La novela se centra en Sebastián, un fotógrafo español que, desde los diecisiete años, ha estado realizando viajes periódicos a Marruecos. Cada tres años, sin comprender completamente el propósito de estos viajes, regresa a este país, sumergiéndose en un ciclo que parece destinado a repetirse indefinidamente. A punto de cumplir cuarenta años, Sebastián inicia su séptimo descenso, un viaje que promete ser diferente.
El itinerario de este viaje es meticulosamente definido: Ceuta, Chauen, Meknés, Fez, Rabat, y finalmente, Marrakech. A lo largo de este recorrido, Sebastián se encuentra con figuras del pasado, tanto reales como fantasmales, figuras que se entrelazan con los recuerdos de sus viajes anteriores. Cada encuentro es un fragmento de un puzzle que busca completar, un paso más hacia la comprensión de la motivación detrás de este ritual de purificación. La novela construye una atmósfera densa, en la que el presente y el pasado se confunden, y la realidad se transforma en una visión mágica y alucinatoria.
El destino final, Marrakech, no es simplemente un lugar geográfico, sino el epicentro de un evento inesperado que, según la intuición de Sebastián, “dará sentido a su ciclo viajero y, en específico, a su vida”. La novela se construye conociendo de una fina red de personajes, algunos con un papel fundamental en la narrativa y otros como detalles que enriquecen la trama. A medida que avanza la historia, se revela la historia de Sebastián, un hombre que ha vivido una vida marcada por el exilio, la soledad y una búsqueda constante de identidad.
La novela explora las raíces de la obsesión de Sebastián con Marruecos, revelando que el “Beslama” – “adiós” en árabe – es, en realidad, una forma de reconciliación con su pasado, un intento de encontrar una conexión con sus orígenes y de entender el significado de su propia existencia. La narración de Gandia Buleo se caracteriza por una estructura fragmentada, que permite al lector reconstruir la historia a medida que avanza la trama, y por un estilo evocador y poético, que crea una atmósfera de misterio y suspensión.
El viaje de Sebastián a través de Marruecos no es solo un desplazamiento físico, sino un proceso de desconstrucción y reconstrucción de su propia identidad. A medida que explora las ciudades y pueblos que conforman su itinerario, se enfrenta a recuerdos, sueños, obsesiones y deseos que lo han marcado a lo largo de su vida. Cada paso en Marruecos representa una nueva oportunidad para comprender el significado de su exilio, su relación con su familia, su trabajo como fotógrafo y, sobre todo, su relación con su propio pasado.
La novela utiliza magistralmente la estructura del viaje para representar la complejidad de la memoria humana. Los paisajes desérticos, las calles laberínticas de las ciudades, los habitantes locales, las conversaciones casuales, todos contribuyen a crear una atmósfera de extrañeza y misterio, en la que la realidad se vuelve fluida y manipulable. Sebastián se encuentra constantemente entre la realidad y la alucinación, y el lector se verá obligado a cuestionar la veracidad de la narración.
El evento central en Marrakech, que finalmente da sentido al viaje, es un encuentro con una figura ancestral, una especie de «espectro» del pasado que le revela la verdad sobre sus orígenes. Esta revelación no es una explicación simple, sino un enfoque que le permite a Sebastián aceptar su pasado y comprender que el “Beslama” no es simplemente un ritual de purificación, sino una forma de perdonarse a sí mismo y a todos aquellos que lo han afectado. El escritor explora con un gran nivel de complejidad y la relevancia de los viajes como fuente de conocimiento existencial.
La novela también contiene elementos de misterio y suspense, ya que el lector se pregunta constantemente sobre el verdadero propósito del viaje de Sebastián, sobre el origen de su obsesión por Marruecos y sobre la identidad de la figura ancestral que aparece en Marrakech. Sin embargo, Gandia Buleo no ofrece respuestas fáciles, sino que deja al lector con muchas más preguntas que al principio.
Opinión Crítica de Beslama: Un Viaje para el Alma
“Beslama” de Pedro Gandia Buleo es una obra desafiante y conmovedora, que requiere del lector una cierta disposición para dejarse llevar por su ritmo pausado y su atmósfera onírica. La novela no es un thriller de suspense ni una novela de aventuras, sino un poema sobre el viaje, la memoria y la identidad. La prosa de Gandia Buleo es rica y evocadora, y su capacidad para crear imágenes mentales impactantes es verdaderamente notable.
La obra se distingue por su profunda reflexión sobre la condición humana. A través del viaje de Sebastián, la novela explora temas universales como la soledad, el exilio, la búsqueda de significado y la aceptación del pasado. La novela se aleja de los clichés del viaje literario, ofreciendo una mirada crítica y introspectiva sobre la naturaleza de los viajes y su potencial para transformar la vida de las personas. La novela no proporciona respuestas fáciles, pero sí invita al lector a reflexionar sobre sus propias preguntas y dudas. Se recomienda la lectura a aquellos que busquen una novela que invite a la introspección y que los haga pensar.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que “Beslama” no es una lectura fácil. La trama es fragmentada y laberíntica, y el ritmo es lento y deliberado. Los personajes son desarrollados de forma sutil y evocadora, y la novela se centra más en la atmósfera y la creación de imágenes mentales que en el desarrollo de una trama tradicional. No obstante, si te sientes atraído por las obras de autores como Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges o Italo Calvino, «Beslama» de Pedro Gandia Buleo te resultará sumamente atractiva.
