La trama de “La Luna En Las Plataneras” se centra en la vida de dos niños, Bienvenido y Amado, que crecen en las vecinas tierras de Arucas, Gran Canaria, a principios del siglo XX. Bienvenido, un niño aparentemente normal, es el hijo de un hombre que busca escapar de la vida en Nueva York, mientras que Amado aparece en este universo envuelto en una luz prodigiosa que se extinguió el tercer día de su vida. Esta aparición, inexplicable y cargada de simbolismo, marca la diferencia fundamental entre ambos niños y establece el tono misterioso que impregna toda la novela. Amado, con su piel blanca como la luna y sus penetrantes ojos violetas, resulta ser un enigma, un ser diferente que despierta la curiosidad y la preocupación de todos los que lo rodean.
Desde el principio, se establece un contraste marcado entre los dos hermanos. Bienvenido se adapta rápidamente a la vida en la finca de plataneras, donde su padre, Don Javier, se dedica a la producción de este producto. Se integra en la sociedad local, aprendiendo las costumbres y los oficios de la región. En cambio, Amado permanece en un estado de aislamiento, víctima de su extraña apariencia y de la superstición que la rodea. A medida que crecen, su comportamiento se vuelve más inquietante. Su aspecto físico se deteriora, mostrando signos de una enfermedad desconocida o de un poder latente. Su mirada, antes llena de asombro, se torna cada vez más oscura y enigmática, sugiriendo una fuerza interior que amenaza con desbordarse.
La llegada de los hermanos a la finca es el detonante de una serie de acontecimientos que revelan los secretos de la región y las inquietantes tradiciones que se practican en las montañas. Don Javier, el padre de Bienvenido, se siente atraído por las historias de magia y misterio que se cuentan en las vecindades, y comienza a involucrarse en prácticas que parecen provenir de un tiempo ancestral. Estas prácticas, relacionadas con el culto a la luna y al poder de los espíritus, están asociadas a un antiguo y misterioso linaje que habita en las montañas. A medida que la historia avanza, se revela que Amado, el niño de ojos violetas, es el último heredero de este linaje, y que su destino está ligado al destino de la región.
La vida en la finca de plataneras de Don Javier se caracteriza por una mezcla de tradición y superstición. Los campesinos de la región, curtidos por el duro trabajo y la inmensidad del paisaje, conservan aún las costumbres y las creencias de sus antepasados. Se realizan rituales para asegurar buenas cosechas, se ofrecen sacrificios a los espíritus de la montaña, y se evitan ciertas acciones que se consideran profanas. Don Javier, influenciado por estas creencias, se siente fascinado por el poder de la luna y se adentra cada vez más en el mundo de lo misterioso.
El aspecto más significativo de la vida en la finca es la relación entre Bienvenido y Amado. Inicialmente, los dos niños comparten una amistad inocente y desinteresada. Sin embargo, a medida que Amado se vuelve más inquietante, la amistad se convierte en una fuente de temor y de sospecha para los habitantes de la región. La comunidad, influenciada por el miedo y la superstición, empieza a considerar a Amado como una amenaza, un ser corrupto que puede traer mala suerte y desastre a la finca. Don Javier, a pesar de su amor por Amado, se ve obligado a protegerlo y a mantenerlo alejado de la comunidad.
Con el paso de los años, la transformación física de Amado se vuelve cada vez más pronunciada. Su piel se vuelve aún más pálida, sus ojos violetas se oscurecen, y su comportamiento se vuelve más errático e impredecible. Don Javier, atormentado por el destino de su hijo, busca desesperadamente una solución para su problema. Se consulta con médicos, magos y sacerdotes, pero nadie logra explicar el origen de la enfermedad de Amado o encontrar una cura. A medida que el misterio de Amado se profundiza, la finca de plataneras se convierte en un lugar de inquietud y de peligro.
El clímax de la novela se produce cuando Amado, consumido por su destino, realiza un acto de desesperación que revela la verdadera naturaleza de su poder. Este acto, que desencadena una serie de acontecimientos catastróficos, pone en evidencia la conexión entre Amado y la antigua historia de la isla. La novela concluye con una reflexión sobre el poder de la naturaleza, el destino y la fragilidad de la vida humana.
Opinión Crítica de La Luna En Las Plataneras: Un Obra Compleja y Atmósferica
“La Luna En Las Plataneras” es una novela que, a pesar de su ambientación histórica, sigue siendo sorprendentemente relevante. Cather logra crear una atmósfera de misterio y de suspense que atrapa al lector desde las primeras páginas. El uso del lenguaje es preciso y evocador, permitiendo al lector visualizar con claridad los paisajes, los personajes y las costumbres de Arucas. La descripción de la isla, con sus riscos, sus plataneras y su clima desértico, es tan vívida que parece un personaje más en la historia.
Sin embargo, la novela no está exenta de ciertos defectos. Algunos críticos han señalado que la caracterización de Amado, el niño misterioso, es a veces vaga y poco convincente. Aunque su apariencia y su comportamiento inquietantes generan interés, no se logra comprender plenamente su psicología. Además, el ritmo de la narración puede resultar un poco lento en algunos momentos, especialmente en la descripción de las costumbres locales. No obstante, estos pequeños defectos no empañan en absoluto el valor general de la obra.
«La Luna En Las Plataneras» es una obra que merece ser leída y apreciada por su belleza y su profundidad. Es una novela que nos invita a reflexionar sobre los temas de la identidad, el destino y la relación entre el hombre y la naturaleza. Se recomienda especialmente a aquellos lectores que disfruten de las historias de misterio, las novelas ambientadas en lugares exóticos y las obras que exploran el lado más oscuro de la condición humana. Es un libro para saborear, para meditar y para contemplar, una joya literaria que perdura en el tiempo.

