La historia se centra en Sean Bennett, un científico relativamente insignificante que trabaja en un laboratorio secreto dedicado al desarrollo de una máquina del tiempo. Sean no es un héroe carismático ni un genio brillante; es, en esencia, un “easy operario” en un entorno de alta tecnología, un individuo con problemas y una profunda tentación de volver atrás en el tiempo para corregir errores personales. La máquina del tiempo, un prototipo aún en fase experimental, se convierte en el foco de la atención de la agencia gubernamental que financia el proyecto, y la misión inicial es, como mínimo, una prueba de concepto.
Pero todo cambia cuando Sean se topa con una versión futura de sí mismo, un Sean desaliñado, cansado y obsesionado con la corrección temporal. Este «futuro Sean» le insta a usar la máquina para evitar un evento catastrófico que se ha producido en su vida, en particular, la muerte de su esposa, Sara. A pesar de las advertencias iniciales sobre las posibles consecuencias, la irresistible tentación de salvar a Sara consume a Sean, quien decide seguir el consejo del futuro de sí mismo y activar la máquina. Lo que no sabe es que al hacerlo, está desencadenando una serie de eventos que alteran fundamentalmente el flujo del tiempo, creando múltiples líneas temporales y generando un caos temporal de proporciones épicas. La primera manipulación en el pasado provoca cambios significativos en el presente, creando nuevas versiones de la realidad, algunas agradables, otras terribles, y revelando una conspiración mucho mayor de la que Sean jamás podría haber imaginado.
La narrativa se centra en la lucha de Sean para comprender y controlar las ramificaciones de sus acciones. La paradoja se vuelve una herramienta constante, y cada intento de «arreglar» el pasado empeora la situación, generando realidades alternativas cada vez más extrañas y peligrosas. El futuro Sean se convierte en un antagonista, no por maldad inherente, sino por la necesidad desesperada de mantener el control sobre el tiempo y la estabilidad de la realidad. A medida que Sean intenta deshacer los errores que ha cometido, descubre que está atrapado en una red de manipulaciones temporales, donde la verdad es un bien escaso y la confianza es un lujo que ya no puede permitirse. La historia explora temas de responsabilidad personal, las consecuencias de nuestros actos y la naturaleza subjetiva del tiempo. La trama está salpicada de
. Se puede recomendar a cualquiera que busque una lectura divertida y entretenida, pero también a aquellos que estén interesados en explorar temas más profundos sobre la naturaleza del tiempo y la realidad. El arte de Karl Mostert complementa a la perfección la narrativa, con un estilo vibrante y dinámico que se adapta a la acción y al humor de la historia. La combinación de estos dos talentos resulta en una lectura muy gratificante, y «El Hombre Que J*&%Io El Tiempo» es un ejemplo de cómo los cómics pueden ser mucho más que simples historias de superhéroes. Se considera, sobre todo, un buen tributo a la clásica ciencia ficción que nos hace cuestionar nuestra realidad.

