La historia comienza con la compra del Castillo de Canterville por parte de la familia Otis, una familia estadounidense de clase alta, caracterizada por su materialismo y su falta de sensibilidad ante lo antiguo o lo sagrado. Mr. y Mrs. Otis, junto con sus dos hijos, Huerta y Virginia, se adentran en el pánico ante la presencia del Fantasma de Lord Simon Canterville, un espectro de leyenda local, conocido por su furia, su obsesión por la justicia y su deseo de vengar la muerte de su esposa. El fantasma, cuyo cuerpo nunca fue encontrado, es descrito con un detalle macabro que enfatiza su naturaleza amenazante y su persistencia. El anciano Sr. Alfred Canterville, el último herede del castillo, se siente devastado por la compra, pues ha dedicado su vida a preservar la memoria de su familia y a proteger la maldición que pesa sobre el lugar.
A pesar de las insistentes advertencias del Sr. Canterville y del ambiente opresivo que se cierne sobre el castillo, los Otis, con una confianza descarada, deciden mudarse y formar su hogar en este edificio antiguo. Desde el principio, se comportan de manera totalmente desconcertante para el fantasma, que espera, con una impaciencia creciente, que los aterrorice y los obligue a huir. El fantasma, desilusionado por la indiferencia y el sarcasmo de los Otis, no intenta intimidarlos; más bien, se limita a observar su comportamiento con una mezcla de incredulidad y exasperación. Virginia, la hija mayor, es la única que muestra un mínimo de interés en la historia del fantasma, pero incluso ella se ve rápidamente abrumada por la naturaleza infantil y, francamente, tonta, de sus padres y hermanos.
A medida que los días transcurren, los Otis, ajenos a la verdadera naturaleza de la amenaza que representa el fantasma, comienzan a intentar incorporarlo a su vida cotidiana. Intentan usarlo como una curiosidad, como un «pista» para los niños, y, en un momento de desconcierto, incluso intentan «instruirlo» en el arte de ser aterrorizado. El resultado es una comedia de errores, donde el fantasma, incapaz de comprender el comportamiento de los Otis, se siente cada vez más frustrado y desorientado. Huerta, el hijo mayor, es particularmente ingenioso y, con una mezcla de fascinación y desdén, se dedica a «descomponer» al fantasma, interrumpiendo sus intentos de aterrorizar a la familia.
La situación culmina en una serie de eventos absurdos y cómicos. El fantasma, en un momento de exasperación, se cae al intentar escalar una escalera y, en otro, se queda atrapado en una pequeña habitación. Los niños, a pesar de su inocencia, disfrutan enormemente de las desventuras del fantasma, y lo convierten en un juguete más, una fuente de diversión y entretenimiento. El Sr. Canterville, viendo la situación, se da cuenta de que el fantasma ha sido derrotado no por el miedo, sino por la alegría, la ignorancia y el desinterés de los Otis.
La novela se estructura en torno al choque entre dos mundos: el mundo de la tradición, la historia y la moralidad, representado por el Sr. Canterville y el fantasma, y el mundo de la modernidad, el materialismo y el hedonismo, personificado por los Otis. El fantasma no es una amenaza sobrenatural que exige un respeto reverente; es, en esencia, una víctima de la falta de entendimiento y de la incapacidad de la sociedad para apreciar la importancia de lo que ya no es relevante. La trama, aunque aparentemente sencilla, es un ejercicio de sátira social y de crítica a la cultura victoriana, que valora el honor, la reputación y la tradición por encima de la razón, la humanidad y la felicidad.
El estilo de Wilde, caracterizado por el irónico, el sarcástico y el ingenioso, se refleja en cada página del libro. Su prosa es elegante y precisa, y sus diálogos están llenos de ingenio y de juegos de palabras. El autor utiliza el humor para desmitificar la idea del miedo, para exponer la hipocresía de la sociedad y para invitar al lector a reflexionar sobre la naturaleza del bien y del mal. La figura del fantasma no es simplemente un espectro vengativo; es un símbolo de la pérdida y de la inevitabilidad del cambio. Su permanencia en el castillo representa la persistencia de un pasado que ya no puede ser alterado, mientras que la desaparición de su cuerpo representa la consecuencia del progreso y del olvido.
La transformación del castillo, de lugar amado por la familia Canterville, a un simple juguete para los niños Otis, es la culminación de esta crítica. Wilde nos muestra que la verdadera «maldición» no reside en el fantasma, sino en la incapacidad de una sociedad para entender y respetar el pasado. El humor de la novela no es simplemente un recurso estilístico; es un arma que Wilde utiliza para desarme el lector y para conmoverlo al final. El autor nos recuerda, a través de la historia de Lord Simon Canterville, que la verdadera valentía no reside en la capacidad de temer, sino en la capacidad de aceptar y abrazar la vida con alegría y con humanidad. El final, donde el fantasma se limita a observar la felicidad de los niños, es un acto de paz y de resignación.
Opinión Crítica de El Fantasma De Canterville
«El Fantasma de Canterville» es una obra maestra de la comedia y de la crítica social. Wilde logra crear un mundo ficticio que es a la vez ridículo y profundamente realista, un mundo donde los personajes son tan memorables como los temas que exploran. La novela no es solo una historia de fantasmas; es una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y sobre las contradicciones de la sociedad. La capacidad de Wilde para equilibrar el humor y la seriedad es verdaderamente admirable, y su obra sigue siendo tan relevante hoy en día como lo fue en su época.
La novela se destaca por su ingenioso desarrollo de personajes. Los Otis son, sin duda, los personajes más memorables de la obra. Su desconocimiento de lo sobrenatural, su falta de sensibilidad y su desinterés por la historia son símbolos de la modernidad y del materialismo. El fantasma, por su parte, es un personaje complejo y contradictorio, que oscila entre la frustración y la resignación. El Sr. Canterville es, en cambio, un personaje trágico, un hombre que se siente desamparado por su tiempo. La interacción entre estos personajes genera situaciones cómicas y emotivamente resonantes. La novela es una celebración del ingenio y de la capacidad de Wilde para crear personajes memorables.
«El Fantasma de Canterville» es una obra que desafía al lector a pensar críticamente sobre el mundo que lo rodea. Es una novela que invita a la reflexión, que nos recuerda que el verdadero miedo no es el fantasma en sí, sino la falta de entendimiento y de empatía. La novela es un homenaje a la capacidad humana para la alegría y el humor, incluso en las circunstancias más desfavorable. La edición publicada por Funambulista, con su traducción y presentación impecables, es una oportunidad única para redescubrir o descubrir por primera vez esta joya de la literatura inglesa. Se la recomienda a lectores que aprecien la sátira, el ingenio y la profundidad.


