Losurdo comienza su análisis examinando las figuras clave del marxismo occidental, argumentando que, desde sus inicios, se caracterizó por un enfoque más sofisticado y sistemático que el del marxismo oriental. Se centra en la obra de pensadores como Karl Marx, Friedrich Engels, Herbert Spencer, Georg Lukács, y especialmente, en la obra de Antonio Gramsci. Argumenta que el «marxismo occidental» no se limitó a una simple adaptación de las ideas de Marx, sino que las desarrolló y las integró con corrientes filosóficas más amplias, como el positivismo, el liberalismo y el idealismo alemán.
Losurdo destaca la importancia del concepto de hegemonía en la obra de Gramsci, relacionándolo directamente con la crítica a la relación entre el Estado y la sociedad civil. En contraste, argumenta que el marxismo oriental, influenciado por la necesidad de construir un Estado proletario desde cero, tendió a sobrevalorar la importancia de la planificación económica centralizada y a minimizar el papel de la autonomía de la sociedad civil. El autor no niega las limitaciones y los excesos del régimen soviético, pero enfatiza que estas dificultades fueron, en parte, una consecuencia de un modelo ideológico que se apartaba del espíritu crítico y dialéctico del marxismo original, tal como lo entendían los pensadores occidentales. La obra de Lukács, por ejemplo, con su análisis de la «falsa conciencia», fue vista como una crítica profunda a la ingenuidad revolucionaria, mientras que el enfoque oriental, según Losurdo, a menudo se basó en una visión más determinista de la historia.
El libro explora la relación entre el marxismo y la crisis del liberalismo en la segunda mitad del siglo XIX. Losurdo sostiene que muchos marxistas occidentales vieron en la crisis del capitalismo una oportunidad para un cambio social radical, sin caer en la misma lógica de “fuerza” que a veces caracterizó al marxismo oriental. El autor argumenta que la preocupación por la democracia y el Estado de Derecho fue un componente central del pensamiento marxista occidental, contrario a la visión del marxismo oriental de un Estado proletario todopoderoso. Además, Losurdo analiza el papel de la teoría del Estado dentro del marxismo occidental, mostrando cómo pensadores como Marx y Engels consideraban la necesidad de transformar el Estado, no de abolirlo por completo.
Losurdo presenta una argumentación que cuestiona la narrativa convencional sobre la división del marxismo, proponiendo que esta división tiene raíces mucho más profundas que las simples prácticas políticas del régimen soviético. El autor se centra en la divergencia teórica que existía desde los inicios del marxismo, con el «marxismo occidental» abrazando un enfoque más sofisticado y pluralista, y el «marxismo oriental» adoptando un enfoque más dogmático y centrado en la construcción del Estado.
El libro no solo examina las diferencias teóricas, sino también las diferencias prácticas. Losurdo argumenta que la preocupación por la democracia y las libertades individuales fue un sello distintivo del marxismo occidental, contrario a la visión del marxismo oriental de un Estado proletario que, en la práctica, a menudo se convirtió en una dictadura. El autor explora la relación entre el marxismo y el liberalismo, argumentando que muchos pensadores occidentales vieron en el liberalismo elementos compatibles con el marxismo, como la idea de la libertad individual y la importancia de los derechos humanos. Esta visión se opone al determinismo histórico presente, según Losurdo, en algunas interpretaciones del marxismo oriental.
Además, Losurdo analiza la relación entre el marxismo y la teoría del Estado, mostrando que, aunque los marxistas occidentales no abogaban por la abolición del Estado, sí proponían su transformación, considerando el Estado como un instrumento de la clase dominante que debía ser neutralizado y transformado para servir a los intereses de la clase trabajadora. La obra de Gramsci, en particular, es central para este argumento, ya que Losurdo considera que el concepto de hegemonía proporciona una herramienta crucial para comprender la relación entre el Estado y la sociedad civil. La crítica de Gramsci a la “falsa conciencia” es vista como una defensa del papel de la razón y la libertad en la transformación social.
El Marxismo Occidental de Domenico Losurdo es una obra fundamental para entender la complejidad del pensamiento marxista. Aunque su perspectiva pueda no ser del gusto de todos los lectores, nos ofrece una valiosa contribución al debate sobre la historia del marxismo y nos obliga a reexaminar las bases de nuestra comprensión del capitalismo, la democracia y la transformación social. El libro se convierte en una herramienta esencial para una lectura crítica y renovada del marxismo, invitando a una reflexión profunda sobre el legado del pensamiento de Marx y sus muchos seguidores.
