El estudio de Luchena Mozo se basa en un
que incentive la protección de los espacios naturales. Este cambio no solo se basa en la compensación de la pérdida de ingresos, sino que busca valorar y recompensar los servicios ecosistémicos que proporcionan, así como el potencial de desarrollo sostenible de los ENPs. El autor argumenta que la simple compensación del valor de la tierra no captura la verdadera magnitud de los beneficios que estos espacios generan para la sociedad, ni las oportunidades que ofrecen para la innovación y el desarrollo económico.
La propuesta central del libro es que, «quien protege, percibe», lo que implica establecer sistemas de incentivos económicos que recompensen a los propietarios y usuarios de la tierra por la provisión de servicios como la regulación del agua, la polinización, la prevención de inundaciones, la provisión de servicios de sombra, la captación de carbono, o la protección contra la erosión. Estos incentivos podrían incluir, por ejemplo,
. En primer lugar, la propuesta de «quien protege, percibe» es idealista y puede resultar difícil de implementar en la práctica, especialmente en contextos donde existen conflictos de intereses entre los diferentes usuarios de los espacios naturales. La definición de «protección» y la valoración de los «servicios ecosistémicos» pueden ser subjetivas y estar sujetas a interpretaciones diferentes, lo que podría generar incertidumbre y disputas. Además, la implementación de sistemas de incentivos económicos requiere una capacidad de gestión y seguimiento considerable, así como una transparencia y rendición de cuentas que garanticen la eficacia de los recursos destinados a la conservación. el éxito de esta propuesta depende de la voluntad política y la colaboración de todos los actores involucrados.
Una de las fortalezas del libro es su enfoque transversal, que combina elementos de la economía ecológica, la sociología ambiental y la ciencia política. El autor no se limita a describir la situación actual, sino que también la interpreta y la construye, ofreciendo una visión crítica de los desafíos y las oportunidades que plantea la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI. Asimismo, el libro destaca la importancia de involucrar a las comunidades locales en la gestión de los ENPs, reconociendo que estas son las que tienen el conocimiento y la experiencia más directa sobre los ecosistemas locales. Esta participación puede contribuir a mejorar la eficacia de las medidas de conservación y a asegurar su sostenibilidad a largo plazo. el libro es una lectura indispensable para todos los que se dedican a la conservación de la biodiversidad y al desarrollo sostenible.
Además, sería interesante que el libro profundizara más en los aspectos financieros de la implementación de este nuevo paradigma. ¿Cómo se financiarían estos sistemas de incentivos? ¿Qué mecanismos de financiación podrían utilizarse, como los impuestos sobre las actividades que dañan el medio ambiente, los fondos de conservación internacionales, o las donaciones de empresas y particulares? También sería relevante explorar los desafíos de la medición y la valoración de los servicios ecosistémicos, especialmente en aquellos ecosistemas donde la biodiversidad es alta y la interacción entre los diferentes componentes del ecosistema es compleja. El libro podría haber beneficiado de un análisis más detallado de las herramientas y técnicas que se pueden utilizar para cuantificar y valorar estos servicios, así como de las consideraciones éticas y políticas que deben tenerse en cuenta al hacerlo.

