El libro “Granada Durante La Dictadura De Primo De Rivera (1923-1930)” de Roque Hidalgo Álvarez, publicado por Comares, nos ofrece una profunda inmersión en la transformación de Granada durante uno de los periodos más controvertidos de la historia española: la dictadura del general Miguel Primo de Rivera. Este estudio no solo documenta la política y las estructuras de poder de la época, sino que también analiza en detalle el impacto de esta dictadura en la vida cotidiana de la ciudad, en sus habitantes y en su economía. El trabajo de Hidalgo Álvarez se erige como un testimonio valioso de una época marcada por el autoritarismo, la modernización impulsada por una élite y, a la vez, por las tensiones y las demandas de cambio que alimentaban la sociedad granadina.
La obra destaca la complejidad de la situación, mostrando cómo la dictadura, con sus objetivos aparentemente nobles de modernización y regeneración, se encontraba en contradicción con la realidad social y económica de Granada. Hidalgo Álvarez desmonta la imagen de “renacimiento” oficial, revelando las desigualdades, la corrupción y la falta de atención a las necesidades básicas de la población. A través de una exhaustiva investigación, el autor logra reconstruir el panorama de Granada durante los años de la dictadura, ofreciendo al lector una perspectiva crítica y matizada sobre esta experiencia crucial para la ciudad y para España.
Durante la dictadura de Primo de Rivera, Granada experimentó una profunda metamorfosis, impulsada por la política autoritaria del régimen y por las transformaciones económicas que se estaban produciendo en España. Los objetivos proclamados por la “dictadura con rey” se centraban en sacar a España del atraso económico, regenerar el método político, integrar a las clases medias y preservar el modelo centralizado y unitario de la nación española. Sin embargo, esta agenda se implementó de una manera que dejó profundas cicatrices en la ciudad y en sus habitantes.
El régimen de Primo de Rivera, con el apoyo del rey Alfonso XIII, buscó implementar una política de industrialización y modernización, apoyándose en la inversión de capital extranjero y en el control estatal de sectores clave de la economía. En Granada, esto se tradujo en la promoción de la minería, la industria textil y el comercio. Pero esta modernización autoritaria incidió acerca de la oligarquía local, que se hizo menos agraria, más industrial y comercial. La concentración del poder económico en manos de un grupo reducido de empresarios, en gran parte influenciados por el régimen, exacerbó las desigualdades sociales y generó un aumento de la brecha entre ricos y pobres. El Ayuntamiento, liderado por el marqués de Casablanca, también fue objeto de críticas por su gestión, que consideraban excesivamente clientelar y corrupta.
En 1929, Granada se encontraba en un punto crítico. La ciudad era, según Falla, “un pequeño París”, reflejando el auge de las vanguardias culturales. Las nuevas ideas, provenientes de Europa, encontraron un terreno fértil en la ciudad, en una pugna con los “putrefactos” representados por las ideas tradicionales y el conservadurismo. Sin embargo, esta modernización cultural estaba lejos de afectar a las condiciones de vida de la mayoría de la población, que seguía viviendo en condiciones de pobreza y hacinamiento. La ciudad estaba por impuesto de utilidades y habitantes dentro de las primeras ciudades; siendo la ciudad insalubre, sin infraestructuras y con población hacinada.
La situación de Granada en 1929 era alarmante. La ciudad sufría una grave crisis de saneamiento y de vivienda. La falta de inversión en infraestructuras básicas, como el suministro de agua potable, las redes de alcantarillado y las calles en buen estado, generaba un ambiente insalubre y propicio para la propagación de enfermedades. La población, que había aumentado considerablemente debido a la migración rural, estaba hacinada en barrios marginales y sin acceso a servicios básicos. Esta situación, combinada con la falta de oportunidades económicas, desembocó en un clima de tensión social y en el aumento de la delincuencia.
A pesar de estos problemas, la dictadura de Primo de Rivera logró impulsar algunas obras de infraestructura, como la construcción de carreteras y la mejora de las comunicaciones. Pero estas inversiones no estuvieron dirigidas a solucionar los problemas de la población, sino más bien a demostrar la capacidad del régimen para llevar a cabo proyectos de “modernización”. Además, la dictadura impuso una fuerte represión política y social, silenciando cualquier voz disidente y controlando la vida de los ciudadanos. El control de los partidos políticos, la censura de la prensa y la utilización de la fuerza para reprimir las manifestaciones y las huelgas son elementos clave de la experiencia granadina bajo la dictadura. La falta de libertades y la opresión política generaron un sentimiento de frustración y resentimiento en la población, que esperaban un cambio radical.
Opinión Crítica de Granada Durante La Dictadura De Primo De Rivera (1923-1930)
Hidalgo Álvarez ofrece un análisis crítico y bien fundamentado de la experiencia granadina bajo la dictadura de Primo de Rivera. El autor desmonta la imagen propagandística del régimen, mostrando la realidad de la vida cotidiana de la ciudad y la de sus habitantes. Señala la contradicción entre los objetivos de modernización y la perpetuación de las desigualdades sociales y la opresión política. La obra es una advertencia sobre los peligros del autoritarismo y sobre la necesidad de que los gobiernos escuchen las demandas de la población. El libro es una lectura fundamental para entender la historia de España y para reflexionar sobre los desafíos que plantea la transición hacia la democracia.
Sin embargo, el autor podría haber profundizado en el análisis de las relaciones entre el régimen y la Iglesia católica, que jugó un papel importante en la vida social y política de Granada. La influencia de la Iglesia en la educación, la moral y la asistencia social, así como su relación con el gobierno, son aspectos que merecerían una mayor atención. Además, el libro podría haber explorado con mayor detalle el papel de las clases medias en la transformación de Granada. Estas clases, que se beneficiaron de la industrialización y el comercio, jugaron un papel importante en la configuración de la sociedad granadina y en la resistencia al régimen. No obstante, la obra de Hidalgo Álvarez es un trabajo riguroso y bien documentado que aporta una valiosa visión sobre la experiencia de Granada durante la dictadura de Primo de Rivera. Se recomienda su lectura a todos aquellos interesados en la historia de España y en los desafíos de la modernización y la democratización.
