La vida de Matías Barrio y Mier fue una de intensa actividad intelectual y política. Nacido en Oviedo en 1844, se formó en Derecho, lo que le permitió desenvolverse magistralmente en el ámbito legal y académico. Su trayectoria profesional se caracterizó por una serie de logros notables: fue catedrático de Derecho en las Universidades de Oviedo y Madrid, ocupando prestigiosas responsabilidades que consolidaron su posición como uno de los juristas más respetados de su tiempo. Además, su carrera como abogado fue prolífica, ejerciendo la profesión con una competencia reconocida. Pero su influencia no se limitó al ámbito académico y profesional; se convirtió en una figura destacada en la política española, especialmente durante la Restauración.
Su compromiso con el carlismo, una de las principales corrientes políticas de la época, lo llevó a ocupar cargos importantes en el gobierno y la administración. Ejerció como diputado en las Cortes, demostrando una habilidad oratoria y un profundo conocimiento de los asuntos públicos. También desempeñó un papel fundamental como Jefe Delegado en España del Pretendiente Carlos VII entre 1899 y 1909, consolidando la posición carlista en el país. Esta labor diplomática, junto con su participación en la administración pública, refleja su intensa dedicación a la defensa de las tradiciones y los fueros, pilares fundamentales del conservadurismo español. Su vida estuvo marcada por un ferviente nacionalismo monárquico dinástico de Dios, Patria, Rey y Fueros, un ideal que guió sus acciones y su pensamiento.
Más allá de su compromiso político, Barrio y Mier se distinguió como un historiador. Su obra «Historia de las Guerras Carlistas» (1883), escrita en colaboración con otros autores, constituye una obra fundamental para la comprensión de la historia carlista y de las guerras que marcaron la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, su enfoque histórico se caracterizó por un ahistoricismo estatalista, un sesgo que favorecía la exaltación de la monarquía y el ideal de un Estado fuerte y centralizado. Este enfoque, propio de su época, tenía como objetivo legitimizar el poder real y negar la importancia de los factores sociales y económicos en la historia. Asimismo, su pensamiento se nutrió del providencialismo, la creencia en la intervención divina en los asuntos humanos, que justificaba el poder de la Iglesia y de la monarquía.
Además de su compromiso ideológico, Barrio y Mier también se distinguió por su piadosidad ciudadana. Participó activamente en obras de caridad y apoyo a los más necesitados, lo que refleja su profundo sentido de responsabilidad social. Esta faceta de su personalidad, junto con su compromiso con la educación, contribuyó a su reputación como un hombre íntegro y respetado. A pesar de su ferviente nacionalismo y su defensa de los fueros, también demostró un interés por el progreso de su ciudad, Oviedo, participando en proyectos de desarrollo e infraestructuras.
La obra de Barrio y Mier, tal como la describe Vallejo García-Hevia, es un testimonio palpable de las tensiones ideológicas y políticas que caracterizaron la Restauración Española. Su pensamiento, profundamente arraigado en el conservadurismo tradicionalista, refleja una visión del mundo olvidando las transformaciones sociales y económicas de la época. Su compromiso con el uniformismo jurídico político y la centralización administrativa es una evidencia de su deseo de mantener el poder en manos de la monarquía y de la élite tradicional. Sin embargo, la obra también revela la complejidad de su personalidad y la diversidad de sus intereses.
Su participación en la Institución Libre de Enseñanza, a pesar de su inclinación por el conservadurismo, indica una apertura a nuevas ideas y a la modernización del país. La amistad de Barrio y Mier con figuras como Gumersindo de Azcárate o Adolfo Posada, miembros de la Institución Libre, demuestra que su pensamiento no estaba exento de influencias progresistas. Esta interacción entre ideas conservadoras y progresistas refleja la heterogeneidad de la sociedad española de la época y la búsqueda de soluciones a los problemas del país. Su presencia en el Parlamento, donde debatió y defendió sus ideas, es un testimonio de su capacidad como orador y su influencia en la vida política española.
El estudio de la vida de Barrio y Mier, desde la Academia hasta el Parlamento, desde la cátedra hasta los foros y redacciones, muestra un hombre que, a la vez, era un intelectual teórico y un pragmático político. Su experiencia como Jefe Delegado en España del Pretendiente Carlos VII, su presencia en las Cortes y su participación en la administración pública, lo convirtieron en un agente clave en la defensa del conservadurismo y de los fueros. La obra de Vallejo García-Hevia nos permite comprender mejor la dinámica del conservadurismo español y la influencia de figuras como Barrio y Mier en la configuración del país. Esta comprensión es crucial para analizar la historia española del siglo XIX y para entender las raíces de algunas de las tensiones que aún hoy siguen presentes en la sociedad española.
Opinión Crítica de Matias Barrio Y Mier (1844-1909). Un Historiador Del Derecho En L A Cátedra, La Política Y La Guerra:
La obra de Vallejo García-Hevia presenta un análisis exhaustivo y, en gran medida, acertado del pensamiento y la trayectoria de Matías Barrio y Mier. El libro destaca con claridad las contradicciones inherentes a su figura, mostrando que, a pesar de su compromiso con el conservadurismo tradicionalista, también fue un hombre abierto a nuevas ideas y con un profundo sentido de responsabilidad social. Sin embargo, el estudio no escapa a ciertas críticas. Uno de los principales puntos a destacar es la falta de una crítica más explícita del ahistoricismo estatalista que caracterizó al pensamiento de Barrio y Mier. Si bien Vallejo García-Hevia reconoce el sesgo ideológico, podría haber profundizado en las consecuencias de este sesgo para la comprensión de la historia española. Un análisis más crítico de la visión del Estado como garante del orden y la estabilidad, permitiría una comprensión más completa de las limitaciones del pensamiento de Barrio y Mier.
Asimismo, el estudio podría haber explorado con mayor profundidad la relación de Barrio y Mier con la Iglesia, un elemento fundamental de su ideología. Su defensa del uniformismo jurídico político y su creencia en la intervención divina en los asuntos humanos, estaban intrínsecamente ligados a su relación con el clero. Un análisis más detallado de esta relación, y de las tensiones que existían entre la monarquía y la Iglesia, permitiría una comprensión más completa de su pensamiento. Además, el libro podría haberse beneficiado de una mayor contextualización histórica. Es importante recordar que Barrio y Mier vivió en un período de grandes cambios sociales y económicos, y que su pensamiento fue una respuesta a estas transformaciones. Una mayor contextualización histórica, permitiría una comprensión más profunda de sus ideas y de sus motivaciones.
A pesar de estas críticas, el libro esvaliente y ambicioso. Vallejo García-Hevia presenta un análisis riguroso y exhaustivo de la vida y obra de Matías Barrio y Mier. Además, el estudio es un testimonio de la importancia de reexaminar figuras históricas en el contexto de las investigaciones más recientes. Es recomendable que las futuras investigaciones sobre Barrio y Mier se beneficien de las conclusiones y sugerencias planteadas por Vallejo García-Hevia. Es esencial que el estudio de la historia no se limite a la exaltación o demonización de figuras históricas, sino que se caracterice por el análisis crítico y el entendimiento de los complejos procesos que moldearon la historia.

