La historia se centra en Élodie, una joven de espíritu introspectivo y un gusto por la estética gótica y grunge, que se encuentra en un punto de inflexión en su vida. A dos meses de comenzar la universidad, su madre, impaciente y pragmática, la obliga a aceptar un trabajo como monitora en un campamento de verano. Élodie, completamente desprevenida y sin experiencia en actividades al aire libre, se ve confrontada a un grupo de niñas igualmente excéntricas, todas ellas con un aire de superioridad y una actitud desafiante. Estas «mocosas pelirrojas» (como las describe la narradora) rápidamente la toman como blanco de sus bromas y provocaciones, creando un ambiente tenso y desorientador. A medida que Élodie intenta adaptarse a este nuevo entorno y establecer lazos con la otra monitora, Camille, comienza a experimentar sucesos extraños y perturbadores.
El campamento, situado en un bosque aparentemente tranquilo, empieza a albergar una presencia inquietante. Ruidos inexplicables, sombras danzantes, visiones fugaces. Élodie, inicialmente escéptica, se ve cada vez más convencida de que algo sobrenatural está ocurriendo. La atmósfera se vuelve opresiva, y la línea entre la realidad y la fantasía se desdibuja. La narración se vuelve cada vez más fragmentada y sugestiva, reflejando la creciente inquietud de la protagonista y la intensidad del misterio que la rodea. El bosque, lejos de ser un escenario idílico, se revela como un espacio peligroso y lleno de secretos, donde la historia y la memoria se entrelazan de manera inquietante. La novela explora la idea del
y a la fuerza de la imaginación.



