El libro se estructura, fundamentalmente, como una serie de reflexiones acumuladas a través de varios viajes realizados por Octavio Mestre. No es un relato cronológico estricto, sino más bien una
sobre la naturaleza del diseño, la relación entre el arquitecto y su contexto, y la importancia de la memoria en la arquitectura. Mestre utiliza un lenguaje accesible y evita los tecnicismos excesivos, haciendo que el libro sea comprensible para un público amplio, tanto para arquitectos como para estudiantes de diseño, o simplemente para aquellos interesados en la historia del arte y el pensamiento. Además, lo que realmente potencia la lectura es la sensibilidad del autor para conectar la historia con el presente, y la capacidad de comprender que, a pesar del cambio, existen preguntas fundamentales que siguen siendo relevantes.
El libro profundiza en la idea de que la arquitectura no es solo una disciplina técnica, sino un
. Mestre nos recuerda que la arquitectura no es un ejercicio de creación aislada, sino que debe estar informada por el contexto histórico y cultural en el que se produce. No se trata de imitar el pasado, sino de comprenderlo y utilizarlo como fuente de inspiración. El autor nos anima a pensar en la arquitectura como un proceso de interpretación y adaptación, en lugar de una simple reproducción de modelos existentes. Misterios como el de la Formas de Brunelleschi, o el de los sistemas constructivos de los romanos, son abordados, no como datos aislados, sino como elementos para entender los cambios de pensamiento a lo largo del tiempo.
Otro aspecto fundamental del libro es la reflexión sobre el papel del arquitecto como
. Mestre nos recuerda que la arquitectura no es solo una disciplina técnica, sino un arte, una ciencia, una forma de pensar, de sentir, de crear. Nos invita a pensar en la arquitectura como un proceso de diálogo con el pasado, de aprendizaje de la experiencia, de adaptación a las necesidades del presente, de anticipación del futuro. La forma en que Mestre utiliza los viajes como marco para sus reflexiones es una estrategia brillante, que permite al lector conectar con la idea de que el conocimiento se encuentra en el mundo, en la experiencia del viaje, en la observación, en el contacto directo con la naturaleza y con otras culturas.
Si bien el libro puede ser considerado por algunos como un «diálogo repetitivo», esta repetición es precisamente lo que lo hace tan poderoso. Las ideas se refuerzan mutuamente, se tejen entre sí, creando un argumento más sólido y convincente. Además, la estructura fragmentada del libro, aunque puede resultar desconcertante al principio, se revela como una estrategia deliberada para replicar la forma en que el conocimiento se acumula a través de la experiencia y la reflexión. «Cuaderno De Viajes» es una obra imprescindible para cualquier persona que se interese por la arquitectura, el diseño, la historia del arte, o simplemente por la vida. Recomendarlo es, en definitiva, una invitación a ser algo más que una cosa: un ser que reflexiona, que aprende, que se conecta con el pasado para construir el futuro. Es un libro que, como las piedras que Coderch mencionaba, «nos devuelven el cariño que les pones».


