La novela se abre con una investigación policial ficticia, aparentemente realizada para esclarecer el misterio del asesinato del obispo Labaka y la religiosa Arango. Sin embargo, rápidamente se revela que la policía está manipulada por intereses corporativos y políticos, quienes buscan ocultar la verdadera naturaleza del crimen. La narrativa se despliega a través de los ojos de «El Perdedor», un personaje enigmático y frustrado, un ejecutivo de una compañía petrolera que ha sido relegado a un puesto marginal después de ser víctima de la “modernización” corporativa. Este personaje, marcado por el fracaso y la desilusión, se ve arrastrado a la selva amazónica, donde su incomprensión del entorno y de las culturas indígenas amplifican su desencanto y lo convierten en un instrumento, sin que él lo sepa, en el desarrollo del horror.
El Perdedor, en su búsqueda desesperada por encontrar un nuevo propósito, se une a una expedición organizada por la compañía petrolera, con el objetivo de “estudiar” la zona donde ocurrieron los asesinatos. Sin embargo, la investigación se convierte en un deslizadero hacia lo profundamente irracional. A través de sus interacciones con los miembros de la expedición – un científico desquiciado, un guía loco, y la hipnotizada representante de la empresa – el lector es expuesto a una red de mentiras, manipulaciones y desesperación que culmina en la conclusión de que los asesinatos fueron el resultado de una fuerza más profunda: la resistencia de los tagaeri contra la expansión de la industria petrolera y la consecuente destrucción de su hábitat. La trama se desarrolla de manera irónica y desconcertante, presentando al lector como un observador impotente en un juego de reflejos en el que los verdaderos actores son los que quieren que permanezca en la ignorancia.
El conflicto central de la novela reside en la fuerza primordial de los tagaeri, una tribu indígena que nunca había entrado en contacto con el mundo exterior. La novela explora su relación con la selva como una entidad viva, una fuera de la que no se permite ser invadida. Sus acciones, interpretadas como un acto de violencia y atrocidad, son en realidad una defensa contra la amenaza existencial que representa la modernidad. La trama se construye en torno a la idea de que la selva no es un paisaje estático, sinoi un ser vivo y activo, que reacciona a la intervención del hombre con una fuerza incontrolable. A través de imágenes oníricas y la narración no lineal, la novela hace hacerse conciencia de la interdependencia entre el hombre y el medio ambiente.
La trama se desarrolla en dos planos narrativos: el relato policial ficticio que investiga el asesinato y la narración principal, centrada en los desencuentros del Perdedor y su inmersión en el horror de la selva. A medida que el Perdedor se adecuaba a la vida selvaje, la línea entre la realidad y la alucinación se desvanecía. Se convirtió en un símbolo de la deshumanización del individuo en un mundo que ya no tiene espacio para los fracasados, un pecado que lo convertía en objetivo de la fuerza de la selva. La narración está llena de simbolismos y metáforas, donde la selva representa tanto el lugar de la desesperación como el de la salvación.
La investigación policial, a pesar de su aparente seriedad, se convierte en un acto de manipulación que sirve para ocultar la verdad y para desviar la atención del público de la real causa del asesinato. A través de esta narración secundaria, el autor pone en marcha la sátira y la denuncia de la corrupción política y empresarial. La obtención de información de la verdad, sin embargo, está marcada por la dificultad, la desconfianza y el peligro, reflejando la fragilidad de los intentos de confrontación con lo incomprensible.
La descripción de la selva es de una intensidad simbólica y una realidad asfixiante. Picazo utiliza un lenguaje vívido y sensorial para transmitir la atmósfera de un entorno hostil y desorientador. La narración se caracteriza por su estilo fragmentado, que refleja el estado psicológico del Perdedo y su dificultad para adaptarse a su nuevo entorno. Además, el autor emplea elementos del misterio y la ciencia ficticia, como la «fisiología del horror, » para crear una experiencia narrativa que es al mismo tiempo intensa y perturbadora.
Opinión Crítica de El Crimen Tropical Del Señor Obispo: Un Arte de la Desorientación
«El Crimen Tropical Del Señor Obispo» es una novela extraordinariamente compleja y desafiante, que requiere de el lector una actitud abierta y una preparación para sumergirse en un mundo de desorientación y ambigüedad. Antonio Picazo ha creado una obra que transciende el género del thriller policial, presentando una reflexión profunda sobre la condición humana, la relación entre el hombre y la naturaleza, y el poder de la memoria y el olvido. La narrativa está saliendo de lo ordinario, por su capacidad para invitar al lector a participar en la construcción del significado.
A pesar de su dificultad y de su estilo experimental, la novela es una obra de arte totalmente absorbida. El autor se muestra capaz de crear paisajes mentales y sensaciones que permanecen en la memoria del lector incluso después de haber terminado de leerla. La utilización de metáforas y simbolismos es intensa, permitiendo muchas interpretaciones y abriendo la novela a un análisis filosófico y psicológico. Se considera una obra con mucha profundidad, que da muchas oportunidades para reflexion.
En conclusión, «El Crimen Tropical Del Señor Obispo» es una novela que se recomienda a aquellos lectores que buscan una experiencia literaria profunda y desafiante. Sin embargo, es importante tener en mira que no es una lectura fácil, y que requiere de tiempo y concentración. Esta no es una lectura de entretenimiento, sino una obra que invita a la reflexión y a la interpretación. Considero que es una obra importante en el canon de la literatura contemporánea de España, y que merece ser leída y revisitada.

