La novela se centra en Michka Seld, una mujer que, a sus ochenta años, se enfrenta a la inminente llegada de la muerte. A través de sus recuerdos y reflexiones, la historia se desarrolla en dos líneas narrativas entrelazadas: la de Marie, su hija, y la de Jérôme, un logopeda que trabaja en el geriátrico donde Michka reside. Marie, atormentada por la consciencia de las deudas que siente con su madre, se cuestiona constantemente si fue suficientemente agradecida durante toda su vida, expresando reflexiones como «Hoy ha muerto una anciana a la que yo quería. A menudo pensaba: ‘Le debo tanto.“ O: ‘Sin ella, probablemente ya no estaría aquí.“ Pensaba: ‘Es tan fundamental para mí.“ Estas palabras revelan la carga emocional que ha llevado consigo, el deseo de reparación y el reconocimiento de la profunda influencia que Michka ha tenido en su vida.
Jérôme, el logopeda, ofrece una perspectiva más clínica y, a la vez, profundamente humana. Su trabajo en el geriátrico le permite acercarse a la realidad de las personas mayores, escuchar sus historias, sus miedos, sus secretos. A través de su oficio, comprende la importancia del silencio, del recuerdo, de las palabras no dichas. «Trabajo con lo que no se dice. Con la vergüenza, con los secretos, con los remordimientos. Trabajo con la ausencia, con los recuerdos que ya no están y con los que resurgen tras un nombre, una imagen, un perfume. Trabajo con el dolor de ayer y con el de hoy. Con las confidencias.Y con el miedo a morir. Forma parte de mi oficio.» Su relación con Michka se convierte en un punto de encuentro, un lugar donde se comparten recuerdos, preocupaciones y el enfoque inevitable de la muerte.
La narrativa se desarrolla en un espacio íntimo, construido sobre la memoria, la herencia y la conexión familiar. A medida que avanza la historia, se desvelan fragmentos del pasado de Michka, revelando su juventud, sus amores, sus errores. Se exploran las complejidades de las relaciones familiares, los conflictos y los silencios, y se refleja la naturaleza efímera de la vida. La novela no se centra únicamente en el dolor de la muerte, sino que también celebra la belleza de los recuerdos y la importancia de la aceptación.
El hilo conductor de la novela es el deseo de Marie de dar sentido a la vida de su madre, de reparar las deudas que siente con ella, y de reconocer el impacto que Michka ha tenido en su vida. A través de reflexiones y diálogos, se explora la naturaleza de la gratitud, sufragada por los recuerdos y los miedos a la muerte. La narración se alimenta de los momentos cotidianos del geriátrico, los pequeños detalles que construyen la vida de Michka y de los otros residentes.
Jérôme, el logopeda, proporciona una perspectiva objetiva y profundamente emocional sobre la situación. Su trabajo le permite observar la desaparición de la memoria, la fragilidad del cuerpo y el afrontamiento del miedo a morir. A través de sus conversaciones con Michka, Jérôme comprende la necesidad de escuchar, de aceptar el silencio y de reconocer la belleza de los recuerdos. «Trabajo con lo que no se dice. Con la vergüenza, con los secretos, con los remordimientos. Trabajo con la ausencia, con los recuerdos que ya no están y con los que resurgen tras un nombre, una imagen, un perfume. Trabajo con el dolor de ayer y con el de hoy. Con las confidencias.Y con el miedo a morir. Forma parte de mi oficio.» La relación entre ambos personajes crea un espacio de confianza y comprensión, permitiendo a ambos reconectar con sus propios sentimientos y afrontar la realidad de la mortalidad.
A medida que la novela avanza, se revela la historia de Michka, mostrando su juventud marcada por un amor no correspondido, sus desilusiones y sus intentos de encontrar su lugar en el mundo. Se exploran las complejidades de su relación con su padre, un hombre rígido y autoritario, y la influencia que su relación con este personaje ha tenido en su vida. Se analizan las consecuencias de sus errores y los miedos que ha llevado dentro, mostrando la necesidad de perdón tanto hacia sí misma como hacia aquellos que la han herido. La obra no solo se centra en la mortalidad, sino que también celebra la belleza de las relaciones humanas, el valor del recuerdo y la importancia de vivir el presente con gratitud.
Opinión Crítica de Las Gratitudes
«Las Gratitudes» de Delphine de Vigan es una novela profundamente conmovedora y reflexiva, que nos invita a reconsiderar nuestra relación con el tiempo, con el recuerdo y con la gratitud. La escritura de De Vigan es delicada y evocadora, y su capacidad para crear atmósferas intensas y para describir emociones con precisión es verdaderamente admirables. La novela se desarrolla con una ritmo lento y contemplativo, permitiendo al lector sumergirse en los pensamientos y emociones de los personajes. Se consuela una narrativa que cuestiona, que nos fomenta a reflexionar sobre nuestra vida, sobre los errores que hemos cometido, sobre la importancia de dar gratitud a aquellos que nos han ayudado. Recomendable para quienes buscan una lectura que invite a la introspección y a la reflexión sobre el legado que dejamos.
La novela se alza por encima del género del drama familiar, convirtiéndose en un testimonio sobre la naturaleza humana. De Vigan ha logrado crear personajes comprensivos y complejos, que nos parecen habituales, y con los que podemos identificarnos. La historia de Michka Seld, aunque desgarradora, es también una celebración de la vida, del recuerdo y de la capacidad de superar las adversidades. La novela es un poema sobre el tiempo, sobre el pasado que forma nuestro presente y nuestro futuro, y sobre la importancia de valorar las relaciones que nos rodean. Se nota la profunda investigación y la sensibilidad de la autora, lo que hace de «Las Gratitudes» una obra literaria de gran valor. Es un libro para leer y releer, para disfrutarlo en un momento de calma y para compartirlo con aquellos que amamos.

