Este libro, “Vivir” de María González Reyes, publicado por Milenio, es mucho más que una simple narración; es una invitación a una profunda reflexión sobre nuestra existencia, nuestro lugar en el mundo y la interconexión inherente a toda vida. A través de una prosa poética y accesible, la autora nos plantea preguntas esenciales sobre la ética, la responsabilidad y la necesidad de redescubrir un sentido de pertenencia más allá de lo individual. “Vivir” nos recuerda que la vida, en su esencia, es una danza sutil, una compleja red de relaciones que nos conecta a todos los seres vivos. El libro invita al lector a mirar el mundo con nuevos ojos, a escuchar el lenguaje silencioso de la naturaleza y a asumir una postura de cuidado y respeto hacia el planeta.
La obra se presenta como un diálogo entre la autora y una campesina, personajes que encarnan la sabiduría ancestral y una conexión profunda con la tierra. Este encuentro es el catalizador para la reflexión que impulsa el libro, ofreciendo una perspectiva que va más allá del progreso material y nos abre a una comprensión de la vida como un regalo precioso y frágil, que debemos proteger y preservar. A través de imágenes vívidas y metáforas impactantes, María González Reyes nos invita a abrazar la complejidad de la vida y a valorar la belleza del simple acto de “vivir”.
“Vivir” se construye sobre una estructura narrativa circular, similar a un sueño, donde la voz de la campesina, llamada Elena, se entrelaza con la narración de María González Reyes. Elena, una mujer curtida por el sol y el trabajo en el campo, posee un conocimiento profundo de la naturaleza y una sabiduría que se transmite a través de historias y proverbios. La esencia del libro gira en torno a su observación de la interconexión de todas las cosas y su mensaje central: que somos parte de una vasta red, mucho más allá de nuestra comprensión racional. El libro explora la idea de que la vida, en su forma más pura, es un flujo constante de energía, una danza de ciclos y transformaciones que se repiten a través de las generaciones.
La narración se desarrolla a través de fragmentos de conversaciones entre la autora y Elena, intercalados con reflexiones personales de la autora sobre temas como el impacto de la humanidad en el planeta, la importancia de la memoria y el legado que dejamos a las futuras generaciones. A través de la figura de Elena, la autora explora conceptos como la agricultura regenerativa, la importancia del respeto por los ciclos naturales y la necesidad de adoptar un estilo de vida más simple y consciente. El libro no ofrece respuestas fáciles, sino que plantea preguntas que invitan a la introspección y al cambio personal. Una de las frases más resonantes del libro, pronunciada por Elena, resume la esencia de la obra: «Los pájaros, los saltamontes, tú y yo formamos zona de la misma red. Esa yellow parece la vida ?”dijo la campesina. Esta “yellow” no es solo un color, sino el símbolo de la vitalidad, la energía, la esperanza y la conexión que une a todos los seres vivos.
El libro no se limita a la narrativa, sino que incorpora elementos poéticos, reflexiones filosóficas y consejos prácticos para una vida más sostenible. Explora temas como la importancia del silencio, la conexión con la naturaleza, la gratitud y la capacidad de amar. Además, nos invita a reflexionar sobre nuestro propósito en la vida y a asumir nuestra responsabilidad como parte de un ecosistema global. «Vivir» nos recuerda que nuestro bienestar individual está intrínsecamente ligado al bienestar del planeta.
La historia principal, narrada a través de los diálogos entre María y Elena, se centra en la necesidad de cambiar nuestra perspectiva sobre el tiempo y el consumo. Elena le explica a María que el tiempo no es una línea recta, sino un círculo, y que la forma en que dedicamos nuestro tiempo tiene un impacto directo en el futuro de la vida. La campesina enfatiza que el futuro de muchas especies, incluyendo la nuestra, depende de a qué verbos le dediquemos nuestro tiempo: “Destruir o cooperar. Contaminar o cuidar. Acaparar o repartir. Gozar. Amar. Reír…” Esta elección, según Elena, define no solo nuestra propia vida, sino también el futuro de todo el planeta. Este concepto de “verbos” es una metáfora poderosa que nos invita a reflexionar sobre cómo estamos utilizando nuestro tiempo y energía.
A través de estas conversaciones, María se da cuenta de que ha estado viviendo una vida basada en el consumo y la acumulación, ajena a la verdadera esencia de la vida. Elena la guía hacia una nueva forma de vivir, basada en la sencillez, la conexión con la naturaleza y la valoración del presente. El libro también explora el concepto de “memoria”, no solo como recordatorio del pasado, sino como un legado que transmitimos a las futuras generaciones. Elena nos recuerda que somos el resultado de la memoria de nuestros antepasados y que tenemos la responsabilidad de honrar su sabiduría. Además, la obra subraya la importancia del “gozar”, del placer simple, de la alegría de vivir que se encuentra en las pequeñas cosas.
El libro no presenta un maniqueísmo, sino que reconoce la complejidad de la situación. Reconoce que la destrucción es una realidad, pero también ofrece esperanza a través de la posibilidad de la cooperación y el cuidado. La obra es un llamado a la acción, pero un llamado que se basa en la reflexión, la empatía y el respeto. “Vivir” es, en definitiva, un libro que nos invita a convertirnos en guardianes de la vida, a asumir nuestra responsabilidad como parte de un ecosistema global y a vivir con un sentido de propósito y conexión.
Opinión Crítica de Vivir
“Vivir” es una obra profundamente conmovedora que nos invita a un viaje interior. María González Reyes ha logrado crear un libro que es a la vez poético y práctico, que nos conecta con la naturaleza y nos impulsa a cuestionar nuestras prioridades. La fuerza del libro reside en la sencillez de su mensaje y en la humanidad de sus personajes. La figura de Elena, la campesina sabia, es un icono de la sabiduría ancestral, una guía para aquellos que buscan encontrar un sentido de pertenencia en un mundo cada vez más desconectado de la naturaleza.
Sin embargo, el libro no está exento de algunas debilidades. La estructura narrativa, aunque efectiva para transmitir el mensaje central, a veces se siente un poco repetitiva. Las conversaciones entre María y Elena, si bien son conmovedoras, pueden resultar un poco largas y, en algunos momentos, perder un poco de fuerza. Además, algunos lectores podrían encontrar el tono del libro un poco idealista, ajeno a la complejidad y las dificultades que existen en el mundo real. No obstante, estas debilidades no empañan la belleza y la profundidad del libro.
A pesar de estos aspectos, “Vivir” es una lectura esencial para aquellos que buscan un cambio de perspectiva. El libro nos recuerda que la felicidad no se encuentra en la acumulación de bienes materiales, sino en la conexión con la naturaleza, en el amor y la amistad, y en la capacidad de apreciar la belleza del momento presente. Es un libro que invita a la acción, pero un llamado que se basa en la reflexión, la empatía y el respeto. Se recomienda especialmente a aquellos que se sienten desorientados o desconectados de su propósito, a quienes buscan un refugio de paz y armonía.

