El Cuerpo Complice se centra en una selección de cuentos de Julio Cortázar, abarcando un periodo crucial de su producción narrativa, desde La otra orilla también hasta Deshoras. Cannavacciuolo argumenta que esta selección, lejos de ser aleatoria, fue elegida estratégicamente para ilustrar una coherente línea de pensamiento en torno a la representación del cuerpo. La autora analiza la manera en que el cuerpo del personaje se convierte en un mediador esencial entre la realidad y lo fantástico, un “espacio intermedio” donde las leyes del mundo conocido se desmoronan y permiten la manifestación de lo inexplicable.
La tesis central del libro reside en la idea de que el cuerpo, en estos relatos, no es solo un lugar físico ocupado por el personaje, sino un receptor activo de la alteridad. El personaje se convierte, por tanto, en un «espejo» de lo extraño, un reflejo distorsionado de una realidad más profunda y, a menudo, amenazante. La autora explora cómo este proceso ocurre a través de la “posición liminar” del personaje: «su posición, sin embargo, no deja indemne al desdichado personaje, ya que, a la vez que se hace cómplice de la dinámica fantástica, es usurpado del dominio acerca de su cuerpo y se convierte en una máscara del invasor acechante”. Esta «posición liminar» está marcada por la desorientación, la pérdida de control y la sensación de estar bajo la influencia de fuerzas externas. En los cuentos, el cuerpo se ve invadido, violado incluso, por lo que no es, transformándose en un terreno de conflicto entre la identidad personal y la amenaza de la alteridad.
La autora detalla cómo el “espacio intermedio” que se crea a través de esta experiencia corporal no es simplemente un lugar de terror, sino también de potencialidad. Es, en cierto sentido, un lugar de encuentro con lo desconocido, un espacio donde se pueden explorar las preguntas fundamentales sobre la existencia, la identidad y la naturaleza de la realidad. Además, Cannavacciuolo ilustra esta afirmación mediante ejemplos concretos de los cuentos analizados, como Los Historias, donde la invasión del cuerpo por la presencia extraña, o Deshoras, donde la pérdida del control corporal se convierte en una metáfora de la pérdida de identidad y el miedo a la dominación.
La lectura de Cannavacciuolo revela una «lógica fantástica» en la que el cuerpo es un instrumento narrativo, una estrategia para aludir a la amenaza y la subversión que se esconde bajo la apariencia de lo cotidiano. Esta «estrategia narrativa» no busca simplemente describir lo extraño, sino que lo hace a través de la distorsión del cuerpo como experiencia narrativa. La autora argumenta que el “espacio intermedio” creado a través de esta experiencia corporal es la forma en que Cortázar alude a la amenaza y a la subversión que se esconde bajo la apariencia de lo cotidiano.
La autora explora cómo, en estos cuentos, el cuerpo no es simplemente el escenario de la acción, sino un «receptor activo» de la alteridad, un medio a través del cual se manifiestan las fuerzas que desestabilizan la realidad. Cannavacciuolo sostiene que el personaje se convierte en un «espejo» de lo extraño, un reflejo distorsionado de una realidad más profunda y, a menudo, perturbadora. Este proceso, a su vez, se alimenta de la «posición liminar» del personaje, donde la identidad se desmorona, la percepción se distorsiona y la posibilidad de la experiencia se transforma en una amenaza.
La autora argumenta que esta «posición liminar» es la clave para comprender la obra de Cortázar. En los cuentos, el personaje experimenta una «incursión» en su propio cuerpo, una violación de su intimidad física y psicológica. Esta invasión no es simplemente una «historia de terror», sino una «metáfora» de la «subversión» de los ordenamientos sociales y de los valores convencionales. El cuerpo, en este sentido, se convierte en un «terreno de conflicto» entre la identidad personal y la amenaza de la alteridad.
Cannavacciuolo subraya que la autora utiliza esta estrategia de forma deliberada, empleando el cuerpo como una «función» de la “lógica fantástica”, un «instrumento narrativo» para aludir a la amenaza y a la subversión que se esconde bajo la apariencia de lo cotidiano. Al distorsionar la percepción del cuerpo, Cortázar invita al lector a cuestionar las bases de su propia realidad y a reflexionar sobre la naturaleza de la identidad y la existencia.
Además, la autora analiza la manera en que Cortázar utiliza el cuerpo para crear una sensación de «desorientación» y «pérdida de control» . Este efecto se logra a través de narrativas fragmentadas, perspectivas múltiples y temas recurrentes, como el sueño, el espejismo y la «máscara». Estos elementos crean un ambiente de «incertidumbre» y «miedo» que intensifica la experiencia narrativa y hace que el lector se sienta en la misma situación de «desorientación» que experimentan los personajes.
Opinión Crítica de El Cuerpo Complice: Los Cuentos De Julio Cortázar
El Cuerpo Complice de Margherita Cannavacciuolo es una lectura reveladora y, en mi opinión, esencial para cualquier persona que desee profundizar en la obra de Julio Cortázar. La autora ofrece una aproximación inédita que, tras décadas de análisis centrados en temas más amplios como la rebeldía y la crítica social, reivindica la importancia del cuerpo como elemento central en la narrativa de Cortázar. La «posición liminar» del personaje, como punto de fricción entre la realidad y lo fantástico, es una “clave” para entender la lógica interna de la obra del autor.
Cannavacciuolo destaca el “carácter instrumental” del cuerpo en la narrativa de Cortázar. La autora argumenta que el cuerpo no es simplemente un “escenario” donde se desarrollan los eventos, sino que es un «receptor activo» de lo extraño. Esta “función” es fundamental para entender el “carácter subversivo” de la obra de Cortázar. Al utilizar el cuerpo como “instrumento narrativo”, Cortázar invita al lector a cuestionar las bases de su propia realidad y a reflexionar sobre la naturaleza de la identidad y la existencia.
No obstante, es importante señalar que el libro no está exento de algunas limitaciones. Aunque Cannavacciuolo realiza un análisis riguroso y detallado, a veces puede resultar un poco “dense” y académico. Algunos lectores pueden encontrar el «flujo» de la argumentación un poco «pesado» al principio, aunque esta densidad es, en mi opinión, una “consecuencia” de la profundidad del análisis.
considero que El Cuerpo Complice es una recomendable lectura. La «perspectiva innovadora» que ofrece Cannavacciuolo abriendo una nueva dimensión de la obra de Cortázar. Además, el libro está «bien escrito» y «ilustrado» con ejemplos concretos de los cuentos analizados, lo que lo hace «accesible» para lectores de diferentes niveles de conocimiento sobre la obra de Cortázar. Sería «ideal» para estudiantes de literatura, investigadores y cualquier persona interesada en comprender la profundidad y la complejidad de la obra de uno de los escritores más importantes del siglo XX. El Cuerpo Complice es un libro que nos ayuda a «ver» Cortázar de una forma nueva y «fascinante».

