El libro de Frisa se centra en el período que comenzó a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente, una época marcada por profundos cambios sociales y políticos, incluyendo el declive de las estructuras tradicionales de producción de moda, como el atelier, y el ascenso de movimientos feministas. Esta transformación generó un método, propio de la
. Frisa argumenta que la moda ya no se basa en la creación de diseños únicos, sino en la producción de “programas” estilísticos que pueden ser reinterpretados y adaptados por diferentes diseñadores y marcas. Esto se traduce en una mayor flexibilidad y diversidad, pero también en una mayor superficialidad y fragilidad de las tendencias. La autora explora cómo las grandes firmas de moda han adoptado esta estrategia, creando un sistema de “programas” que son comercializados a nivel global y que son rápidamente reemplazados por nuevos programas. Además, Frisa aborda la importancia de la
han afectado a la industria de la moda, y cómo las tendencias digitales están transformando la forma en que los diseñadores crean y comercializan sus productos.
Sin embargo, algunos lectores podrían considerar que la obra es un tanto densa y académica. Frisa utiliza un lenguaje técnico y especializado, y a veces recurre a largas digresiones y a ejemplos complejos. No obstante, estas dificultades no disminuyen la importancia del libro, y la obra es un ejemplo de cómo el análisis profundo y riguroso puede enriquecer nuestra comprensión de la moda. Recomendamos este libro a estudiantes de diseño, moda, marketing y comunicación, así como a cualquier persona interesada en la cultura contemporánea y en las transformaciones del mundo del estilo. Sería beneficioso, quizás, profundizar en algunos aspectos relacionados con la sostenibilidad en la industria de la moda, aunque Frisa toca este tema, lo hace desde una perspectiva más general de la «producción de estilos» que es fundamental.

