El libro se estructura en torno a la idea central de que el “investment” – en su sentido más amplio, como la inversión de esfuerzos, recursos, ideologías y sueños – es una fuerza determinante en nuestra comprensión del mundo. Keselman argumenta que esta “inversión” no es simplemente económica, sino que engloba la manera en que nos comprometemos con ideas, sistemas de poder, y con la propia noción de progreso. La obra se desarrolla explorando diferentes estrategias de representación de esta inversión, demostrando cómo artistas y pensadores han intentado “ver” el fundamento último del poder, sin caer en simplificaciones o dogmatismos.
La estructura del libro no es lineal; es más bien una serie de “cartografías”, o mapas conceptuales, que se interrelacionan y se superponen. Keselman analiza la obra de artistas como Tarkovsky, considerando su uso del tiempo y la memoria para construir representaciones de la inversión de una sociedad en el pasado y en la moralidad. También explora la producción cinematográfica de figuras como Jim Jarmusch, mostrando cómo, a través de la repetición y la ironía, se cuestiona la inversión de las expectativas narrativas y las estructuras de poder. El libro no se limita al cine; analiza la obra literaria de autores como Murakami, que a través de la construcción de mundos fantásticos y la exploración de lo onírico, permite una inversión en la representación de lo que se considera real, exponiendo las contradicciones inherentes a la búsqueda de la verdad.
Además, Keselman dedica capítulos importantes a las teorías de Michel Foucault, analizando su concepto de “discurso” y su impacto en la construcción del poder. Examina cómo el conocimiento, en lugar de ser una herramienta neutral para la comprensión, puede ser una forma de control y dominación. El libro además, explora las implicaciones de la globalización y la cultura de consumo, mostrando cómo la inversión de recursos y la creación de deseos son fundamentales para el funcionamiento de los sistemas de poder contemporáneos. A través de una rica selección de ejemplos, Keselman ofrece una mirada crítica y provocadora sobre cómo se construye y se mantiene el poder en el siglo XXI. El libro no ofrece respuestas fáciles, sino que, en cambio, nos invita a seguir cuestionando, a explorar las diferentes posibilidades de representación, y a estar atentos a las estrategias que se utilizan para invadir y controlar nuestros pensamientos y acciones.
La obra de Keselman se puede entender como una exploración de la paradoja fundamental: el poder, en su esencia, es intangible, inescrutable, y por lo tanto, la única manera de “verlo” es a través de representaciones que, inherentemente, lo distorsionan o lo simplifican. La autora argumenta que estas representaciones no son meras simulaciones, sino que tienen una realidad propia, que puede afectar y modificar la propia naturaleza del poder. La obra se divide en secciones que exploran diferentes estrategias de «cartografía» de lo absoluto, desde el uso del mito y la leyenda hasta las prácticas de la observación y la documentación.
Un punto central del libro es la idea de que el “investment” no se limita al ámbito económico. Keselman examina cómo la inversión de esfuerzo, de esperanza, de fe, e incluso de dolor, puede ser un motor de poder. Analiza cómo las religiones, por ejemplo, utilizan la inversión de valores y creencias para movilizar a sus seguidores y mantener su influencia. Asimismo, investiga el papel de la memoria colectiva y del patrimonio cultural en la construcción de identidades y en el mantenimiento del poder. La obra también explora las posibilidades de la experimentación y la investigación, mostrando cómo el deseo de “ver” lo absoluto puede llevar a la creación de nuevas formas de conocimiento y a la desafiación de los sistemas de poder establecidos.
La estructura del libro es deliberadamente fragmentada y abierta a la interpretación. Keselman no ofrece una teoría definitiva sobre el poder, sino que presenta un conjunto de herramientas conceptuales y ejemplos concretos que permiten al lector desarrollar su propio pensamiento crítico. El libro es un llamamiento a la pregunta constante, a la duda, y al rechazo de las soluciones simplistas. Al final, “Cartografías de lo Absoluto” no es solo un estudio sobre el poder, sino también un invitación a replantearnos nuestra relación con el conocimiento, la verdad y la realidad. La obra es un ejercicio de reflexión que nos ayuda a comprender que la búsqueda del poder no es una búsqueda de algo externo, sino una búsqueda interna, que transciende la simple representación.
Opinión Crítica de Cartografias De Lo Absoluto
«Cartografías de lo Absoluto» es un libro que, a primera vista, puede parecer abrumador debido a su amplitud y a su enfoque multidisciplinar. Sin embargo, una vez que se permite que su complejidad se asiente, se revela un texto profundamente inteligente y provocador, que ofrece una visión refrescante y necesaria sobre el funcionamiento del poder en el mundo contemporáneo. La obra de Keselman no pretende ofrecer respuestas fáciles, sino que está diseñada para despertar la reflexión y para sugerir nuevas preguntas. Es un libro que se lee mejor cuando se considera una guía para la investigación personal más que un manifiesto definitivo.
La fuerza del libro reside en su capacidad para conectar ideas aparentemente dispares, desde la teoría sociológica de Foucault hasta la estética del cine de Tarkovsky. Keselman demuestra una gran habilidad para integrar estas diferentes perspectivas en un todo coherente y comprensivo. Si bien algunos pueden encontrar su enfoque a veces abstruso, la autora se esforza constantemente para hacer accesibles sus argumentos, utilizando un estilo de escritura claro y conciso. Es un libro que requiere una lectura activa y que está pensada para aquellos que tengan una previa familiaridad con las ideas fundamentales de la sociología, la filosofía y la arte. Se recomienda, de hecho, que el lector tenga al menos una lectura previo de algunas de las obras de Foucault.
«Cartografías de Lo Absoluto» es un libro esencial para cualquier persona que se interese en comprender la naturaleza del poder y su impacto en nuestras vidas. Es una obra que está pensada para un lector crítico y curioso, que esté dispuesto a cuestionar las suposiciones más profundas y a explorar las múltiples formas en las que el poder se manifiesta en el mundo. No es un libro de lectura ligera, pero es una obra que volverá a mantenerme reflexionando durante muchos años. La recomendación final es que se le dé una lectura activa, y que se lo combine con otras lecturas que aborden temas relacionados con la sociología, la filosofía y la teoría del arte.

