El libro de Martínez González se articula en torno a una evolución histórica del derecho que comienza con el
(como el romano o el fenicio) en la transmisión de ideas y prácticas jurídicas, y la emergencia del
que han surgido en torno a esta cuestión. Examina las posturas del primitivismo jurídico, del positivismo jurídico y del historicismo jurídico, mostrando las fortalezas y debilidades de cada una de ellas. Además, aborda las controversias que han surgido en torno a la cuestión de la “origen del derecho”, y defiende una aproximación más flexible y abierta al análisis de los datos. El libro, por lo tanto, no solo ofrece un relato histórico, sino también una reflexión crítica sobre los fundamentos del estudio del derecho.
La estructura del libro es rigurosa y la exposición de los conceptos es clara, lo que facilita la comprensión del lector. Martínez González no se conforma con una simple enumeración de hechos históricos, sino que establece una
es, sin duda, uno de los aspectos más destacados del libro. Martínez González expone con detalle la complejidad de este fenómeno, mostrando cómo el Ius Commune no era simplemente una colección de normas jurídicas aisladas, sino un sistema jurídico integrado que abarcaba una amplia gama de cuestiones, como la propiedad, la herencia, el matrimonio, los contratos y los delitos. El autor analiza las características del Ius Commune en sus diferentes etapas de desarrollo, desde su origen en las comunidades rurales hasta su consolidación en las ciudades, y analiza las causas de su expansión y de su eventual desaparición. El libro ofrece una visión más completa y matizada del Ius Commune, que supera las interpretaciones simplistas y anacrónicas que a menudo se encuentran en la literatura jurídica.
El autor también dedica una atención considerable a la influencia de las ideas religiosas en el desarrollo del derecho. Examina cómo la religión, especialmente el cristianismo, influyó en la concepción de la justicia, en la regulación de la vida social y en la administración de la pena. Analiza cómo la Iglesia católica, como institución política y jurídica, participó activamente en la formulación de normas jurídicas, y cómo la religión influyó en la interpretación y en la aplicación de estas normas. El libro ofrece una perspectiva interdisciplinaria que permite comprender mejor la complejidad del relación entre el derecho y la religión.
Además, Martínez González aborda la cuestión de la acción de los juristas en la formación del derecho. Analiza cómo los juristas, que eran miembros de las órdenes monásticas y de las escuelas de derecho, participaron activamente en la formulación de normas jurídicas, y cómo sus opiniones influyeron en la interpretación y en la aplicación de estas normas. El autor pone de manifiesta la importancia de considerar el papel de los juristas como agentes históricos, y destaca la necesidad de estudiar sus actividades de manera crítica y detallada.
Opinión Crítica de Formacion Historica Del Derecho: Del Primitivismo Juridico Al Ius Commune
El libro de Martínez González es, en general, una obra de gran calidad, que representa un avanzado significativo en el estudio de la formación histórica del derecho. El autor ha logrado presentar una síntesis exhaustiva de la evolución del derecho desde la Prehistoria hasta la Baja Edad Media, y ha abordado los conceptos y las cuestiones clave de una manera clara y precisa. Sin embargo, es importante reconocer que el libro tiene algunas limitaciones que deben ser tenidas en cuenta al leerlo.
Una de las principales limitaciones del libro es su énfasis en el derecho romano. Si bien el derecho romano ha jucado un papel fundamental en la formación de los sistemas jurídicos occidentales, el autor podría estender su análisis a otras civilizaciones jurídicas, como la persa, la griega o la egipcia. La excesiva concentración en el derecho romano podría llevar a una interpretación anacrónica del derecho en general, y a una subestimación de la riqueza y de la diversidad de los sistemas jurídicos que existen en el mundo.
Además, el libro podría beneficiarse de una mayor atención a los aspectos materiales del derecho. Si bien Martínez González aborda algunos de estos aspectos, podría profundizar en el análisis de las instituciones materiales que sustentaban el derecho, como la propiedad, la tenencia, el comercio y la agricultura. El derecho no es solo un conjunto de normas, sino también un sistema de instituciones y de relaciones materiales que lo hacen funcionar. Una mayor atención a los aspectos materiales permitiría una comprensión más holística del derecho.
Por último, el libro podría ser más crítico con algunas de las suposiciones del primitivismo jurídico. Si bien es verdad que en las sociedades prehistóricas y en las primeras civilizaciones el derecho se basaba en la tradición, en la costumbre y en la religión, es importante reconocer que este tipo de derecho a veces era limitado, ineficaz e injusto. Un enfoque más crítico permitiría una comprensión más realista de la evolución del derecho, y de los desafíos que ha enfrentado a lo largo de la historia.
Recomendaciones: El libro es un excelente punto de partida para aquellos que deseen adentrarse en el estudio de la formación histórica del derecho. Se recomienda leerlo en conjunto con otras obras del tema, y desarrollar un enfoque crítico y holístico que tome en cuenta la riqueza y la diversidad de los sistemas jurídicos que han existido a lo largo de la historia. Sería valioso complementar el estudio con el análisis de fuentes primarias cuando estén disponibles, para una comprensión más profunda de los contextos históricos y culturales en los que se desarrolló el derecho.

