El arte, a lo largo de la historia, ha sido una fuerza vital en la sociedad humana. Ha servido como espejo de nuestras emociones, motor de nuestra creatividad y, en muchos casos, como catalizador para el cambio social. Sin embargo, en la era digital, el futuro de esta noble actividad se enfrenta a una serie de desafíos sin precedentes. El libro “La Muerte Del Artista” de William Deresiewicz, publicado por Capitan Swing, se adentra en esta problemática, explorando cómo la transformación tecnológica, particularmente la influencia de Internet y las redes sociales, está erosionando el valor y la sostenibilidad de la creación artística. El autor plantea una interrogante fundamental: ¿Estamos presenciando el declive de una tradición que ha sido esencial para el desarrollo de la humanidad? Deresiewicz nos invita a reflexionar sobre el papel que juegan la industria, la educación y, sobre todo, la propia mentalidad del artista en este nuevo contexto.
El libro no es solo una crítica al arte contemporáneo, sino también una defensa de la
altamente valorado, cuyo trabajo requería años de aprendizaje y una profunda comprensión de la técnica y la teoría. Su producción era apreciada por su calidad, su belleza y su capacidad para inspirar asombro. En el siglo XIX, el artista bohemio surgió como una figura icónica, asociada con la libertad, la rebeldía y la búsqueda de la verdad. Estos artistas se veían a sí mismos como individuos únicos, desafiando las convenciones sociales y explorando nuevas formas de expresión. En el siglo XX, el artista se convirtió en un
” – un flujo constante de imágenes y videos, publicados en redes sociales, sin la intención de producir obras de arte significativas. La promesa de la distribución gratuita, a través de plataformas online, atrae a aquellos que buscan simplemente «compartir su creatividad», pero carecen de la disciplina y la dedicación necesarias para desarrollar un estilo auténtico y duradero. Este “arte por el arte” carece de una base real de soporte, ya que el artista no recibe ninguna remuneración y no existe la intención de crear una obra de arte sostenible.
El segundo relato, provocado por los propios artistas, revela una frustración y una desilusión similares. Estos artistas reconocen la lógica de la lógica del mercado digital, pero se sienten abrumados por la competencia, la falta de oportunidades y la dificultad de obtener ingresos. Entienden que, para tener éxito, deben competir no solo con otros artistas, sino también con las empresas de tecnología, los medios de comunicación y las redes sociales, todas ellas compitiendo por la atención del público. Este relato expone la verdad: “Puedes poner tus cosas ahí, pero ¿quién te va a pagar por ellas?” La simple disponibilidad no garantiza el éxito. La falta de una base económica sólida hace que la creación artística sea, para muchos, un ejercicio de auto-sacrificio. Deresiewicz argumenta que esto no es un simple problema de distribución, sino un problema fundamental de valor. En una sociedad que valora la instantaneidad y la novedad por encima de la calidad y la profundidad, el arte, incluso el arte de alta calidad, puede ser considerado un lujo o un desperdicio.
Opinión Crítica de La Muerte Del Artista: con crítica y recomendaciones.
«La Muerte Del Artista» es un libro provocador y necesario, que nos confronta con una verdad incómoda: la cultura digital, en su forma actual, es un obstáculo para la supervivencia del arte. Deresiewicz, con su estilo claro y directo, presenta un argumento convincente, respaldado por una sólida base histórica y una aguda observación de las tendencias culturales. El libro no es necesariamente un ataque al arte digital, sino más bien una advertencia sobre los peligros de una cultura que valora la cantidad sobre la calidad, la instantaneidad sobre la profundidad y la validación online sobre el significado intrínseco. Si bien algunas de las críticas de Deresiewicz pueden parecer exageradas, especialmente aquellas relacionadas con la noción de un “artista” tradicional, su punto central, sobre la importancia de la disciplina, la dedicación y el compromiso con la excelencia, es fundamental.
Sin embargo, el libro no está exento de algunas limitaciones. Deresiewicz tiende a presentar una visión un tanto nostálgica del arte y el artista. Su énfasis en la figura del artesano tradicional puede oscurecer la diversidad de formas en que el arte se está produciendo y consumiendo en la era digital. Además, el libro podría beneficiarse de una exploración más profunda de las posibles formas en que la tecnología puede ser utilizada para apoyar y promover el arte, en lugar de simplemente condenarla. A pesar de estas limitaciones, «La Muerte Del Artista» es una lectura obligada para cualquier persona interesada en el futuro del arte y la cultura. Recomendación: Leer el libro y luego buscar formas de apoyar al artista, ya sea comprando sus obras, asistiendo a sus exposiciones o simplemente apreciando su trabajo con una mente crítica y un corazón abierto.


