La aventura comienza con la brillante, aunque un tanto desastrosa, invención del profesor Bacterio, quien logra aislar el ADN de Leonardo da Vinci. Sin embargo, un inesperado «mistake» resulta en que Mortadelo ingiere el líquido preparado, desencadenando una transformación hilarante. De repente, el valiente (y a veces torpe) agente de la Policía Científica se ve imbuido de la personalidad y la pasión por la pintura del genio del Renacimiento. La transformación es completa; Mortadelo, ahora «Da Vinci», es incapaz de resistirse a la pintura y, sobre todo, se obsesiona con retratar a Ofelia, la joven de su vida.
La situación se complica cuando Bacterio Elizabeth, aprovechando el caos, decide utilizar la alteración para su propio beneficio, intentando apropiarse de las obras de arte del genio. Mortadelo, en su nueva fase artística, se ve envuelto en una persecución llena de pintura, pinceles y, por supuesto, mucho humor. Filemón, como siempre, intenta ofrecer una ayuda poco útil, añegándose al caos con sus acciones despreocupadas. Superlópez, intenta mantener el orden con su habitual habilidad, pero la situación se vuelve aún más absurda cuando se une a la aventura el mismo Leonardo da Vinci, que, al ser “revivido” por la transformación de Mortadelo, se muestra sorprendentemente competente en el arte.
La trama se desarrolla en escenarios que, a la vez, son tanto reconocibles como parodiados; desde el taller de Da Vinci, con su típica desorden, hasta los más simples escenarios de la Policía Científica. El humor radica no solo en las acciones de los personajes, sino también en la parodia de la vida y la obra de Leonardo da Vinci, presentándola de una forma accesible y divertida. La relación entre Mortadelo y Ofelia, en esta nueva interpretación, se convierte en el epicentro de la situación, con la joven intentando comprender las extrañas acciones de su «novio» artistático.
El núcleo de la historia gira en torno a la alteración de Mortadelo, que, como ya se ha comentado, se convierte en una versión de Leonardo da Vinci. La situación es, por decirlo suavemente, caótica. Mortadelo, bajo la influencia del genio renacentista, se entrega a la creación artística sin límites, intentando pintar a Ofelia sin descanso, utilizando toda la disposición a su alrededor. El resultado es una serie de pinturas expresionistas, a veces despectivas y a veces extrañamente detalladas, que contribuyen a la situación cómica.
La intervención de Bacterio Elizabeth se convierte en un factor de agravamiento, quien manipula la situación para robos de arte. En su afán, utiliza la alteración en Mortadelo para asegurar el acceso al taller del genio, y con una serie de acciones maliciosas, pretende asaltar el lugar para robar las obras maestras de la era renacentista. Afortunadamente, Superlópez, con su habilidad y su conocimiento de las estrategias criminales, logra detener a Bacterio Elizabeth y a sus seguidores. La acción final se resuelve con una persecución llena de pintura, con Mortadelo, todavía en modo Da Vinci, intentando depurar a Bacterio Elizabeth, con el acento en una pintura que se convierte en un dispositivo de arresto.
El desenlace, como es habitual en las historias de Mortadelo y Filemón, es típico de la serie; una serie de situaciones absurdas, acciones caóticas y el hilarante intercambio de diálogos entre los personajes. La finalidad es llevar al lector a una situación de risa y alegría, mientras que se aprovecha de la situación de recreación con la historia de Leonardo da Vinci.
Opinión Crítica de Da Vinci, El Pintamona Lisa (Magos del Humor 198)
«Da Vinci, El Pintamona Lisa (Magos del Humor 198)» es, sin duda, una de las entregas más interesantes de la colección “Magos del Humor”. La elección de Leonardo da Vinci como personaje protagonista es original y permite a Bruguera explorar temas como el arte, la creatividad y la genialidad de una forma accesible y divertida. La historia es un ejemplo de la capacidad de la editorial para fusionar elementos históricos con el humor típico de Mortadelo y Filemón, creando una narrativa única y memorables.
El libro no solo es un logro en términos de originalidad, sino que también presenta un excelente ejemplo de cómo Bruguera ha manipulado la tinta para interrogar al lector. Los idiomas de Mortadelo y Filemón se combinan perfectamente con la situación de Leonardo da Vinci. El resultado es un libro que es a la vez divertido y educativo, presentando al lector a uno de los artistas más importantes de la historia de una forma accesible y amena. Es un libro que quizás a pesar de su edad, sigue siendo una excelente lectura para cualquier fan de Mortadelo y Filemón.
En cuanto a la calidad del dibujo, es, como es habitual en Bruguera, excelente. Las ilustraciones son coloridas, dinámicas y llenas de detalles, lo que contribuye a la atmósfera general del libro. El trabajo del dibujante, con su estilo distintivo, logra capturar la personalidad de los personajes de una forma muy efectiva, y también logra transmitir el ambiente de la época renacentista. «Da Vinci, El Pintamona Lisa (Magos del Humor 198)» es un libro que debe tener cualquier coleccionista de “Magos del Humor”, y que sigue siendo una de las mejores entregas de la serie.
