El primer volumen, que puede entenderse como la “obrita” más extensa, se centra principalmente en «Mauricio o la víctima del vicio» de Jardiel Poncela. Aguilar disecciona la obra, identificando las intenciones humorísticas de Poncela y explorando la complejidad de su personaje principal, un adicto al whisky y a la mujer. La investigación revela que la película fue objeto de controversia y, por ello, se decidió eliminarla de la cartelera. El autor destaca la
, que buscaba generar expectación en el público. Se analiza la utilización de la prensa, de la radio y de la publicidad gráfica, y cómo se explotaban los rumores y las especulaciones para crear un “efecto de moda” en torno a la película. Aguilar argumenta que, en parte, el fracaso de «Un bigote para dos» se debió a esta sobreexposición mediática, que desvirtuó la esencia de la obra y la convirtió en un producto de consumo inmediato. Se examina el estilo particular de Tono y Mihura, que se caracteriza por un humor descarado y una crítica mordaz de las costumbres de la alta sociedad. Se analiza la relación entre los dos autores, que a menudo se mostraba tensa, y cómo esto se reflejaba en la calidad de sus obras. El libro también incluye un análisis del contexto social y político de la época, y cómo este influyó en la producción cinematográfica.
La investigación de Aguilar se centra en la compleja interacción entre la
. Aguilar se basa en fuentes primarias, como notas de producción, guiones perdidos, y correos electrónicos, para reconstruir el ambiente que rodeó a los tres autores. Esto permite al lector comprender mejor las decisiones que tomaron, las dificultades que enfrentaron, y las razones por las que sus obras no tuvieron el éxito que esperaban. El libro destaca la importancia de la documentación histórica en la investigación cinematográfica, y cómo la recuperación de fuentes perdidas puede revelar nuevos conocimientos sobre la historia del cine.
Además, la obra ofrece una crítica del
, y lo valora en especial la reconstrucción detallada de las estrategias de marketing utilizadas para generar expectación en torno a las películas.
Aguilar no solo presenta un análisis crítico de las obras, sino que también ofrece una narrativa cautivadora sobre los tres autores: Jardiel Poncela, Tono y Mihura. A través de las fuentes que ha recopilado, el autor nos permite conocer sus personalidades, sus motivaciones y sus conflictos. Este aspecto hace que el libro sea mucho más que una simple investigación académica; lo convierte en una lectura entretenida e informativa. La obra es un recordatorio de que el cine, incluso cuando se pierde, deja un rastro significativo, y que la recuperación de ese rastro puede revelar información valiosa sobre la historia del arte y de la cultura. Se recomienda a lectores interesados en la historia del cine español, la crítica cinematográfica y la historia de la publicidad.
El libro, sin embargo, podría ser beneficioso con una mayor presentación de las películas en sí mismas, a través de fragmentos de las películas (si es que existen) o de análisis de la estética de las mismas. Aunque Aguilar hace un análisis profundo del contenido, la falta de material visual dificulta la apreciación del estilo de Poncela, Tono y Mihura. No obstante, “2 Celuloides Rancios” es una obra imprescindible para cualquier persona interesada en la historia del cine español. Se trata de un trabajo de investigación y de recomposición casi museística, que ofrece una visión única y fascinante de un pasado cinematográfico que, a pesar de su desaparición, sigue viva.


