El libro se articula en cincuenta piezas, cada una de ellas, a menudo, de extensión muy breve. Esta característica no es casual; resulta ser una herramienta deliberada para evitar la tentación de ofrecer un relato exhaustivo y, por lo tanto, inherentemente simplificado. En lugar de intentar abarcar todos los períodos, conflictos o logros que han marcado la historia andaluza, Peña Díaz opta por una estrategia fragmentaria, que busca incitar a la reflexión y a la investigación. Estas piezas, como fragmentos de un rompecabezas, ofrecen una
y a la investigación continua. Sería valioso, quizás, una edición complementada con mapas y cronologías para facilitar la comprensión del complejo entramado histórico que presenta.
