El libro se articula en torno a la hipótesis de que las mujeres, frecuentemente consideradas “voces secundarias”, dedicaron su atención a asuntos que, según la historia convencional, eran relegados a un segundo plano en el estudio del lenguaje. Moure no solo recupera y contextualiza las obras de estas figuras, sino que explora los
, y su análisis es penetrante y provocador. El libro es, en esencia, una llamada de atención a la comunidad de la lingüística, que durante mucho tiempo ha ignorado o minimizado la contribución de las mujeres. Es un libro importante no solo para los lingüistas, sino para cualquier persona interesada en la historia del conocimiento y en la cuestión de la representación.
Sin embargo, el libro también presenta algunos desafíos para el lector. La gran cantidad de información y la complejidad de las ideas pueden resultar abrumadoras a veces. Además, la obra tiende a enfocarse en la recuperación de figuras individuales, lo que puede llevar a una visión fragmentada de la historia de la lingüística. No obstante, esta es una debilidad que se puede superar fácilmente, ya que el objetivo principal del libro es precisamente fomentar una reflexión crítica sobre las estructuras de poder que han moldeado la disciplina. Finalmente, el libro es una clara advertencia sobre el peligro del sesgo histórico y la importancia de ser conscientes de las limitaciones de nuestras propias perspectivas. Una lectura recomendada, sin duda.

