El libro se centra en la investigación de un agente de la antigua KGB, llamado Dimitri Volkov, un personaje que, según Vallés, sigue siendo relevante en la era digital. Volkov, tras su jubilación, continúa operando con un propósito claro: asegurar el “continuo” liderazgo de Rusia en el mundo. La narrativa se construye a través de la recopilación de casos de muertes de figuras rusas por todo el mundo, incluyendo a la muerte de un diplomático ruso en Kiev, un empresario ruso en Londres, un analista de inteligencia ruso en Berlín y un ex agente del FSB en las Islas Baleares.
Vallés argumenta que estas muertes no son coincidencias, sino el resultado de una estrategia cuidadosamente planeada. La clave para entender este “rastro” está en la figura de Volkov, quien actúa como intermediario y, en ocasiones, como ejecutor directo. A través de sus contactos y redes, que se extienden por todo el planeta, Volkov garantiza que las decisiones estratégicas de Rusia se implementen, incluso cuando se hace de forma encubierta. El libro detalla cómo se utilizan las técnicas de espionaje clásico (interceptación de comunicaciones, infiltración, falsificación de identidades) combinadas con las nuevas tecnologías (internet, redes sociales, ciberataques) para lograr este objetivo. La investigación de Vallés se basa en entrevistas con fuentes cercanas a los servicios de inteligencia, documentos desclasificados y, sobre todo, en su propia habilidad para conectar los puntos y reconstruir los hechos.
La estructura narrativa es deliberadamente fragmentada y llena de suspense. El lector es bombardeado con información, teorías y pistas, pero también con contradicciones y debilidades de las fuentes. Esta estrategia busca reflejar la naturaleza de la espionaje y la desinformación, donde la verdad suele ser manipulada y la percepción es tan importante como el hecho en sí. Vallés no solo presenta los hechos, sino que también disecciona las motivaciones de los actores involucrados y las posibles consecuencias de sus acciones. Se hace especial hincapié en la idea de que estas muertes no son actos aislados, sino parte de una estrategia más amplia para desestabilizar a Occidente y proteger los intereses de Rusia. La muerte de cada figura, no solo representa un golpe a la figura rusa en cuestión, sino también un mensaje para Occidente, un recordatorio de que Rusia sigue siendo una potencia que no se rinde.
El libro argumenta que la influencia de Rusia, bajo el liderazgo de Putin, se basa en la capacidad de sembrar la desconfianza y la duda en las sociedades occidentales. No se trata de una guerra convencional, sino de una guerra de información, donde el objetivo es socavar la legitimidad de las instituciones democráticas y crear crisis políticas que permitan a Rusia intervenir y moldear los acontecimientos. La idea central de Vallés es que Putin ha logrado crear un “ecosistema” de manipulación y desinformación que opera a nivel global, utilizando la tecnología para amplificar sus mensajes y desacreditar a sus oponentes.
Uno de los argumentos más contundentes del libro es que la injerencia rusa en las elecciones occidentales no es un simple caso de “hackeo” o “campañas de desinformación”. Vallés cree que Rusia ha utilizado las redes sociales y los medios de comunicación para crear campañas específicas, dirigidas a sectores de la población, con el objetivo de polarizar la opinión pública y fomentar el voto indebido. Aunque no presenta pruebas irrefutables de un control total, argumenta que la Rusia de Putin ha logrado influir en las decisiones de los votantes, y que esto ha tenido consecuencias en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en Francia y en otros países europeos. La teoría de Vallés es que Trump fue, en parte, un producto de esta estrategia, un candidato que explotó el descontento social y la desconfianza en las instituciones para ganar las elecciones.
El libro también analiza la figura de las «mafias» que se han instalado en la costa española, especialmente en la Costa Brava. Vallés sugiere que estas figuras, que se dedican al blanqueo de capitales y a otras actividades ilícitas, son una «correa de transmisión» del Kremlin, un canal que permite a Rusia financiar sus operaciones y proteger a sus agentes. Estas figuras, a menudo con conexiones en el mundo del hampa y del narcotráfico, se han convertido en un lugar de encuentro para los agentes rusos y han facilitado la difusión de la propaganda rusa.
La obra también aborda el tema de las «guerras cibernéticas» y el papel de internet como campo de batalla. Vallés sostiene que las guerras ya no se ganan en los campos de batalla, sino más bien en internet y en las redes sociales. Rusia, a través de sus hackers y ciberoperaciones, ha estado interceptando comunicaciones, robando información y difundiendo desinformación, con el objetivo de desestabilizar a Occidente y debilitar su capacidad de respuesta. El libro expone cómo las técnicas de espionaje clásico se han fusionado con las nuevas tecnologías para crear una amenaza global.
Opinión Crítica de El Rastro De Los Rusos Muertos: Unentusiasmado Desafío
“El Rastro De Los Rusos Muertos” es una lectura impactante y provocadora, aunque no está exenta de controversias. La prosa de Vicente Vallés es clara y directa, y su habilidad para conectar los puntos y presentar una narrativa coherente es admirable. El libro plantea preguntas fundamentales sobre el poder, la influencia y la vulnerabilidad de las democracias en la era digital. La forma en que Vallés presenta el caso es, sin duda, un desafío para el lector, que debe cuestionar sus propias creencias y evaluar la evidencia de forma crítica.
No obstante, es importante abordar el libro con un espíritu de escepticismo. Aunque la investigación de Vallés es exhaustiva y bien documentada, no todas las afirmaciones están respaldadas por pruebas irrefutables. La teoría de la influencia rusa en las elecciones occidentales es, como mínimo, altamente especulativa, y ha sido objeto de debate y controversia. Es posible que la obra de Vallés sea un producto de su propia visión del mundo, y que esté exenta de sesgos. Es importante recordar que la desinformación puede ser un arma poderosa, y que la posibilidad de que la verdad haya sido distorsionada es siempre una amenaza.
A pesar de estas reservas, “El Rastro De Los Rusos Muertos” es un libro que merece ser leído y debatido. La obra de Vallés sirve como un recordatorio de la necesidad de mantener la vigilancia y el escepticismo frente a las potencias extranjeras, y de la importancia de defender las instituciones democráticas y la libertad de expresión. El libro nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la verdad, la desinformación y la influencia en la opinión pública.
: Un Regalo para la Reflexión
“El Rastro De Los Rusos Muertos” es un libro que nos hace reflexionar sobre la complejidad de las relaciones internacionales y la amenaza que representan las potencias extranjeras. Aunque no ofrece respuestas definitivas, la obra de Vicente Vallés estimula el debate y nos invita a cuestionar el statu quo. Es un libro que, sin duda, nos dejará con la inquietante sensación de que, quizás, no sabemos tanto de lo que realmente ocurre en el mundo. En una época en la que la desinformación se propaga a una velocidad vertiginosa, la obra de Vallés es, en última instancia, una llamada de atención. Es un libro que vale la pena leer, discutir y, sobre todo, evaluar críticamente.

