Bernardo de Gálvez, nacido en Güemes, Coruña, en 1746, fue un personaje extraordinariamente versátil en la compleja red de intrigas y alianzas del siglo XVIII. Antes de ser nombrado virrey de Nueva España en 1776, Gálvez ya había tenido una carrera política y militar notable en España, participando en diversas campañas contra los franceses y demostrando una habilidad estratégica y una capacidad de liderazgo que lo catapultaron rápidamente a puestos de responsabilidad. Su nombramiento como virrey, un cargo que requería una profunda comprensión de las complejas realidades de la colonia, se produjo en un momento crucial: cuando Francia, aliada de los colonos americanos en su lucha por la independencia, se enfrentaba a Gran Bretaña en una guerra por su supremacía. Gálvez se convirtió, por lo tanto, en el principal intermediario entre el imperio español y las colonias, y con ello, en la pieza clave para la supervivencia del imperio español.
La llegada de Gálvez a Nueva España no fue una simple sucesión. Fue un acto deliberado por la corona española para contener la creciente influencia francesa en América y para evitar que España fuera completamente desplazada por Gran Bretaña. Pero Gálvez no sólo fue un instrumento de la corona; también se mostró una figura pragmática y perspicaz, comprendiendo que la mejor manera de proteger los intereses de España era apoyando, de forma encubierta, a los colonos americanos en su lucha por la independencia. Esto implicó, sobre todo, la donación de armas y suministros a las fuerzas rebeldes, una acción que, aunque inicialmente tratada como una transgresión a los protocolos diplomáticos, se convirtió en un factor determinante en el curso de la guerra. Su fama preexistente, y su conocida habilidad, contribuyeron a la rapidez de su ascenso y a la aceptación de sus acciones.
La actuación de Gálvez en Nueva España no se limitó a proporcionar armas y suministros a los rebeldes. Mostró una sorprendente comprensión de las estrategias militares y políticas de los colonos, y sus consejos, aunque a veces contraintuitivos, fueron cruciales para el éxito de las primeras campañas militares. En 1779, impulsado por su conocimiento de la situación naval, Gálvez envió una flota, con el almirante Juan Martín de Guirior a la cabeza, que resultó ser decisiva en la captura de Pensacola, un importante puerto británico en la costa del Golfo de México. Esta victoria, quebó las líneas de suministro británicas, y facilitó el avance de las fuerzas estadounidenses hacia el interior.
Sus campañas en el río Misisipi y en Cellphone, además de la captura de Pensacola, fueron igualmente importantes. Impidió a los británicos reagrupar sus fuerzas terrestres y navales, y se preparasen para lanzar un ataque coordinado contra las tropas del básico Arizona, lo que habría cambiado radicalmente el curso de la guerra. Gálvez demostró no solo capacidad militar, sino también una notable adaptabilidad, aprendiendo de la guerra y empleando tácticas innovadoras. Además, logró mantener un equilibrio delicado entre su deber de lealtad al rey y su apoyo a la independencia de las colonias, que, en la época, no siempre fueron fáciles de reconciliar.
La figura de Bernardo de Gálvez, virrey de Nueva España, se encuentra, a menudo, en el margen de la historia de la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Sin embargo, este libro de Gonzalo M. Quintero Saravia nos revela la importancia de su papel, y de su conocimiento de la situación en América, que fue instrumental para el éxito de las primeras etapas del conflicto. Gálvez no fue un aliado formal de los colonos, pero su apoyo, encubierto y a veces controvertido, fue fundamental para que estos pudieran resistir a la superioridad militar británica.
La gestión de Gálvez en Nueva España fue un equilibrio constante entre mantener la lealtad al rey, la administración colonial, y la compleja interacción con los colonos americanos. La donación de armas y suministros a los rebeldes, así como su apoyo a las primeras ofensivas militares, no fueron acciones que haya tomado por amor a la independencia, sino que surgieron de una cuidadosa consideración estratégica y de un análisis de los riesgos y oportunidades. Su entendimiento del impacto de la guerra en la estabilidad del imperio español lo llevó a un posicionamiento que, finalmente, ayudó a ambos lados.
Opinión Crítica de Bernardo De Gálvez
El libro de Quintero Saravia es una labor de investigación exhaustiva y un servicio a la historiografía. El autor demuestra un profundo conocimiento de los archivos españoles, mexicanos y estadounidenses, y ofrece una visión completa y matizada de la figura de Bernardo de Gálvez. Sin embargo, el libro no está exento de ciertas limitaciones. El enfoque, aunque detallado, a veces puede resultar un poco pesado para el lector no especializado, y la abundancia de detalles históricos puede dificultar la comprensión general del argumento. No obstante, la claridad y precisión de la información presentada compensan estas posibles deficiencias.
El libro se beneficia enormemente de la habilidad narrativa de Quintero Saravia, que logra mantener el interés del lector a lo largo de la extensa obra. Además, el autor no se limita a reproducir los hechos históricos; más bien, los interpreta desde una perspectiva moderna, analizando las motivaciones de los personajes y evaluando el impacto de sus acciones en la historia de América. Se observa, por ejemplo, una gran atención a la influencia de la Ilustración en el pensamiento de Gálvez, y su relación con los ideales de libertad e igualdad que inspiraron la Revolución Americana. Esta dimensión intelectual y política añade un valor considerable a la obra.
Recomendación: Se recomienda el libro a estudiantes de historia, a aficionados a la Guerra de Independencia de Estados Unidos y a cualquier persona interesada en la historia de América y el Imperio Español. Se trata de una obra fundamental para comprender el papel de España en la formación de las naciones norteamericanas, y para apreciar la complejidad de las relaciones internacionales en el siglo XVIII. Con una lectura atenta, el lector podrá descubrir una figura histórica tan importante y, a la vez, tan olvidada.

