La vida de Francisco Pizarro es, esencialmente, una historia de contrastes. Nació en Trujillo, en 1471, hijo ilegítimo de Gonzalo Pizarro, un hidalgo de buena familia, y una mujer común, lo que le impidió tener acceso a las oportunidades que ofrecía la nobleza. Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la ardua tarea de cuidar de cerdos, una actividad considerada degradante para un hombre de su estirpe. Este primer contacto con la rudeza del trabajo manual, la disciplina y el contacto con la naturaleza, prefiguraba quizás la dureza de las campañas militares que lo acompañarían más adelante.
A los 18 años, Pizarro abandona Trujillo y se marcha a Italia, donde se alista en los Tercios de España, las unidades militares más importantes de la época. Aquí, bajo la instrucción de militares experimentados, adquirió las habilidades y el entrenamiento necesarios para convertirse en un soldado profesional. Su servicio en Italia, que duró aproximadamente diez años, lo expuso a la organización militar, las tácticas de combate, y las costumbres de una sociedad guerrera. Este periodo no solo le proporcionó las herramientas para llevar a cabo su futura empresa, sino que también forjó su carácter, marcándolo con la disciplina y la determinación que caracterizaron su vida. Es importante notar que el servicio en los Tercios le permitió acumular una riqueza considerable, capital que luego emplearía en la financiación de su viaje a América.
El punto de inflexión en la vida de Pizarro llegó con la convocatoria del rey Carlos I de España para participar en la guerra contra el Imperio Otomano, que controlaba el estrecho de Gibraltar. Pizarro, con sus habilidades y su experiencia, fue elegido para liderar una expedición que debía atacar el castillo de Algeciras, un objetivo estratégico crucial. Sin embargo, la expedición fracasó, y Pizarro, aunque no fue castigado, se vio afectado por la desilusión y la pérdida de recursos. Fue en este momento, según algunos historiadores, cuando comenzó a visualizar su ambición de conquistar tierras en el Nuevo Mundo. La semilla de la idea de una nueva aventura, de un nuevo imperio, ya estaba plantada.
Finalmente, tras más fracasos y la pérdida de aún más fondos, Pizarro decide emprender su viaje a América, aunque no sin la ayuda financiera de amigos y conocidos, incluyendo a Juan de Zenón, que se encargaría de la financiación inicial de la expedición. Su llegada a Panamá en 1524 marca el comienzo de una de las más grandes hazañas militares de la historia. La audacia de su plan, la valentía de sus hombres, y la capacidad de adaptarse a las circunstancias, le permitirían, finalmente, lograr su objetivo: la conquista del Imperio Inca.
La llegada de Pizarro a Panamá coincide con un momento de gran inestabilidad política en el Imperio Inca. El joven huaymarca Atahualpa, recién ascendido al trono tras la muerte de su padre, Huayna Capac, estaba luchando por el control del imperio, y las tensiones entre los dos hermanos, Atahualpa y Huáscar, estaban al borde de la guerra civil. Este caos político fue aprovechado por Pizarro, quien, con un grupo de alrededor de 168 hombres, logró establecerse en el fuerte de Santo Tomás, en el río Chagres, cerca de la actual Ciudad de Panamá.
Desde su base, Pizarro envió un barco, el Cuatro Reyes, para explorar el río Chagres y buscar el oro. Este viaje, aunque inicialmente una exploración, se convirtió en la base de la futura conquista. Encontraron una gran cantidad de oro, y este descubrimiento, más que el oro en sí, fue el detonante que llevó a Pizarro a dar el siguiente paso: la búsqueda de las fuentes de oro del imperio Inca. Con el oro que encontró y que vendió, Pizarro logró financiar su campaña hacia el interior de América del Sur, y su ambicioso proyecto estaba en marcha.
El viaje de Pizarro hacia el interior de América del Sur fue arduo y peligroso. Su grupo, compuesto por soldados, exploradores, y asesinos, se adentró en territorio Inca, encontrando resistencia y dificultades en cada paso. Sin embargo, Pizarro, con su inteligencia y su astucia, logró establecer alianzas con tribus locales descontentas con el poder de los incas, y utilizó estas alianzas para avanzar hacia el sur. Su liderazgo, aunque a veces autoritario y despiadado, fue crucial para mantener la moral de sus hombres y para superar los obstáculos que se les presentaban.
El punto culminante de la campaña de Pizarro fue el encuentro con Atahualpa en Cajamarca en 1532. Pizarro, aprovechando la desconfianza de Atahualpa hacia los españoles, organizó un ataque sorpresa contra el ejército Inca, capturando al inca prisionero. Este evento, que marcó un punto de inflexión en la historia de América, fue el resultado de una combinación de factores: la superioridad militar de los españoles, la desorganización del ejército Inca, y la desconfianza de Atahualpa. La toma de Atahualpa, que se llevó a cabo bajo pretextos religiosos, le permitió a Pizarro ejercer su poderio sobre el Imperio Inca, y establecer la base para la conquista del imperio.
Opinión Crítica de Francisco Pizarro: Unas y Otras
Francisco Pizarro es una figura compleja y, sin duda, una de las más controvertidas de la historia. Es innegable subrillo papel en el choque de culturas y en la expansión del imperio español. Sin embargo, su figura también está manchada por la violencia, la traición, y el genocidio. El libro de José Luis Olaizola ofrece un análisis equilibrado, presentando tanto los logros militares de Pizarro como las consecuencias devastadoras de su conquista. Es fundamental entender la complejidad de esta figura y evitar simplificaciones que lo conviertan en un héroe o un villano absoluto.
Si bien Pizarro demostró una habilidad militar excepcional y lideró una empresa que, en términos logísticos, era prácticamente imposible, no podemos ignorar el impacto desastroso de su conquista para la civilización Inca. El genocidio, la destrucción de ciudades, la esclavitud, y la desestructuración de la sociedad Inca, fueron consecuencias directas de la intervención española. La historia no se juzga por el resultado final, sino por los medios utilizados para alcanzarlo. La brutalidad con la que Pizarro y sus hombres procedieron, con el uso de la violencia y la manipulación, es un elemento clave a tener en cuenta al evaluar su legado.
la obra de Olaizola nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del poder, la ambición, y la responsabilidad. Pizarro, un hidalgo de Trujillo que se convirtió en conquistador, es un símbolo de la capacidad humana para la grandeza y la destrucción. Al estudiar su vida y su legado, podemos aprender importantes lecciones sobre la historia, la cultura, y la condición humana. Recomendamos este libro a aquellos que deseen comprender mejor la conquista del Imperio Inca y, en última instancia, la historia de América. Es una lectura imprescindible para todo aquel que busque una perspectiva más profunda y matizada sobre este crucial momento en la historia mundial.

