La novela se centra en un grupo diverso de individuos, cada uno de ellos aparentemente abandonado a su suerte, ya sea por elección propia o por circunstancias imprevistas. No son náufragos en el sentido literal del término, sino que su aislamiento se manifiesta en un desapego emocional y social. Se encuentran en lugares dispares – una cabaña en medio del desierto, un pequeño pueblo abandonado, una isla desierta – pero todos comparten la misma característica: una aparente indiferencia ante el mundo exterior. Estos personajes, en lugar de buscar rescate o compañía, parecen disfrutar de su aislamiento, dedicándose a actividades aparentemente sin propósito, como pintar, escribir, leer o simplemente observar el paisaje.
Uno de los elementos más intrigantes de la novela es la actitud pasiva y reflexiva de estos “náufragos”. No son personajes propensos a la acción ni al conflicto; más bien, se dedican a una
. Una obra maestra, que invita a la reflexión y a una pausada y reflexiva lectura.


