“El Cine Después de Auschwitz” examina la emergencia de una tendencia cinematográfica significativa a partir del cambio de milenio, que ha encontrado un eco particularmente fuerte en el circuito internacional de festivales. Esta corriente, que Pena denomina “cine de la ausencia”, se caracteriza por una serie de elementos estilísticos que, en su conjunto, buscan evocar la memoria de los campos de concentración a través de la negación directa de la representación explícita. Esta se manifiesta a través de
en la forma en que los cineastas han abordado el tema del horror. Al rechazar la narrativa lineal y la explicación, Lanzmann nos impone la tarea de confrontar directamente la inefabilidad del trauma. Esta es una tarea que es a la vez conmovedora y frustrante, y Pena la explora con gran sensibilidad y precisión.
Sin embargo, la obra de Pena no está exenta de algunas limitaciones. A veces, el argumento puede parecer un poco abstracto y filosófico, y puede resultar difícil para algunos lectores seguir sus argumentos con claridad. Además, Pena puede ser demasiado crítico con el cine convencional, y puede que no reconozca suficiente el valor de la narrativa tradicional como una forma de abrir el debate sobre temas del horror y la memoria.
No obstante, “El Cine Después de Auschwitz” es una obra importante que debe ser leída por cualquier persona que esté interesada en la historia del cine, en la filosofía del trauma y en la relación entre el arte y la memoria. Recomiendo este libro a cualquier lector que quiera profundizar en los desafíos de representar lo inmensurable, y que esté dispuesto a aceptar que el horror no puede ser capturado por completo en una imagen o una narrativa. Es una lectura necesaria para entender el cine del siglo XXI. La obra sirve, sobre todo, como un recordatorio constante de la responsabilidad que tenemos como espectadores y como creadores.

