La trama se centra en el asesinato brutal de un varón de mediana edad, encontrado desnudo en una playa de Formentera. La Guardia Civil, dirigida por Bevilacqua y Chamorro, se enfrenta a un caso aparentemente sencillo que rápidamente se complica. Los primeros testimonios apuntan a que la víctima, un ciudadano vasco condenado por colaboración con ETA, había estado frecuentando locales de ambiente gay en Ibiza. Esta información añade una capa de complejidad al caso, y Bevilacqua sospecha que el asesinato no es un simple acto de violencia aleatorio. A medida que la investigación avanza, se revela que el difunto tenía conexiones con el mundo del terrorismo y que su pasado está marcado por una «guerra» en el País Vasco.
La investigación se complica aún más cuando los jefes de Bevilacqua lo informan de la peculiaridad del muerto: una condena por colaboración con ETA. Esto lo lleva a comprender que el caso no parece un caso más. Bevilacqua se adentra en un laberinto de secretos y mentiras, con la ayuda de su compañero Chamorro, buscando pistas que lo lleven a la verdad. La investigación se mueve desde la isla de Formentera hasta el corazón de Guipúzcoa, donde reside la víctima, y donde Bevilacqua se enfrenta a sus propios fantasmas del pasado.
Para esclarecer el crimen, Bevilacqua y su equipo deben trasladarse a Guipúzcoa, un lugar que conoce bien por su implicación casi treinta años atrás en la lucha antiterrorista. Este viaje no solo lo lleva a la zona de residencia del difunto, sino que también lo obliga a confrontar sus propios recuerdos y experiencias del pasado, una época en la que se vio envuelto en una «guerra» contra los terroristas. La visita a Guipúzcoa, un lugar marcado por la violencia y la confrontación, es el punto de inflexión de la novela, donde Bevilacqua se ve obligado a enfrentarse a sus propios demones. Este viaje, además, está incluso conectado a una analogía con la narración de Tucídides sobre la ciudad de Corcira (Corfú), donde una guerra entre ciudadanos reveló las profundidades de la desconfianza y la polarización social. La conexión entre la guerra antigua y el crimen moderno añade una dimensión metafórica a la narrativa, invitando al lector a reflexionar sobre la naturaleza de la violencia y el impacto de la guerra en la sociedad.
La investigación de Bevilacqua y Chamorro en Guipúzcoa se centra en la figura del difunto, cuyo pasado está ligado a la lucha antiterrorista. Descubren que la víctima era un antiguo colaborador de ETA, lo que indica que el asesinato podría estar relacionado con viejas rencillas o venganzas. Mientras investiga, Bevilacqua se enfrenta a la desconfianza del entorno de la víctima, un ambiente marcado por la historia y la tensión. Se da cuenta de que la verdad está oculta bajo capas de mentiras y secretos, y que la resolución del caso podría tener consecuencias peligrosas.
El subteniente, que ha estado involucrado en el mundo del terrorismo en un pasado lejano, se ve obligado a confrontar sus propios actos y decisiones. La novela explora de manera sutil y efectiva sufre de culpa y arrepentimiento, lo que lo lleva a cuestionar su propia identidad y su papel en la sociedad. La desconfianza del entorno de la víctima, que se muestra reticente a colaborar con la investigación, agrava aún más la situación, y Bevilacqua debe utilizar todo su ingenio y experiencia para superar este obstáculo.
Bevilacqua, con el tiempo, se da cuenta de que el caso no es simplemente un asesinato, sino un reflejo de la desconfianza y la polarización que han marcado la historia de España. El entorno de la víctima, muchos de ellos antiguos miembros de ETA o de grupos antiterroristas, desconfían profundamente de las instituciones y de las autoridades. Esta desconfianza, que se remonta a la época de la «guerra», se manifiesta en forma de silencio, evasivas y, en ocasiones, de abierta hostilidad. Bevilacqua, que estaba involucrado en este entorno en un pasado lejano, se da cuenta de que la desconfianza es un ciclo vicioso que puede destruir a una sociedad.
Opinión Crítica de El Mal De Corcira: Una Obra de Maestra
«El Mal De Corcira» es una novela que, sin duda, destaca por la maestría con la que Lorenzo Silva construye su historia. La novela no es solo un thriller policial, sino también una reflexión profunda sobre la naturaleza de la justicia, la memoria y la responsabilidad. La escritura de Silva es precisa y evocadora, y su capacidad para crear atmósferas tensas y perturbadoras es sobresaliente. Es una obra que requiere de un lector que aprecie las novelas con personajes complejos y un argumento bien construido.
La novela se distingue por su realismo y su complejidad. El autor explora con una maestría sorprendente los dilemas éticos y psicológicos que enfrentan los agentes de la Guardia Civil. La figura de Bevilacqua es especialmente interesante, ya que se presenta como un hombre atormentado por su pasado y por las decisiones que tomó en la lucha contra el terrorismo. La novela no idealiza al personaje, sino que lo muestra como un hombre vulnerable y con defectos, lo que lo hace aún más creíble. El autor, como lo hacía Carré en sus novelas de espionaje, se centra en los detalles y en la psicología de los personajes, creando así una historia que se siente muy real.
Si bien la novela es una obra de gran calidad, es importante destacar que también puede resultar difícil de leer para algunos lectores. La trama es compleja y requiere de un lector que esté dispuesto a invertir tiempo y esfuerzo en comprenderla. Además, la novela aborda temas delicados como la violencia, el terrorismo y la desconfianza, lo que puede resultar perturbador para algunos lectores. Sin embargo, para aquellos que estén dispuestos a enfrentarse a estos temas, «El Mal De Corcira» ofrece una experiencia de lectura inolvidable. Para muchos, como lo afirma Antonio Muñoz Molina, es una obra que se asemeja al trabajo de Carré, y por eso es tan impactante y memorable. Recomendado para los amantes de los thrillers policiales con un trasfondo histórico y psicológico.

