La historia gira en torno a dos miembros de la Guardia Civil, el inspector Santiago Díaz y el sargento Álvaro Sánchez, designados para investigar el inexplicable asesinato de un paciente del tanatorio «El Jardín de la Eterna Primavera» en Pamplona. La víctima, un hombre de mediana edad llamado Ricardo Moreno, presenta una característica que resulta inmediatamente extraña: una nariz de payaso, colocada quirúrgicamente. Este detalle, aparentemente absurdo, se convierte en el eje central de la investigación, desatando una serie de preguntas y sospechas.
La investigación se complica aún más por la composición de la cuadrilla que trabaja en el tanatorio. No son los típicos trabajadores; sus motivaciones y secretos están profundamente entrelazados con la vida de Moreno. Uno de ellos, en particular, resulta ser un personaje con una historia turbia, un individuo marcado por un pasado doloroso y un oscuro vínculo con la víctima. Además, la vida de Moreno, aunque aparentemente anodina, revela una serie de contactos y relaciones que se extienden a círculos marginales de la ciudad, involucrando a personajes con problemas de adicción y otros secretos inconfesables. La narrativa introduce rápidamente una estructura compleja, donde la verdad se esconde tras múltiples capas de mentiras y recuerdos fragmentados.
La investigación avanza a través de pistas aparentemente insignificantes, confesiones contradictorias y encuentros inquietantes. Se descubre que Moreno, antes de su muerte, había trabajado como maquillador de muertos, una profesión tan peculiar como desestabilizadora. El lector se adentra en un laberinto de pistas sobre un desaparecido de la infancia de Moreno, que resulta ser fundamental para entender el asesinato. La trama se va tejiendo alrededor del tiempo en que Ricardo Moreno trabajaba en el tanatorio y una serie de conflictos, tanto profesionales como personales, que surgían entre los miembros de la cuadrilla. Las interacciones entre los personajes están cargadas de tensión, ironía y una creciente sensación de que la verdad es mucho más compleja y peligrosa de lo que inicialmente parece.
La novela explora la idea de que el pasado siempre regresa, acechando a aquellos que intentan escapar de él. La muerte de Moreno no es un simple acto criminal, sino el resultado de una larga cadena de eventos, agravados por las obsesiones, los secretos y los resentimientos de aquellos que lo rodean. La investigación de la Guardia Civil no se limita a encontrar al asesino, sino que busca entender por qué la muerte de Moreno tuvo lugar y qué papel jugaron los personajes en esa tragedia. El lector se encuentra inmerso en un mundo donde la línea entre la vida y la muerte, la cordura y la locura, la verdad y la mentira, se desdibuja.
La complejidad de la trama radica en la forma en que Iragi Eraul manipula la percepción del lector, presentando información de manera fragmentada y ambigua. El uso del recuerdo es un elemento crucial en la narrativa, con personajes que se cuestionan su propia memoria y la de los demás, lo que genera una atmósfera de incertidumbre y paranoia. La historia se beneficia de la ambientación de Pamplona, no solo como escenario, sino como un personaje más, con sus calles laberínticas, sus rincones oscuros y su rica historia, que añade un toque de surrealismo y misterio a la trama. La nariz de payaso se convierte en un símbolo recurrente, representando la deformación de la realidad y la pérdida de la identidad.
A medida que la investigación avanza, la Guardia Civil descubre que el pasado de Moreno está relacionado con un incidente traumático de su infancia, un hecho que ha quedado oculto durante décadas. La verdad sobre este incidente y su impacto en la vida de Moreno son clave para entender el asesinato, pero también revelan que hay personas dispuestas a todo para proteger sus secretos. La cuadrilla del tanatorio, lejos de ser un grupo de trabajadores normales, resulta ser un microcosmos de la sociedad pamplona, con sus propias dinámicas de poder, sus rivalidades y sus trasfondos. El ritmo narrativo, intencionalmente pausado en ciertas secciones y más ágil en otras, mantiene la tensión y el interés del lector.
Opinión Crítica de La Venganza Del Maquillador De Muertos
“La Venganza Del Maquillador De Muertos” es una novela que sorprende por su originalidad y su enfoque poco convencional. Aitor Iragi Eraul ha logrado crear una historia que combina elementos de thriller, horror y misterio, sin caer en clichés ni en simplificaciones. La premisa es extraña, eligen el personaje del maquillador de muertos, y la ejecución es igualmente ingeniosa, ofreciendo una lectura satisfactoria para aquellos que buscan algo diferente. La historia no pretende ser una experiencia fácil; requiere que el lector esté dispuesto a sumergirse en un mundo de sombras, recuerdos y secretos.
La fuerza de la novela radica, sobre todo, en la construcción de los personajes. Cada uno de ellos está marcado por sus propios demonios y su pasado tormentoso, lo que los convierte en personajes complejos y cargados de matices. La Guardia Civil no es representada como la institución heroica y justa, sino como un grupo de individuos luchando por encontrar la verdad en un entorno de corrupción y desconfianza. El uso del tanatorio como escenario no es una mera detalles decorativo, sino que se convierte en un elemento central de la narrativa, representando un lugar de transición entre la vida y la muerte, un lugar donde los secretos se acumulan.
Si bien la novela puede resultar intensa y con un ritmo lento en algunos puntos, esto se justifica totalmente por la profundidad y la complejidad de la trama. Se recomienda a aquellos lectores que disfruten de la narrativa psicológica, de los misterios con atmósfera tensa y de los personajes con profundidades. Esta novela no es para todos, pero para los que la apoyen, ofrece una experiencia de lectura única y memorable. Se considera un libro con gran potencial y se recomienda a quienes buscan algo más que un simple thriller.

