La historia gira en torno a Andrés y Julián, dos amigos que comparten un pasado común en Cochabamba, Bolivia, durante sus años de adolescencia. La novela se estructura a través de dos narrativas entrelazadas: la novela que Julián está escribiendo y el encuentro entre los dos amigos, años después, en Houston. Julián, obsesionado con revivir su pasado, intenta plasmar en una novela la verdad de lo que ocurrió con sus amigos, mientras que Andrés, a través de su presencia, lo confronta y lo ayuda (o quizás lo complica) en su proceso creativo.
La trama se centra en un evento trágico que marcó la vida de ambos: el suicidio de una joven amiga llamada Andrea. Los detalles de este evento, envueltos en misterio y dolor, se revelan gradualmente a medida que los personajes recuerdan y analizan lo sucedido. La novela explora las complejidades de la amistad, la presión social, la influencia de las clases altas y la búsqueda de la libertad. El ambiente de la ciudad, su clima, su gente, se convierte en un personaje más de la historia, contribuyendo a la atmósfera de inquietud y desesperación. El «mapa de las lenguas» que da título a la novela es una alusión a la búsqueda de significado y la utilización del lenguaje como herramienta para comprender la complejidad de la experiencia humana. Hasbun utiliza un lenguaje preciso y evocador, creando imágenes vívidas y personajes memorables.
La historia se desarrolla en un contexto de marcada desigualdad social. El grupo de amigos, provenientes de familias acomodadas, se encuentra aislado de las realidades del mundo exterior, lo que contribuye a su vulnerabilidad y a su incapacidad para afrontar las consecuencias de sus actos. La novela también explora temas como el poder de la mentira, la falsedad y la manipulación, mostrando cómo estas cosas pueden destruir amistades y vidas. A través de diálogos intensos y reveladores, Hasbun crea una atmósfera de tensión y suspense, manteniendo al lector en vilo hasta el final.
La novela se divide en dos partes principales. La primera parte está escrita en primera persona por Julián, que narra su proceso de creación de la novela. Él busca recrear el pasado, pero se encuentra con dificultades para hacerlo de manera justa y precisa. Su narrativa está llena de contradicciones y ambivalencias, reflejando su propia inseguridad y su deseo de ser recordado como un buen amigo. Julián utiliza un estilo directo y sin adornos, lo que contribuye a la sensación de realismo y autenticidad de la historia.
La segunda parte de la novela se centra en el encuentro entre Andrés y Julián en Houston. A medida que pasan las horas, los dos amigos discuten sobre la novela, sobre el pasado y sobre sus vidas. A través de sus conversaciones, se revelan detalles importantes sobre el evento trágico que marcó su adolescencia y sobre la relación entre Andrea, Julián y Andrés. El encuentro entre los dos amigos es un catalizador para la recuperación de la memoria y para la confrontación con el pasado. A medida que se reabren viejas heridas, los personajes se ven obligados a cuestionar sus propias decisiones y a asumir la responsabilidad de sus actos.
A medida que los personajes se acercan a la verdad, se revela que el suicidio de Andrea no fue un acto impulsivo, sino el resultado de una compleja red de circunstancias y de mentiras. Se descubre que Andrea estaba enamorada de Andrés, y que Julián, celoso y manipulador, había estado presionándola para que terminara con él. La novela explora la dinámica de poder entre los personajes y la forma en que esta dinámica puede llevar a consecuencias trágicas. Además, la novela destaca la importancia del silencio y la omisión en la construcción de la memoria colectiva.
Opinión Crítica de Los Años Invisibles (Mapa De Las Lenguas): Una Obra Maestral y Reflexiva
«Los Años Invisibles» es una novela que merece ser leída y releída. Rodrigo Hasbun ha creado una obra maestra que combina de manera magistral el género del relato de ficción con la reflexión filosófica y existencial. La novela es intensa, conmovedora y provocadora, y nos hace reflexionar sobre temas como la amistad, el amor, la memoria, el poder y la responsabilidad. Hasbun demuestra un dominio absoluto del lenguaje y una capacidad excepcional para crear personajes complejos y realistas.
La novela es un ejercicio de estilo impecable. El autor utiliza un lenguaje preciso, evocador y lleno de matices. Las descripciones son vívidas y detalladas, y los diálogos son naturales y creíbles. Hasbun utiliza el lenguaje no solo para contar la historia, sino también para crear una atmósfera de inquietud y suspense, y para transmitir las emociones y los pensamientos de los personajes. “Leer a Rodrigo Hasbun parece un ajuste de sentidos: acostumbrar los ojos a la oscuridad de sus profundidades, deleitarse con los chispazos del lenguaje en ellas; entrenar al oído para respetar murmullos y aplaudir estridencias.” La descripción de María José Navia resalta con exactitud la singularidad del estilo de Hasbun.
La novela es también una reflexión sobre el papel de la memoria en nuestras vidas. Nos hace preguntarnos si recordamos los hechos de manera objetiva, o si nuestro recuerdo está filtrado por nuestras emociones y por nuestras propias necesidades. “Leerlo es como subir a esa «diligencia del abismo» a la que se refería Bernardo Soares, el heterónimo de Pessoa: un viaje al borde del precipicio.” La metáfora de José Andrés Rojo es perfecta para describir la inmersión en la novela. Además, la novela nos invita a cuestionar la naturaleza de la verdad y a reconocer que a veces la verdad es más compleja y dolorosa de lo que podemos imaginar. Por todo ello, la novela ha sido galardonada con elogios de figuras destacadas de la literatura. “Hasbun ha escrito una gran novela, con personajes e historias que deambulan dentro de ella y que no todos los días salen bien librados de la misma. Una novela redonda y entretenida de principio a fin” La opinión de Marcelo Paz Soldán subraya la calidad de la obra.

