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Carlos Giménez, uno de los pilares fundamentales del cómic español, sigue demostrando su inagotable vitalidad y maestría creativa a la asombrosa edad de 80 años. Su legado, construido sobre décadas de innovación y compromiso con la historia y la imaginación, se consolida con obras como “El Inmortal”, un álbum que, como tantas otras de su prolífica carrera, desafía las convenciones y nos invita a reflexionar sobre el presente y el futuro. La obra, publicada por Reservoir Books, representa no solo una vuelta de tuerca en su estilo inconfundible, sino también una declaración de intenciones: una sátira impenitente sobre el mundo que nos espera, un espejo deformante pero necesario para confrontar nuestras propias ambiciones y temores.
“El Inmortal” es, en esencia, una oda a la capacidad de imaginación y una poderosa crítica social. Giménez, con su inconfundible lenguaje visual y narrativo, nos ofrece una experiencia que va más allá del simple entretenimiento. Es un viaje a través del tiempo, un ejercicio de pensamiento que nos cuestiona sobre nuestra humanidad y nuestra relación con el futuro. La obra es un triunfo del tebeo como forma de expresión, un ejemplo brillante de cómo esta narrativa gráfica puede abordar temas complejos de manera accesible y, sobre todo, impactante.
La historia se centra en Homobono Santos Casas, un humilde y aparentemente insignificante individuo que, de manera inesperada, se encuentra con la oportunidad de ser inmortal. No es una invención científica, ni un pacto con el diablo, sino un regalo, una concesión inexplicable que lo convierte en un ser a salvo del paso del tiempo. Antes de recibir este inmenso don, Homobono es sometido a una prueba: un salto temporal de cien años al futuro. Esta experiencia, aparentemente banal, resulta ser un catalizador que transforma su percepción de la humanidad y de la vida eterna. El futuro que contempla no es un paraíso tecnológico y utópico, sino una sociedad marcada por la deshumanización, la desigualdad y una obsesión desmedida con el progreso material.
Al regresar del futuro, Homobono, ahora inmortal, decide, sin dudarlo, utilizar su don para preservar su existencia. Su elección, aparentemente simple, desencadena una serie de acontecimientos que lo llevan a observar de cerca las consecuencias de la humanidad a lo largo del tiempo. No se limita a ser un espectador pasivo, sino que se involucra activamente en la historia, tratando de influir en los acontecimientos para evitar los peores escenarios que ha presenciado. Su eterna juventud, lejos de ser una bendición, se convierte en una carga, una responsabilidad que lo enfrenta a la cruda realidad de la humanidad y a la aparente futilidad de la existencia. La novela se convierte entonces en una reflexión profunda sobre la naturaleza del tiempo, la moralidad y el destino.
El relato se desarrolla a través de múltiples temporalidades, saltando entre el presente de Homobono, su paso por el futuro y las descripciones de los distintos periodos en los que ha permanecido inmortal. Estas saltos no son solo elementos narrativos, sino que son fundamentales para comprender la lógica de la historia. A través de ellas, Giménez recorre la historia de la humanidad, desde sus albores hasta épocas futuras distópicas, ofreciendo una visión crítica del desarrollo de la sociedad. No rehúye las contradicciones, las injusticias y la violencia que han marcado la historia, y presenta estas situaciones con un realismo implacable, lo que contribuye al impacto de la obra.
El viaje de Homobono no es un paseo por maravillas futuristas, sino una constante confrontación con la deshumanización y la pérdida de valores. Observa cómo la tecnología, que prometía liberar a la humanidad, se convierte en una herramienta de control y dominación. Presencia guerras, hambrunas, crisis económicas y la desintegración de la comunidad. El efecto más impactante de sus viajes no son las imágenes espectaculares, sino la constatación de que, pese a todos los avances, la esencia de la humanidad, la capacidad de empatía, de bondad y de solidaridad, parece haberse marchitado. Homobono, con su inmortalidad, se convierte en un testigo silencioso de esta trágica evolución.
Opinión Crítica de El Inmortal:
“El Inmortal” es una obra maestra del tebeo español, una demostración de la genialidad y la versatilidad de Carlos Giménez. Su dibujo en blanco y negro, caracterizado por líneas precisas y un uso expresivo del sombreado, no solo acompaña con perfección el relato, sino que también influye en la atmósfera y el tono de la obra. El estilo de Giménez, fiel a si misma, evoca algunos de los grandes maestros de la ciencia ficción de H.G. Wells y lo transporta a una era prehistórica de las historietas, desafiando las convenciones del género.
La narrativa es compleja y multifacética, invitando al lector a reflexionar sobre una variedad de cuestiones. El uso del viaje en el tiempo no es simplemente una herramienta para narrar una historia interesante, sino que sirve para examinar la naturaleza humana y la relación entre el pasado, el presente y el futuro. Giménez, con su estilo irónico y despiadado, nos obliga a confrontar nuestras ambiciones y temores, y a preguntarnos si la «evolución» de la humanidad es realmente un progreso.
“El Inmortal” es una lectura obligada para los amantes del tebeo, para los aficionados a la ciencia ficción y para aquellos que buscan una obra que les haga pensar. Carlos Giménez, a sus 80 años, nos ofrece una obra completa, brillante y con un mensaje profundo. Es una obra que ha sido reivindicada como unmustdel tebeo español, con la capacidad de generar una reflexión de largo alcance sobre la condición humana. Recomendado al 100%.
