativas se caracterizan por la toma de decisiones a través de procesos deliberativos, donde los ciudadanos tienen la oportunidad de discutir y negociar las políticas públicas. El libro enfatiza que la democracia liberal requiere un modelo participativo, más lento pero con mayor legitimidad.
El libro también aborda el papel de la opinión pública en la democracia. Bertín argumenta que la confianza en las instituciones y en los líderes políticos ha disminuido en los últimos años, pero que esto no significa que la democracia esté en peligro. Más bien, la desconfianza en las instituciones es un llamado a la acción: los ciudadanos deben participar más activamente en la vida política y exigir transparencia y responsabilidad a sus líderes. La obra también destaca la importancia de la
que son esenciales para el funcionamiento de una democracia sana y sostenible.
