César Aira, conocido por su estilo desafiante y su capacidad para subvertir las convenciones narrativas, regresa con “Fulgentius”, una novela histórica que, a primera vista, parece un relato de la época dorada del Imperio Romano. Sin embargo, tras esta ambientación épica se esconde un proyecto de proporciones cósmicas, impulsado por la idiosincrasia de un personaje tan peculiar como fascinante: Fulgentius, un common legionario con la ambición de convertirse en el gran dramaturgo de su tiempo. La obra de Aira no se limita a narrar una campaña militar, sino que ofrece una profunda reflexión sobre la
titulada, con una grandiosa y pomposa precisión, «La Agonía del Tácito». La pieza, según revela la novela, busca explorar la complejidad de la vida de un soldado romano, desde la dura realidad de las campañas militares hasta la melancolía del servicio, y culminando con un desenlace trágico inevitable. Lo que inmediatamente resulta inusual es el hecho de que Fulgentius, a pesar de su edad y su posición social, ha convencido a la legión y al coro regional de actores de que su obra es una verdadera obra maestra.
La pieza es extraordinariamente larga, y para su realización, Fulgentius exige un elenco de actores de calibre, con un casting exhaustivo que se extiende por todo el territorio. No solo busca ingenios, sino también guerreros «recio» para el papel de la heroína, y para ello se dedica a organizar sesiones de entrenamiento en combate, pero también seminarios sobre actuación, a los que acuden también miembros de la legión. A medida que avanza la obra, se revelan detalles absurdos sobre la planificación de la producción, la insistencia de Fulgentius en la fidelidad a la “verdad” de su experiencia, y su creciente paranoia ante cualquier crítica o duda. La producción se convierte en un microcosmos del Imperio Romano, con sus intrigas, sus ambiciones, y su incapacidad para comprender el valor del arte fuera de las preocupaciones de poder.
Además de la escritura y la producción de la tragedia, Fulgentius se dedica a impartir lecciones de teatro, con la ayuda de los actores y de los propios legionarios, lo que crea una atmósfera de caos y confusión en el campamento. Su objetivo, sin embargo, es inquebrantable: llevar su obra al máximo del éxito, y para ello está dispuesto a todo. Además de las sesiones de entrenamiento en combate, también organiza seminarios de actuación, con la ayuda de los actores y de los propios legionarios, lo que crea una atmósfera de caos y confusión en el campamento. A medida que avanza la obra, se revelan detalles absurdos sobre la planificación de la producción, la insistencia de Fulgentius en la fidelidad a la “verdad” de su experiencia, y su creciente paranoia ante cualquier crítica o duda.
La obra de Fulgentius, “La Agonía del Tácito”, es una mezcla caótica de elementos históricos y de la imaginación del propio Fulgentius. La trama se centra en las desventuras de un joven soldado romano, Tácito, cuya vida es un reflejo de las propias luchas de Fulgentius. La tragedia, con diálogos grandilocuentes y escenas de batalla exageradas, es a la vez un retrato de la sociedad romana y una forma de auto-expresión para el common. La obra, aunque plagada de errores de lógica y de convenciones teatrales arcaicas, ha capturado la atención del ejército, quienes ven en Fulgentius un visionario.
Sin embargo, la producción de la obra está plagada de problemas, desde la falta de financiamiento hasta la dificultad de encontrar actores que se ajusten a las exigencias de Fulgentius. El common, obsesionado con su obra, se dedica a organizar castings, a controlar el elenco y a dirigir la producción, lo que causa un gran malestar en la legión. La obra es un reflejo de las propias luchas de Fulgentius, quien intenta imponer su visión del mundo al ejército y al mundo. Con el tiempo, se llega a la conclusión de que la obra, aunque compleja y con un mensaje profundo, es muy superficial y con personajes que, para ser más convincentes, debían ser más arriesgados, más rebeldes y más humanos.
La obra es un reflejo de las propias luchas de Fulgentius, quien intenta imponer su visión del mundo al ejército y al mundo. Con el tiempo, se llega a la conclusión de que la obra, aunque compleja y con un mensaje profundo, es muy superficial y con personajes que, para ser más convincentes, debían ser más arriesgados, más rebeldes y más humanos. La situación se agrava con la llegada de un emisario imperial, que pretende evaluar la obra y su potencial para la propaganda del imperio, lo que añade otra capa de intriga a la historia.
Opinión Crítica de Fulgentius
César Aira, como siempre, desafía las expectativas del lector con «Fulgentius», ofreciendo una novela que es tanto un comentario sobre el arte y el poder, como una sátira sobre la vanidad y la pretensión. La novela es una verdadera idiosincrasia en el catálogo de Aira, y su lectura es una experiencia única. La novela es un triunfo de la escritura, con un estilo brillante y una narrativa que se mueve entre la parodia, la desviación y el azar.
Natasha Wimmer, de New York Era, señala acertadamente que Aira es uno de los novelistas más provocativos e idiosincrásicos de la literatura en lengua española. La novela, con su estructura caótica y sus personajes memorables, es una «obra maestra de la parodia», y su lectura es una experiencia única. «El modo en que Aira recoge el guante de las convenciones narrativas y las diluye en un cruce de ejes con la naturaleza entrópica de la vida es maravilloso», comenta Nadal Suau en El Societal. Carlos Pardo, de Babelia, concluye que «Si Marcel Duchamp puso patas arriba la institución Arte, no es exagerado decir que cada nuevo libro de César Aira hace lo propio con la Literatura, a veces con herramientas afines: la parodia, la desviación y el azar». «Fulgentius» es una novela que merece ser leída, no solo por su originalidad, sino también por su capacidad para hacernos reflexionar sobre la naturaleza del arte y la condición humana.
